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 Mayo 2006. nº 227 - OPINIÓN - PUNTO DE VISTA

Una procesión por lo libre
Fernando Torres. Torrelavega (Cantabria)

Lo que voy a contar es rigurosamente cierto. Y es interesante reflexionar sobre estos hechos porque nos pueden hacer pensar en nuestra forma de asumir el pluralismo que tiene de hecho nuestra comunidad. Pero vamos a dejarnos de moniciones introductorias y vamos a los hechos.

Nos situamos en una ciudad de tamaño medio de una provincia española. Estamos en los años 90, en plena democracia. Oficialmente hemos superado aquellos tiempos del nacional-catolicismo en los que las autoridades eclesiásticas tenían autoridad suficiente como para hacer a veces que se terminase moviendo según su voluntad el brazo de la autoridad civil. En la ciudad gobierna la izquierda pero no se nota demasiado en la vida diaria. Los ciudadanos respiran un cierto ambiente democrático. Todo el mundo se siente con derecho a decir su palabra.

En ese mundo pequeño existe una parroquia. La parroquia de siempre. Ha llegado un cura nuevo. No es joven, porque en los noventa ya no hay muchos de esa especie en esta España nuestra. Pero trae ideas nuevas. Además, sustituye a un párroco de esos de toda la vida. Uno que se había dedicado básicamente a sentarse en el confesionario y atender a algunas viudas ricas de las que sacó más de una herencia con la que erigir nuevas iglesias en la ciudad que crecía y crecía durante los años del desarrollo. El nuevo párroco no tuvo una buena recepción. Las devotas que habían gobernado la vida de la parroquia durante años vieron con claridad el intento de marginarlas de las zonas de poder parroquial. Y se aprestaron a defenderse. Con todas sus armas. También con las armas que les prestaba la todavía joven democracia española.

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