La educación religiosa
hoy
Para ser profetas, sacerdotes y reyes
Sonia Olea Ferreras
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Tras la locura de los deberes, baños, cena,
cepillado de dientes y lectura de libro, cómic
y cuento (según cuál de nuestros tres
hijos), llega, no siempre, la oración nocturna.
A veces tras la pregunta “¿quieres
hablar hoy con el Tata Dios?” y otras, las
más, a petición personal. Aquella
noche fue Ale el que hizo su solicitud. Después
de dar las gracias por algo-alguien del día
y el repertorio padrenuestro-avemaría-cuatroesquinitas-jesusitodemivida-ángeldelaguarda...
el planteamiento: “Mamá, me quiero
bautizar”. Estupendo y ¿por qué
te quieres bautizar”... “Pues... para
ser amigo de Jesús”. Y una voz surge
desde la litera de arriba: “Para ser amigo
de Jesús no hace falta bautizarse, tonto”.
Ale tiene siete años, duerme en la litera
de abajo; Asier (la voz profética) tiene
nueve y este noviembre ha decidido hacer la comunión
con el resto de sus compañeros del cole.
Nos falta Ana-Eva, de cuatro, que duerme sola (y
no hace más que quejarse de esta injusticia)
en la habitación de al lado. |
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