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 Octubre 2006. nº 231 - OPINIÓN - CARTAS DE LOS LECTORES Y LAS LECTORAS

Adiós a un obispo que ríe

Sucedió hace un mes. Salíamos de la parroquia, se habían confirmado cuatro jóvenes y había presidido la celebración Don José. Se me acercó una mujer amiga, de cerca de cuarenta años, inteligente, inquieta, crítica, buscadora de Dios y espontánea en sus afirmaciones y gestos, me dijo: ¡Qué bien me he sentido! ¿Te has fijado que el obispo reía en muchos momentos de la celebración siguiendo el relato de los chicos? Y además, no era una sonrisa paternalista, reía con naturalidad. Ya estoy cansada de ver a los obispos con cara de enfadados.

Esto no es un artificio literario, sucedió así como lo cuento.

Cuando me he enterado del traslado a Huelva de don José, la primero que me vino a la mente fue el comentario de la inteligente y buena mujer de mi parroquia. Se nos marcha un obispo que ríe; un obispo con lagunas, algunos hemos querido que fuese más decidido, que escogiese caminos más arriesgados, que potenciase más algunas líneas de pastoral...; pero son fallos que quedan compensados, porque es un obispo que se ríe.

Una persona que se ríe es una persona con humanidad, no encorsetada, esperanzada, alguien que sabe apreciar la grandeza de las pequeñas cosas de la vida y las vive como regalo de Dios, que va a lo profundo de la realidad y ve todas las criaturas con buenos ojos, alguien que se identifica con la narración del Génesis: <<Y vio Dios que todo era bueno>>

Don José es una persona con esperanza; a veces me ha corregido diciendo: no hay que ser optimistas, hay que ser esperanzados. El optimismo tiene el peligro de negar y desfigurar la realidad, la esperanza es más radical, a pesar de las capas negras, sabe ir más al fondo, ama, confía y espera.

Se nos va don José con el que, más que por la amistad, me siento unido por el respeto, la admiración y el cariño. Diferencias coyunturales o de práctica pastoral unas cuantas, respeto, admiración y unidad radical mucho más.

La risa no interesada, sincera, quizá no puntúe mucho para <<hacer carrera>>; pero siga haciendo la carrera del Buen Pastor, siga sonriendo en Huelva.

Después de una despedida, viene un deseo. Un deseo para la Diócesis de Santander y Mena. Queremos un obispo esperanzado, un obispo que ría con naturalidad; lo demás se dará por añadidura. No hace falta que quiera saber tanta Teología como Hans Küng o Joseph Ratzinger, ni tanto Derecho Canónico como los jefes de los Dicasterios Romanos. Un obispo que ría y considere que el mayor tesoro es el cultivo de la Fe, la Esperanza y la Caridad.

Avelino Seco Muñoz
Sacerdote diocesano.
Santander (Cantabria).
(1) (Texto tomado de la sección de cartas al director del periódico "El diario montañés” de Santander, el 23-7- 2006 y enviado a
alandar por Matías Aurelio Güemes Peña. maureliogp@ono.com)


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Llueve En Etiopia…

Son las 2.35 de la tarde y esta lloviendo. Una lluvia lo suficiente fuerte como para despertarme de mi sueño, pero no lo larga y constante como para despertar por fin los campos. Se oyen los truenos rugir como si se estuvieran quejando y gritando que se les escuche. Puede que se hayan cansado ya de hablar, de susurrar, de pedir, de esperar y sientan que ahora necesitan ser escuchados, o simplemente, puede que lo hagan para hacerse sentir, para que notemos su presencia.

¿Por qué a veces somos tan egoístas que no queremos mirar? ¿Por qué no nos paramos a observar a las personas que tenemos al lado? Acaso sabemos cómo se sienten, sus miedos, dificultades, sueños, ilusiones…. o ¿somos tan miedosos que creemos que con nuestro dolor es suficiente y que no somos capaces de tolerar más sufrimiento?.

