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 Mayo 2006. nº 227 - TEMA DE PORTADA

Mayo, el mes de los Bautizos, las Bodas y las Comuniones
“¿Y por qué no os casáis por la iglesia?
¡Es mucho más fácil!”

Belén de la Banda

Cuando alguien te invita a su boda suele ser con el anuncio casi inevitable de que va a ser “muy sencilla” y siempre te temes lo peor, que es lo mismo de siempre. Aunque te alegres, sabes que vas a hacer un poco de penitencia. En la iglesia, suelen ser lecturas absurdas, admoniciones diferentes para el novio y para la novia -él debe ser “prudente” y ella “irreprochable en su conducta”-, una homilía estándar que por desconocimiento de la realidad de los novios, sus familias y sus amigos, puede ser hasta ofensiva para alguno o alguna… Y un larguísimo ritual al que cada vez menos gente contesta, al menos adecuadamente. Eso sí, que no falte la soprano ni el Ave María, que son tan imprescindibles como el pastelero de la boda real. Al final, la sensación, para todos, también muchas veces para los propios que se casan, es de un poco de simulación y festejo y otro poco de fraude. Todos sabemos que en estas cosas se ostenta, se miente, se “figura”, y no pasa nada. Es una boda, y sólo nos casamos una vez en la vida…
Religiosamente por lo civil
Juan y Lola, que se casaron hace un par de años, en la veintena los dos –lo cual acaba siendo bastante peculiar- buscaron un lugar tranquilo y bonito para celebrar su boda y reservaron una finca con capilla. La idea era pasar un día tranquilo con sus enormes familias y que celebrara un tío cura que venía del extranjero para el evento. Y ahí se acabó la previsión. Resulta que el obispado no permitía celebrar culto en esa capilla, de modo que para casarse religiosamente debían trasladarse varios kilómetros ida y vuelta, “trasladar el expediente” y muchas otras burocracias. Entre el disgusto y la falta de tiempo y sobre todo con la orientación de sus padres, creyentes pero preocupados por la juventud y prisas de los muchachos, al final hicieron los trámites para casarse por lo civil. A estas alturas, ya eso no es un disgusto ni siquiera para los mayores de las familias. Probablemente las abuelas y bisabuelas ni siquiera notaron la diferencia. En la ceremonia civil, oficiada por un concejal del pueblo en cuestión -encantador-, hubo homilía del tío cura, del padre del novio, del padre de la novia, lecturas de los amigos, oración de los fieles y hasta retablo que fue regalado a los novios durante la propia liturgia. Es decir, que puede uno casarse religiosamente por lo civil. Al César lo que es del César, pero lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre, ni la muje
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