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 Septiembre 2006. nº 230 - OPINIÓN - DESDE EL ASTEROIDE B612

El futuro de los foros sociales
Jaime Atienza


Hace ya cinco años que nació el Foro Social Mundial de Porto Alegre, en lo que supuso una eclosión de los movimientos sociales, y una entrada en la escena mediática internacional del movimiento alternativo. Cierto que muchos años antes había organizaciones ecologistas, feministas, desarrollistas, implicadas en la lucha por los derechos humanos… Pero este nuevo tiempo venía a anunciar la articulación de todos los movimientos reivindicativos del planeta en un espacio y en una trinchera común.
Tras varios años en que se han desarrollado foros en diversos continentes toca ahora empezar a preguntarse hacia donde encaminarse. Resultaría autocomplaciente considerar que el sentido mismo de los foros es el de existir, el de ser un espacio de encuentro y de intercambio de experiencias y visiones entre organizaciones y personas comprometidas. Los foros nacieron para contribuir a transformar la realidad y a difundir las ideas, y si no están consiguiendo jugar ese papel, convendría plantearse porqué, y como podría mejorarse su impacto en el futuro.

Resulta indudable la aportación de estos foros a la articulación de los diferentes movimientos, pero es más dudoso que se haya conseguido impregnar un sentido y un sentimiento de lucha global compartida. Los esfuerzos por meter en agenda las luchas particulares de cada grupo, y no por buscar la confluencia en pocas propuestas comunes de todos los colectivos y movimientos ejemplifican este dilema. Para mantener intacto el espíritu de pluralidad y participación se abre tanto el paraguas de ideas y reivindicaciones que puede quedarse en una exposición interminable de causas, problemas y escasas propuestas, con frecuencia maximalistas.

Por otra parte no deja de ser frecuente que en los foros sociales –y esto resulta particularmente acentuado en los celebrados en Europa- venza la exhibición de los más radicales sueños frente a la búsqueda de acuerdos sobre ideas y propuestas que permitan avanzar, dar pasos y tener incidencia sobre los poderes públicos. La utopía a la que se refería Galeano no debería ser entendida como un sueño poético sino como un objetivo hacia el que encaminarse cada día, con cada pequeño paso, y sin dejar de valorar los avances. No hay que olvidar que los sectores sociales comprometidos siguen siendo minoría en este mundo, y sus voces e ideas tienen una influencia muy limitada. Así las cosas, convendría superar el dilema entre puristas y pragmáticos: hay fuerzas de cambio demasiado escasas como para entenderlas enfrentadas.

Por otra parte, quienes tenemos el privilegio de estar en estos espacios de debate y discusión tenemos una gran responsabilidad: no olvidar que el sentido de todo ello no es la discusión intelectual –que es importante- o medir las fuerzas y las razones entre los participantes, y que cada pequeña oportunidad de incidir sobre los poderes y la opinión pública es un tesoro. Quienes no asisten a los foros pero viven situaciones de exclusión e injusticia son los verdaderos destinatarios de ese trabajo, y es responsabilidad de todos y cada uno de quienes participamos ser responsables con esa tarea, tolerantes con el resto de participantes y sus ideas, y buscar puntos de confluencia.

De no ir en una dirección cada vez más enfocada a la búsqueda de resultados concretos, a la creación de grupos de trabajo especializados por delegación de los foros, por ejemplo, o a otro tipo de esquemas, podemos empezar a quedarnos únicamente con la parte festiva y reivindicativa a grandes rasgos. Perdiendo el impulso que los foros dieron al mundo de lo alternativo, y también una oportunidad de contribuir a transformar el mundo.

El reciente Foro Social Mundial de las Migraciones de Rivas ha sido un espacio de reunión y discusión, pero también ha buscado, con su declaración final, comenzar a ejercer una voz colectiva ante el diálogo político que al más alto nivel se avecina en el campo de las migraciones internacionales. Ese podría ser el camino.

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