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 Junio 2006. nº 229 - OPINIÓN - ESCALERA AL CIELO

Martín
Carlos Ballesteros

Cuando esta escalera vea la luz impresa, probablemente tú ya habrás llorado unas cuantas veces y yo tendré ojeras. Cuando esta escalera llegue a los lectores de alandar, que estarán pensando ya en las cercanas vacaciones, tú ya habrás mamado unas cuantas veces y te habremos tenido que cambiar los pañales alguna más. Cuando el periódico de junio llegue a casa de Paloma, de Cecilia, de Carlos, de Paco, de Teresa, tu ya habrás abandonado el cálido y cómodo útero de mamá y te tocará luchar por el aire a ti solito. Salvo que hagas como hizo ese bebé del cuento del argentino Ariel Dormanf , que decidió hacer una huelga de nacimiento y no nacer hasta que el mundo estuviera arreglado, hasta que el planeta fuera un sitio limpio, justo y sin hambrientos. Sólo así ese bebe 6.000 millones decidiría nacer. Pero tú, creo, no vas a hacer eso, porque te necesitamos para construir transformar con nosotros esta realidad y no puedes cruzarte de brazos y decidir no nacer simplemente porque el universo que te acoge no te gusta. Lo siento Martín, pero esa es la cruda realidad: naces a un cosmos en el que tus bracitos, tus pulmones, tu corazón son necesarios para hacer este mundo algo más justo.

Si yo fuera Galeano te escribiría esta columna como el sabe hacer, pensando en el mundo que sueño para ti, para los que nacen como tú en este 2006. La llenaría de utopías, de ilusiones, de sueños, de deseos…la llenaría de poesía y te pintaría un planeta y una sociedad en los que me gustaría que crecieras y vivieras….Pero soy Carlos y no sé escribir como el uruguayo, no me queda más remedio que llenártela de tareas.
Como naces en la sociedad rica y desarrollada de Europa, dicen las estadísticas que tienes cerca de 80 años para llenar tu vida. Espero que al final de tu camino, en un 2086 lejano en el que yo ya no estaré por aquí (supongo), el mundo esté en muchas mejores condiciones en las que está ahora que entras en él. Tendrás que conseguir que el comercio sea justo como principio universal, y que lo anecdótico sea encontrar una tienda de comercio injusto a la que todos señalen con el dedo; tendrás que vigilar que una vez que se haya conseguido con tanto esfuerzo que el Planeta ya esté limpiado, no venga otro a ensuciarlo otra vez con sus humos y sus basuras; te tocará aprender idiomas, para hablar y vivir con palestinos, saharauis y tantos otros pueblos indígenas que luchan por su pedacito de tierra y sus derechos. En 2086 te habrás cansando de abogar por un consumo sostenible y responsable, por unas finanzas con corazón.

Tienes que trabajar, en todos estos años, para que las mujeres tengan sus derechos y sus vidas equiparadas en todo el planeta a la de sus compañeros hombres. Te tocará mirar por los derechos de los trabajadores y trabajadoras, para que no abusen de ellos. Plantarás un árbol (yo he plantado muchos, con tu abuelo), escribirás un libro (o un montón de columnas en un periódico), tendrás un hijo… dicen que eso es lo que hace feliz y plenas a las personas. Yo, ahora que te veo aquí, después de haberte esperado con tantas ganas e ilusión estos meses y puedo asegurarte que sí, que a mi me llenas y me haces echar unas lagrimas

Martín, ahora eres pequeñito, muy pequeñito, pero tus pulmones ya se llenan de aire para gritar y denunciar. Espero que tu vida sea una vida llena de retos, de cosas por las que luchar y trabajar. Quiero creer que recorreremos juntos un largo trecho de este camino, de la mano, apoyándonos mutuamente y aprendiendo el uno del otro. ¿sabes? Te quiero. ¡¡Bienvenido!!

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