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 Mayo 2006. nº 227 - OPINIÓN - ESCALERA AL CIELO

Mi empresa es mi hogar
Carlos Ballesteros

Recuerdo hace unos años que, escandalizado, leí en una revista que en Silicon Valley, allá donde se hacen los chips y los programitas de ordenador que cada vez controlan más mi vida y la tuya, había empresas que habían construido una especie de sala de estar que reproducía un hogar medio americano. Así, llegando la hora del baño de los niños, la hora de la cena, de ver la tele en familia, etc. sus empleados podían traerse a sus familias y hacerlo en la sal de al lado de su despacho, para no perderse esos bonitos momentos familiares. Una vez dormidos los niños –embutidos en sus pijamas–, la abnegada mamá les metía en el coche camino de vuelta de casa mientras el sufrido papá se quedaba unas horas más a terminar su bien pagado trabajo. Era, de esa manera, la única forma que el ejemplar progenitor tenía de compartir un rato de vida familiar, ayudar con los deberes mientras la esposa preparaba la cena en la cocina dispuesta a tal fin y, en definitiva, la mejor manera de crear un clima hogareño y proteger los valores familiares de un buen padre al que el trabajo que tenía le hacia llegar ya de madrugada al hogar y salir muy temprano.

Lo que me escandalizó no fue la situación en sí. Fue que lo leí en una revista de actualidad empresarial, en un numero monográfico sobre lo que ahora se ha venido a llamar conciliación de la vida familiar y laboral y que ¡era descrito como un ejemplo de buenas prácticas!

Traigo aquí este recuerdo porque esta semana he tenido una experiencia parecida. Una empresa de consultoría ha venido a presentar su oferta de becas a los alumnos de la Universidad en la que trabajo. Tras exponer las excelencias del lugar de trabajo, de la carrera profesional que se puede seguir en la susodicha firma, el salario competitivo, el prestigio, etc. al final de la presentación, la persona del departamento de recursos humanos nos presentó como novedad que en esa empresa, además, había un club deportivo y un club solidario. Los justificó por algo muy parecido a los de Silicon Valley ¡qué mejor manera de pasar tu tiempo libre y tus momentos de ocio y deporte que con los compañeros de trabajo!

Y mucho mas preocupante es lo del club solidario. La empresa de consultoría, multinacional, había tenido que crear ese club a demanda de unos empleados que deseaban ser solidarios con los demás, con los más pobres del mundo, y no sabían cómo. A estos bienintencionados trabajadores no se les había ocurrido otra cosa que preguntar a su departamento de Recursos Humanos para que les buscara una solución a sus ansias solidarias y éste había respondido creando una especie de ONG.

¿No os parece triste? ¿indignante, incluso? Con la cantidad de iniciativas, de asociaciones, de ONG... que tenga que ser la empresa la que solucione la papeleta de estos yuppies metidos a solidarios. El espacio de esta columna no me da para hacer una reflexión profunda sobre las nuevas tendencias en gestión de recursos humanos, pero lo cierto es que me escandaliza que una empresa cree un “club” solidario. Y lo que me escandaliza aun más es que, en esta sociedad de la información y el Internet, los empleados de esa empresa no tuvieran los recursos ni las claves para, como meros ciudadanos, colaborar por el bien común. Tenían que esperar a papá recursos humanos que les solucionara la papeleta ¡O era un mero instrumento de Marketing e imagen de la consultora? No sé qué me gusta menos.


NOTA al margen. ¡Starway to Heaven, La mítica Escalera al Cielo de los Led Zeppelín que da título a esta columna contiene el mejor solo de guitarra de todos los tiempos según la prestigiosa revista Total Guitar!

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