La sed global
Amilkar D. Acosta (Alai América Latina)
"Produce inmensa tristeza ver que la naturaleza
habla
mientras el género humano no escucha"
Víctor Hugo
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El 22 de marzo entra la primavera, así
empieza una de las piezas maestras de uno de los
juglares del vallenato, Leandro Díaz y precisamente
por ello mismo la comunidad internacional celebra
en esa misma fecha el día del agua, como
principio de la vida que es, imprescindible para
la subsistencia de todas las especies vivientes
sobre la tierra. Allí donde hay agua hay
vida, ello explica los denodados esfuerzos de los
científicos por comprobar que en otros astros
hay agua, por que de allí se seguiría
como corolario su existencia, así sea en
estado embrionario. Thales de Mileto afirmó
que "Todo es agua" y no exageró;
empezando por que el mismo ser humano, el agua es
el principal e imprescindible componente de su cuerpo,
el cual está integrado por un 75% de agua
al momento de nacer y cerca |
del 60% en la edad adulta. La superficie terráquea
asemeja un archipiélago, circundado por doquier
por los océanos, los ríos y sus afluentes,
así como de complejos lagunares. El volumen total
del agua de la tierra es de 1.300 millones de kilómetros
cúbicos; este compuesto químico (H2O) cubre
casi las ¾ partes del globo.
El 97.52% del agua existente es salobre y de escasa utilidad
para el consumo humano - "el mar es una isla de agua
rodeada de tierra por todas partes", únicamente
el 2.5% del agua del planeta es dulce y menos del 50%
de esta es apta para el consumo humano, 1.76%, aproximadamente,
se encuentra en los casquetes polares y en las profundidades
de la tierra; el 0.4% se encuentra en los ríos,
lagos, depósitos naturales, ciénagas, en
la atmósfera, en organismos vivos y de ésta
escasamente el 0.1% es agua dulce para consumo humano.
Fenómenos como el progresivo calentamiento global,
han venido convirtiéndose en un dolor de cabeza
para la comunidad internacional, por su impacto aterrador.
El volumen de agua potable por habitante actualmente es
el 50% del de 50 años atrás. Mas de un tercio
de la población mundial, que pasa ya los seis mil
millones de habitantes, sobre todo en América Latina,
África y Asia, no disponen de agua potable, 31
países sufren ya
escasez de agua; se prevé que en los próximos
cinco lustros 17 naciones mas sentirán los rigores
de su precaria disponibilidad, de tal suerte que, de cumplirse
tan espeluznante proyección, una gran parte de
la humanidad soportará la sed, ya sea por carencia
del agua o por mala calidad de la misma. "La escasez
de agua no sólo implica que deben caminar grandes
distancias para conseguirla o pagar precios más
altos para comprarla. También contribuye a la aparición
de enfermedades relacionadas con el
consumo de aguas contaminadas, impacta en cadena las cosechas,
la disponibilidad de alimentos y es claramente uno de
los mayores factores de pobreza". En este momento,
para millones de personas en el mundo, especialmente entre
los más pobres del planeta, encontrar agua y comida
es cuestión de vida o muerte.
Como lo afirma Marcel Claude, director de la ONG Oceana,
"Según el Fondo de Población de Naciones
Unidas, dentro de 25 años una de cada tres personas
en la Tierra tendrá poca agua o nada .Las obvias
consecuencias de esta escasez, ya es motivo de tensiones
políticas y sociales en Latinoamérica".
Y lo más grave es que, como lo denunció
el Alto vocero de la ONU, Jan Egeland, la Comunidad Internacional
ha prestado oídos sordos a los llamados de auxilio.
No es difícil predecir que las guerras del futuro
ya no serán por el control del petróleo,
sino por el acceso a las fuentes de abastecimiento de
agua. Como nos lo recuerda Pablo Correa, “En 1979
Anuar el Sadat declaró que el agua del Nilo era
el único aspecto que podría llevar a Egipto
a entrar de nuevo en guerra. El rey Hussein de Jordania
dijo lo mismo en 1990, refiriéndose al
Jordán, que en los últimos 50 años
se ha combatido por el agua en 37 casos".
