¿Otra Europa es posible?
José Mª García Mauriño
No es una pregunta retórica. Es una seria
duda. Tal y como están las cosas no creemos que
se pueda construir otra Europa que no esté sometida
a los dictámenes del capitalismo. No estamos de
acuerdo con la Europa del Capital y de la Guerra. En el
Referéndum español de Febrero de 2005, unos
pocos votamos en contra del Tratado Constitucional (TC)
y después nos dieron la razón los franceses
y los holandeses. La construcción de Europa es
algo muy complejo, pero irá siempre por otros derroteros
que los del actual TC. No estamos de acuerdo con la orientación
político-militar que se está llevando a
cabo. Quedan muchos Estados por ratificar el TC. Y en
el futuro, no se va a someter nada a referéndum.
Tienen miedo a que se repita el NO a su proyecto, a que
aparezca la realidad social de una Europa de 109 millones
de pobres, de 32 millones de parados y 8 millones de inmigrantes
sin papeles. Para gobernar Europa se intentará
imponer lo que resulte del nuevo texto de forma autoritaria
o someterse sólo a la aprobación parlamentaria.
Ya sabemos que todos los Parlamentos europeos son conservadores.
Si buscamos “Otra Europa” no es posible que
vaya por la vía de las reformas, luchamos por una
reestructuración radical, revolucionaria, de grandes
transformaciones. O nos quedaremos sin eso que llaman
Unión Europea (UE). Hay muchas fuerzas de resistencia
que se oponen a ese proyecto neoliberal. Es un proyecto
propio de las élites financieras, económico
y políticas que quieren seguir desarrollando un
capitalismo global puro y duro No solamente la izquierda
institucional que parece preferir “retoques”
a la orientación neoliberal, sino también
la izquierda radical que propone una refundación
del proyecto europeo. Nos oponemos a esas privatizaciones
de los servicios públicos, que es lo que quiere
la Directiva Bolkestein, y esos sectores controlados por
el Estado como las pensiones, la sanidad o la educación
Todo está englobado por un denominador común
que es el Mercado Único. El que manda en la UE
es el Mercado.
Después del levantamiento de la ciudadanía
franco-holandesa, es la hora de replantearse una cierta
reconstrucción: qué queremos hacer con esta
Europa. La construcción europea es un problema
enormemente complejo que no pretendemos abordar aquí.
Pero, ahí están las fuerzas de resistencia
de la clase obrera y estudiantil en Francia y en varios
países de la UE. La lucha de clases no ha terminado,
no ha hecho más que empezar. ¿Hay
esperanzas de poder reconstruir esta Europa tan debilitada,
tan dividida a causa de este capitalismo que la atraviesa
toda entera? Para reconstruir hay que de-construir. Porque
lo que se ha construido hasta ahora se asemeja a un Monstruo:
una federación técnico-económica-jurídica
fuera del alcance de los ciudadanos y sus preocupaciones.
La construcción europea se ha identificado progresivamente
con la globalización liberal, vivida como una jungla
por las clases populares. Existe una gran perversidad:
se ha ampliado la UE a 10 países más, en
nombre de una solidaridad puramente retórica con
los países del Este y de Europa Central, esperando
ganar cerca de 10 millones de consumidores para el mercado.
Pero, sin contar con los ciudadanos. “La voluntad
del pueblo es el fundamento de la autoridad de los poderes
públicos”(art. 21,3 de los Derechos Humanos).
Y por otro lado, empujamos a la competencia de unos contra
otros. El denominador común a los 25 es el Mercado,
no es la unión política de los ciudadanos.
Y este mercado común ha desembocado en la creación
de una moneda única, el Euro, y de un Banco Central,
sobre el que ningún gobierno ni ciudadanía
tiene control alguno.
La búsqueda de esta Otra Europa es difícil
porque actualmente se asemeja a un laberinto kafkiano:
los ciudadanos europeos nunca lograrán llegar al
final de interminables pasillos y nunca descubrirán
quien ha dictado la sentencia fatal . ¿Hay alguna
salida al laberinto de la Unión Europea? Ya no
hay una Alemania aislada, ni una Dinamarca aislada, ni
una Europa aislada. Ya no hay naciones aisladas. Estamos
todos condenados a vivir y a convivir europeos y no europeos.
Quien piensa sobre Europa en términos nacionales,
despierta los miedos ancestrales europeos mediante una
falsa alternativa: o Europa o las naciones europeas, un
tercero es imposible. ¿Puede esta Europa eurocéntrica,
militar y sin apenas tener en cuenta el resto del Planeta,
despertar a los ciudadanos de este letargo, incluso entusiasmarles
para un proyecto futuro? |