Mi empresa es mi hogar
Carlos
Ballesteros
Recuerdo hace unos años que, escandalizado,
leí en una revista que en Silicon Valley, allá
donde se hacen los chips y los programitas de ordenador
que cada vez controlan más mi vida y la tuya, había
empresas que habían construido una especie de sala
de estar que reproducía un hogar medio americano.
Así, llegando la hora del baño de los niños,
la hora de la cena, de ver la tele en familia, etc. sus
empleados podían traerse a sus familias y hacerlo
en la sal de al lado de su despacho, para no perderse
esos bonitos momentos familiares. Una vez dormidos los
niños –embutidos en sus pijamas–, la
abnegada mamá les metía en el coche camino
de vuelta de casa mientras el sufrido papá se quedaba
unas horas más a terminar su bien pagado trabajo.
Era, de esa manera, la única forma que el ejemplar
progenitor tenía de compartir un rato de vida familiar,
ayudar con los deberes mientras la esposa preparaba la
cena en la cocina dispuesta a tal fin y, en definitiva,
la mejor manera de crear un clima hogareño y proteger
los valores familiares de un buen padre al que el trabajo
que tenía le hacia llegar ya de madrugada al hogar
y salir muy temprano.
Lo que me escandalizó no fue la situación
en sí. Fue que lo leí en una revista de
actualidad empresarial, en un numero monográfico
sobre lo que ahora se ha venido a llamar conciliación
de la vida familiar y laboral y que ¡era descrito
como un ejemplo de buenas prácticas!
Traigo aquí este recuerdo porque esta semana he
tenido una experiencia parecida. Una empresa de consultoría
ha venido a presentar su oferta de becas a los alumnos
de la Universidad en la que trabajo. Tras exponer las
excelencias del lugar de trabajo, de la carrera profesional
que se puede seguir en la susodicha firma, el salario
competitivo, el prestigio, etc. al final de la presentación,
la persona del departamento de recursos humanos nos presentó
como novedad que en esa empresa, además, había
un club deportivo y un club solidario. Los justificó
por algo muy parecido a los de Silicon Valley ¡qué
mejor manera de pasar tu tiempo libre y tus momentos de
ocio y deporte que con los compañeros de trabajo!
Y mucho mas preocupante es lo del club solidario. La empresa
de consultoría, multinacional, había tenido
que crear ese club a demanda de unos empleados que deseaban
ser solidarios con los demás, con los más
pobres del mundo, y no sabían cómo. A estos
bienintencionados trabajadores no se les había
ocurrido otra cosa que preguntar a su departamento de
Recursos Humanos para que les buscara una solución
a sus ansias solidarias y éste había respondido
creando una especie de ONG. ¿No os parece
triste? ¿indignante, incluso? Con la cantidad de
iniciativas, de asociaciones, de ONG... que tenga que
ser la empresa la que solucione la papeleta de estos yuppies
metidos a solidarios. El espacio de esta columna no me
da para hacer una reflexión profunda sobre las
nuevas tendencias en gestión de recursos humanos,
pero lo cierto es que me escandaliza que una empresa cree
un “club” solidario. Y lo que me escandaliza
aun más es que, en esta sociedad de la información
y el Internet, los empleados de esa empresa no tuvieran
los recursos ni las claves para, como meros ciudadanos,
colaborar por el bien común. Tenían que
esperar a papá recursos humanos que les solucionara
la papeleta ¡O era un mero instrumento de Marketing
e imagen de la consultora? No sé qué me
gusta menos. NOTA al margen. ¡Starway
to Heaven, La mítica Escalera al Cielo de los Led
Zeppelín que da título a esta columna contiene
el mejor solo de guitarra de todos los tiempos según
la prestigiosa revista Total Guitar! |