Recordemos que el acceso a las aguas de este último
río fue una de las causas de la guerra de
1967 en Oriente Medio y sigue siendo hoy motivo
de trifulcas entre israelíes y palestinos.
En Latinoamérica se han presentado ya las
primeras escaramuzas; concretamente en Bolivia;
al percatarse de que el acueducto que los surte
del preciado líquido había pasado
a manos de una multinacional del Estado de California,
Estados Unidos, en Cochabamba hubo un alzamiento
popular, que puso en aprietos a las autoridades
para sofocarlos, luego que al repelerla se causaron
varios muertos entre la población civil.
Fue preciso decretar el Estado de sitio, para controlar
la situación.
Es más, a consecuencia de la falta de agua
potable, tratada, cada año mueren 8 millones
de personas, 4.6 millones de ellos niños
menores de cinco años por enfermedades infectocontagiosas
atribuibles a la falta de saneamiento básico,
a la insalubridad del agua que consumen (parasitosis,
otitis, fiebre tifoidea, hepatitis, el cólera,
enfermedades granulosas de la piel, etc); cada cuarto
de hora perecen mas de cien personas en el mundo
por enfermedades de tipo diarreico, por falta de
agua potable. De hecho, según cifras de la
Organización Mundial de la Salud (OMS), en
2002 3.1 millones de personas perecieron por cuenta
de enfermedades relacionadas con el agua como la
malaria y la diarrea. |
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Ello es horripilante y adquieren caracteres cada día
más dramáticos, razón suficiente
para que la Comunidad internacional se preocupe y disponga
las acciones necesarias tendientes a mitigar sus devastadores
efectos.
Pero, si por allá llueve, por aquí no escampa.
Colombia está aprisionada en la paradoja de ser
el cuarto país con mayor disponibilidad de agua
por unidad de superficie, después de la antigua
Unión Soviética, Canadá y Brasil
y al mismo tiempo, es el país en donde el ímpetu
destructivo y depredador del ecosistema ha adquirido caracteres
más dramáticos. Cada año desaparecen
600 mil hectáreas de bosque húmedo, por
cuenta de la tala y la deforestación indiscriminada;
a ello han venido contribuyendo desaforadamente el avance
incontenible de los cultivos ilícitos y la represión
de los mismos por parte de las autoridades. Pese a ello,
actualmente la oferta hídrica en Colombia sobrepasa
los 57.000 metros cúbicos anuales per cápita,
rebasando con creces los 14.000 metros cúbicos
promedio estimado por cada habitante de la tierra por
la ONU. Pero, como lo afirma el experto Carlos Castaño,
"No porque tengamos una gran oferta se puede pensar
que el agua es inagotable"
Colombia no escapa al sombrío panorama que delatan
las estadísticas a escala mundial. En Colombia,
a pesar de tener abundantes fuentes hídricas, su
población afronta cada vez más dificultades
para acceder al agua potable, al punto que se calcula
que para el año 2025, el 69% de la población
podría enfrentar desabastecimiento severo del líquido.
Casi ninguno de sus municipios menores, que representan
más del 80%, cuenta con plantas de tratamiento
para potabilizar el agua para consumo humano. 22 millones
de colombianos consumen agua de mala calidad, no apta.
Se prevé que a la vuelta de 20 años, las
dos terceras parte de la población urbana tendrán
muy serios problemas de abastecimiento o insalubridad
del agua que consumen, con todas sus consecuencias en
la morbi-mortalidad de su población, especialmente
de aquella más vulnerable.
Según el Instituto de Hidrología, Meteorología
y Estudios Ambientales (IDEAM), a partir del 2.016, el
70% de la población colombiana, que para esa época
se proyecta a los 53 millones de almas, tendrá
problemas de abastecimiento de agua potable, si no
se emprende en forma inmediata un ambicioso programa de
recuperación, conservación y manejo de sus
principales cuencas hidrográficas, hoy amenazadas.
