Que llueva a gusto de todos
Cristina Ruiz
Fernández
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Dicen que en China van a tirar bombas a las nubes
para hacer que llueva. Para que las gotas de agua
se lleven la arena que está suspendida sobre
el cielo de Pekín. Literalmente, la televisión
oficial china ha explicado que “la Oficina
Central de Meteorología se prepara para ‘bombardear’
las nubes sobre Pekín con yoduro de plata
y otras sustancias para que reaccionen con el vapor,
hagan llover y despejen la ciudad de arena”.
Está claro, haciendo caso de la sabiduría
popular, que nunca llueve a gusto de todos. Donde
hace falta a veces no llega el aguacero, la sequía
asola. Donde no se esperaba, cae torrencialmente
y no provoca fertilidad ni alegría, la inundación
arrasa. Y extendiendo el dicho al resto de las cosas
de la vida, es una gran verdad que casi nunca es
posible tener contento a todo el mundo. Lo que a
unos beneficia a otros perjudica, lo que a unos
parece correcto, para otros es una aberración.
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Lo que para unos es una verdad incuestionable, para otros
puede resultar ridículo… Incluso estas mismas
afirmaciones que yo estoy haciendo ahora, para unos serán
ciertas y para otros sonarán a perogrullada.
Pero así, como la lluvia, caído del cielo,
ha llegado a mis manos el último disco de Domingo
Pérez, que se titula “Cosecha
de Margaritas”. Con el subtítulo “Compartir
la utopía”, las canciones son, en realidad,
cuentos musicalizados del escritor Mariano González
Mangada. El disco es como un librito, en cada
hoja un cuento y, en la cara contraria, la canción
correspondiente. Escritas a mano, sospecho que con la
caligrafía del autor jesuita en un lado y con la
del cantautor en otro. Poético. Sencillo. Significativo.
“La lluvia cariñosa”
es una de las canciones. Es la previsión meteorológica
de un chaparrón que caerá para todos según
sus necesidades. “Regará las macetas
colgadas en nuestros balcones, llenará nuestros
pozos de agua, muy fresca y muy clara”, pero
“si está aún la ropa tendida no
habrá de mojarla, ni tampoco a aquel transeúnte
que olvidó el paraguas”.
Una lluvia pacifista que “lloverá oxidando
toda arma de fuego”, que apagará “el
incendio de toda violencia”, que “lloverá
donde el pobre haya arado sus campos de trigo”,
que “sacará la basura escondida”
y “pintará con sus gotas fraternas un
gran arcoiris”.
Una lluvia con cariño. Un sueño, simplemente.
Que llueva a gusto de todos y no sólo en lo tocante
a precipitaciones meteorológicas, sino en las posibilidades
de ser feliz, de ser libre, de llevar una vida digna como
cada uno y cada una queramos llevarla. Un sueño.
Pero “si sueño que sí, lloverá
la vida, si sueño contigo habrá un mundo
nuevo”. Algunos me dicen que ‘todavía’
soy una idealista, pero quiero creer que es posible hacer
esa lluvia cariñosa, y no con bombardeos como en
China, sino con trabajo, historias, sonrisas y esperanza. |