Participación creyente
en las tertulias de bioética
Juan Masiá, sj
No bastan buenas voluntades. Con buenas intenciones
se provocan resultados indeseables. Para botón
de muestra, el efecto contraproducente en la sociedad
y en la iglesia de algunos documentos eclesiásticos
recientes, redactados con “síndrome
del cangrejo”, talante de“marcha atrás”
y actitud condenatoria de “semáforo
en rojo”, parecidos al Syllabus decimonónico
de errores en tiempo de Pío IX.
En la estela de la Academia Vaticana de la Vida
y la encíclica Evangelium vitae (1995), han
proliferado en la última década centros
y congresos de bioética que, al exagerar
la “confesionalidad” beligerante, hacen
un flaco favor a la vida que desean proteger. En
el extremo opuesto, hay bioéticas cuya “laicidad
aconfesional” apenas oculta una mal disimulada
“anti-religiosidad”, en buena parte
suscitada por las anteriores: los anticlericalismos
son hijos de los clericalismos. Hay también,
en tercer lugar, posturas intermedias, adjetivables
como “tercera vía consensual”;
suelen darse en ámbitos políticos
o religiosos que se limitan a evitar conflictos
y confrontaciones, fomentar consensos superficiales
escabullendo los problemas, pero obteniendo a cambio
cotas de poder, ya sea en administraciones públicas
o eclesiásticas. |
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