Martín
Carlos
Ballesteros
Cuando esta escalera vea la luz impresa, probablemente
tú ya habrás llorado unas cuantas veces
y yo tendré ojeras. Cuando esta escalera llegue
a los lectores de alandar, que estarán pensando
ya en las cercanas vacaciones, tú ya habrás
mamado unas cuantas veces y te habremos tenido que cambiar
los pañales alguna más. Cuando el periódico
de junio llegue a casa de Paloma, de Cecilia, de Carlos,
de Paco, de Teresa, tu ya habrás abandonado el
cálido y cómodo útero de mamá
y te tocará luchar por el aire a ti solito. Salvo
que hagas como hizo ese bebé del cuento del argentino
Ariel Dormanf , que decidió hacer una huelga de
nacimiento y no nacer hasta que el mundo estuviera arreglado,
hasta que el planeta fuera un sitio limpio, justo y sin
hambrientos. Sólo así ese bebe 6.000 millones
decidiría nacer. Pero tú, creo, no vas a
hacer eso, porque te necesitamos para construir transformar
con nosotros esta realidad y no puedes cruzarte de brazos
y decidir no nacer simplemente porque el universo que
te acoge no te gusta. Lo siento Martín, pero esa
es la cruda realidad: naces a un cosmos en el que tus
bracitos, tus pulmones, tu corazón son necesarios
para hacer este mundo algo más justo.
Si yo fuera Galeano te escribiría esta columna
como el sabe hacer, pensando en el mundo que sueño
para ti, para los que nacen como tú en este 2006.
La llenaría de utopías, de ilusiones, de
sueños, de deseos…la llenaría de poesía
y te pintaría un planeta y una sociedad en los
que me gustaría que crecieras y vivieras….Pero
soy Carlos y no sé escribir como el uruguayo, no
me queda más remedio que llenártela de tareas.
Como naces en la sociedad rica y desarrollada de Europa,
dicen las estadísticas que tienes cerca de 80 años
para llenar tu vida. Espero que al final de tu camino,
en un 2086 lejano en el que yo ya no estaré por
aquí (supongo), el mundo esté en muchas
mejores condiciones en las que está ahora que entras
en él. Tendrás que conseguir que el comercio
sea justo como principio universal, y que lo anecdótico
sea encontrar una tienda de comercio injusto a la que
todos señalen con el dedo; tendrás que vigilar
que una vez que se haya conseguido con tanto esfuerzo
que el Planeta ya esté limpiado, no venga otro
a ensuciarlo otra vez con sus humos y sus basuras; te
tocará aprender idiomas, para hablar y vivir con
palestinos, saharauis y tantos otros pueblos indígenas
que luchan por su pedacito de tierra y sus derechos. En
2086 te habrás cansando de abogar por un consumo
sostenible y responsable, por unas finanzas con corazón.
Tienes que trabajar, en todos estos años, para
que las mujeres tengan sus derechos y sus vidas equiparadas
en todo el planeta a la de sus compañeros hombres.
Te tocará mirar por los derechos de los trabajadores
y trabajadoras, para que no abusen de ellos. Plantarás
un árbol (yo he plantado muchos, con tu abuelo),
escribirás un libro (o un montón de columnas
en un periódico), tendrás un hijo…
dicen que eso es lo que hace feliz y plenas a las personas.
Yo, ahora que te veo aquí, después de haberte
esperado con tantas ganas e ilusión estos meses
y puedo asegurarte que sí, que a mi me llenas y
me haces echar unas lagrimas
Martín, ahora eres pequeñito, muy pequeñito,
pero tus pulmones ya se llenan de aire para gritar y denunciar.
Espero que tu vida sea una vida llena de retos, de cosas
por las que luchar y trabajar. Quiero creer que recorreremos
juntos un largo trecho de este camino, de la mano, apoyándonos
mutuamente y aprendiendo el uno del otro. ¿sabes?
Te quiero. ¡¡Bienvenido!! |