En hora buena, la Constitución de 1991 consagró
el principio del desarrollo sustentable, entendido éste
como aquel que concilia el crecimiento económico,
con la preservación de los recursos naturales (Artículo
80), como los dos componentes de esa frágil ecuación,
pues razón tenía Gandhi cuando afirmó
que la naturaleza nos prodiga lo suficiente para satisfacer
las necesidades de todos, pero no la codicia de todos.
El agua, hace rato, dejó de ser un bien libre para
la humanidad, para convertirse en un bien económico;
de ser un recurso renovable, por acción u omisión
de ella misma, se ha trastocado en un recurso no renovable
y por ello mismo expuesto a su agotamiento progresivo
e irreversible. Esta tesis que hasta hace poco era una
herejía, es cada vez más aceptada por parte
de los entendidos en el tema. Por ello mismo, ha despertado
la codicia de las grandes transnacionales, que hacen cuanto
pueden por hacerse al control de este recurso, que es
no sólo vital, sino que se ha tornado en estratégico
para las naciones del orbe. Ya se sienten pasos de animal
grande en muchos países, especialmente del Tercer
Mundo, tras su control del agua, la cual empieza a ser
para ellas un negocio altamente lucrativo. Coca Cola pronostica
que su agua, sí su agua (¡!) -en algunos
países más cara que la gasolina- terminará
dando mayores beneficios que sus bebidas gaseosas en muy
pocos años. Para esto basta recordar la polémica
suscitada en el Reino Unido hace exactamente un año,
cuando esta transnacional reconoció estar envasando
agua potable de Londres, para venderla como agua mineral
a 3 euros el litro.
El Banco Mundial con sus políticas está
dando pábulo para que haga carrera la fiebre privatizadora
en este frente tan sensible, con grave detrimento de la
disponibilidad y accesibilidad del agua, especialmente
para consumo humano. Para el, sólo el afán
de
lucro que anima a las empresas particulares hará
posible garantizar una mayor y mejor disponibilidad del
recurso agua, sobre todo en tratándose de la prestación
del servicio de agua potable. Para el Banco, se trata
de un recurso más del suelo o del subsuelo, al
que hay que atraer la inversión privada y una manera
de hacerlo, tal vez la más expedita, es la concesión
por un tiempo prolongado del manejo y aprovechamiento
del mismo. Esta figura se ha venido abriendo paso en el
caso de los parques nacionales en Colombia, como un subterfugio
para privatizarlos sin despertar la resistencia y la aprensión
que en otras circunstancias enfrentaría. Este es
uno de los peligros que entraña un proyecto de
Ley que ha venido tramitándose en el Congreso de
la República, que puede derivar en lo mismo, con
todas sus consecuencias. El agua es y debe seguir siendo
un bien público esencial, su administración
y manejo deben estar en manos del Estado. Hay que despabilarse,
no vaya a ser que el país cometa con el agua el
mismo error que cometió con otros recursos, tales
como el petróleo, por que nos puede costar muy
caro!
Desde la semana anterior se dieron cita en Ciudad de México,
la capital más contaminada de los países
Latinoamericanos, expertos, investigadores, ONGs y organismos
internacionales especializados, para asistir al IV Foro
Mundial del Agua. Allí, en el Centro de Convenciones
Banamex, se dieron la mano el abuelo africano Robert Yaovi,
líder espiritual de su comunidad, el joven coreano
Lim Sungil, gerente de una empresa que trabaja para el
saneamiento del agua captando tanto recursos públicos
como privados y la niña alemana Bárbara
Dickler, quien hace parte de una ONG ambientalista, en
Colonia, su ciudad natal. Este tipo de encuentros suelen
asemejarse más a una especie de aquelarre, en los
que la confusión de lenguas, como en la Torre de
Babel, hace de las suyas. Sin embargo, esta vez fue la
excepción, no fue difícil
ponerse de acuerdo, por encima de sus diferencias de sexo,
de etnia, de ideología y de credo religioso, en
que "la salvación del recurso hídrico
es una tarea de todos". |