Mayo, el mes de los Bautizos,
las Bodas y las Comuniones
“¿Y por qué no os casáis
por la iglesia?
¡Es mucho más fácil!”
Belén de
la Banda
Cuando alguien te invita a su
boda suele ser con el anuncio casi inevitable
de que va a ser “muy sencilla” y siempre
te temes lo peor, que es lo mismo de siempre.
Aunque te alegres, sabes que vas a hacer un poco
de penitencia. En la iglesia, suelen ser lecturas
absurdas, admoniciones diferentes para el novio
y para la novia -él debe ser “prudente”
y ella “irreprochable en su conducta”-,
una homilía estándar que por desconocimiento
de la realidad de los novios, sus familias y sus
amigos, puede ser hasta ofensiva para alguno o
alguna… Y un larguísimo ritual al
que cada vez menos gente contesta, al menos adecuadamente.
Eso sí, que no falte la soprano ni el Ave
María, que son tan imprescindibles como
el pastelero de la boda real. Al final, la sensación,
para todos, también muchas veces para los
propios que se casan, es de un poco de simulación
y festejo y otro poco de fraude. Todos sabemos
que en estas cosas se ostenta, se miente, se “figura”,
y no pasa nada. Es una boda, y sólo nos
casamos una vez en la vida… |
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Religiosamente por lo civil
Juan y Lola, que se casaron hace un par de años,
en la veintena los dos –lo cual acaba siendo bastante
peculiar- buscaron un lugar tranquilo y bonito para celebrar
su boda y reservaron una finca con capilla. La idea era
pasar un día tranquilo con sus enormes familias
y que celebrara un tío cura que venía del
extranjero para el evento. Y ahí se acabó
la previsión. Resulta que el obispado no permitía
celebrar culto en esa capilla, de modo que para casarse
religiosamente debían trasladarse varios kilómetros
ida y vuelta, “trasladar el expediente” y
muchas otras burocracias. Entre el disgusto y la falta
de tiempo y sobre todo con la orientación de sus
padres, creyentes pero preocupados por la juventud y prisas
de los muchachos, al final hicieron los trámites
para casarse por lo civil. A estas alturas, ya eso no
es un disgusto ni siquiera para los mayores de las familias.
Probablemente las abuelas y bisabuelas ni siquiera notaron
la diferencia. En la ceremonia civil, oficiada por un
concejal del pueblo en cuestión -encantador-, hubo
homilía del tío cura, del padre del novio,
del padre de la novia, lecturas de los amigos, oración
de los fieles y hasta retablo que fue regalado a los novios
durante la propia liturgia. Es decir, que puede uno casarse
religiosamente por lo civil. Al César lo que es
del César, pero lo que Dios ha unido que no lo
separe el hombre, ni la muje
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