Redacción y Administración:
c/ Armenteros, 13
28039-Madrid
Tel y Fax: 91 311 52 89
alandar@alandar.org
Revista mensual de información social y religiosa
  ¿Quiénes somos?
   REVISTA
  Tema de portada
  Norte-Sur
  Documentos
  Iglesia
  Movimientos Sociales
  Columnistas
  Desde otro prisma
   OTROS
  Archivo de revistas
  Premios Alandar
  Suscripciones
  Folletos
  Enlaces
  Ciberactivistas
  Escríbenos
 Octubre 2006. nº 231 - OPINIÓN - DESDE EL ASTEROIDE B612

Migraciones, omisión y acción
Marta Arias


Hace unos días escuché a una señora indignada que llamaba a una tertulia radiofónica para quejarse por el silencio de la Iglesia Española ante el fenómeno de las migraciones. Los contertulios la corrigieron con educación y comentaron acertadamente que detrás de buena parte de la atención social a los inmigrantes se encuentran organizaciones vinculadas a la Iglesia.

Pero lo cierto es que, si la señora se refería (como suele ocurrir) a la Conferencia Episcopal como institución y no al conjunto de la Iglesia, la observación no deja de ser significativa. Para comprobarlo, me di un paseo por la página web de la Conferencia Episcopal, donde entre otras cosas encontré:
- Tres noticias de portada sobre la investigación genética, la eugenesia y el encuentro de familias de Valencia.
- Monográficos sobre la libertad religiosa, la eutanasia, la ley de educación, la familia (especialmente centrado en la lucha contra los matrimonios homosexuales), los embriones y la financiación (de la Iglesia).
- La programación religiosa de RTVE y todos los medios de comunicación eclesiales.
- Una sección de cine, que incluye comentarios de películas como “Misión: Imposible III” y un apartado propio sobre “El Código Da Vinci”.
- 65 cartas de obispos publicadas en los meses de junio y julio: 17 de ellas sobre las familias y una solitaria (y solidaria) misiva del arzobispo de Barcelona sobre las migraciones.

Tal vez no supe buscar bien, tal vez peco de selectiva al no desgranar otras cartas publicadas con motivo del Corpus Christi que hablaban de la caridad y la solidaridad. Tal vez el verano es mal momento para promover manifestaciones o emitir comunicados. Tal vez... pero siento aún así que las circunstancias exigían, siguen exigiendo, mucho más de una institución que reivindica (y pienso que con razón) su derecho a participar en la vida pública, y por tanto política, del país.

Pero mientras unos pecan (o pecamos, que en este tema casi todos hacemos demasiado poco) de omisión, más grave y preocupante resulta la acción, consciente o no, de otros muchos. Hace unos domingos el periódico El País incluía varias referencias al tema migratorio, desde distintas perspectivas. En su sección de opinión contrastaba dos artículos sobre el derecho a voto de los inmigrantes en las elecciones municipales. Mientras un diputado del PP reclamaba valientemente la asignación de derechos políticos “a los que habiendo venido de lejos forman ya parte de nuestra realidad”, unas líneas más arriba su compañero de tribuna afirmaba: “El inmigrante es un ciudadano especial, cuyos derechos nunca podrán equipararse en algunos aspectos a los del ciudadano aborigen”. Como “aborigen” de a pie, confieso que se me pusieron los pelos de punta.

Y unas páginas más allá, entrando ya en la sección salmón, se me acabó de estropear el desayuno al leer una página entera en la que, bajo el enganche de la ayuda a Africa para frenar la inmigración, se acababa desgranando la interesante oferta de herramientas al servicio de las empresas españolas, ansiosas de incrementar su negocio en un continente tan rico como desconocido. Vamos, que sacamos tajada por todos lados: hacemos negocio con los inmigrantes aquí (aprovechando su mano de obra barata) y con las medidas supuestamente dirigidas a evitar que vengan. Pero, eso sí, que no voten y a ser posible ni siquiera opinen mucho...

Yo tampoco tengo la respuesta. Pero creo que todos, cada uno desde nuestro ámbito, deberíamos ejercer una ciudadanía responsable y tener especial cuidado con lo que transmitimos desde espacios especialmente trascendentes. Y la Iglesia no debería ser menos.


<< VOLVER AL SUMARIO SUBIR^