Otras veces, en cambio, no permitimos que la persona descubra su propia fortaleza y salimos rápidamente a aliviar lo que creemos que es su carga, quizá, porque su debilidad nos hace a nosotros creernos más fuertes.

Los truenos vuelven a retumbar esta vez incluso con más fuerza que la anterior. El viento sopla y los árboles se mueven con un suave compás. Confían que la lluvia fortalecerá sus raíces, embellecerá sus copas y que el viento mecerá sus hojas cantando al tiempo una suave canción de cuna. ¿Qué es la felicidad?.... Un segundo, un pequeño instante, un desvío en nuestro camino….

Sigue lloviendo y el sol lucha por salir a través de unas nubes cargadas de lluvia. Empieza a brillar con fuerza regalándonos bonitas luces que al reflejarse en las gotas de lluvia parece un juego de pequeños espejos.

Otro trueno, otro, otro… y vuelve a llover con fuerza.

¿Qué son las palabras? ¿Están perdiendo su verdadero sentido? Quizá deberíamos rescatar del olvido el verdadero significado de estas y devolverlas su valor: amor, justicia, paz, solidaridad… Son palabras con fuerza que tendrían que animarnos e invitarnos a cambiar el mundo.

El sol se oculta tras una nube y de repente vuelve la oscuridad. Una oscuridad en calma, tranquila, cálida. Una oscuridad reconfortante y en paz.

Me gusta el sonido de la lluvia. Sentir como esta golpea en el techo de uralita de mi habitación, sentir como alimenta un suelo tan necesitado y a la vez tan agradecido (unas gotas harán que el campo esté verde, fortalecerán los troncos, sanarán las cosechas…)

Quizá tenemos que ser simplemente eso; gotas de agua.

Vuelve a tronar, puede que ahora lo haga con menos fuerza, puede que se sienta mas cansado, pero ahí sigue, haciéndose sentir.

Dos niñas se me acercan con timidez, me miran, las miro y me devuelven una sonrisa que hace volver a brillar el sol. ¿Es esto es la felicidad?

Miradas a través de las cuales podemos descubrir un universo infinito de riquezas, de sabiduría, de miedos, de sueños…. Son estas miradas, ojos que te miran directamente, oscuros pero claros a la vez, transparentes, que te descubren un nuevo mundo.

Gente diferente, todos distintos pero iguales. Todos en una búsqueda incesante, caminando por diferentes e iguales caminos que se entrecruzan para luego volverse de nuevo a separar y así en un caminar constante.

Miedos. Miedo a la indiferencia, a la injusticia, a la discriminación. Miedo a no poder ser nosotros mismos. Miedo a equivocarnos, a hacer daño a los demás, a no ser capaces de mirarnos a los ojos. Miedo a no sentir al otro, a no compartir con el otro. Miedo a dejar de soñar, a no seguir buscando, a olvidarnos del mundo. Miedo a dejar de disfrutar con las pequeñas cosas, a dejar de sentir. Miedo a no tener miedo.

María
Etiopia 2006

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Se retira haciendo camino

Hace poco tiempo, parece como si fuera ayer, llegó a Cartagena una mujer cercana y viva, de mirada profunda y de palabra honda, miraba sin complejos y convencía con los hechos. No hace falta decir su nombre, hablo de una monjita sencilla, rubia, con gafas y de familia bien.

Se apeó en esta ciudad militarizada, de tendencia acomodada, servil y estructurada en guetos, los de Bazán, los de Refinería, los oficiales, los suboficiales,…Ella, con su quehacer diario, ha ido influyendo, día a día, paso a paso, en la sensibilidad de la gente a favor de los inmigrantes, marginados,… con ella surgió “Murcia Acoge” en Cartagena, dependiente de Torre Pacheco..

Nunca buscó protagonismo, ha ido pidiendo ayuda y colaboración a todos y delegando, a la vez, tareas en dicha institución.

Montse ya forma parte del paisaje cartagenero con su cartera llena de documentos para regularizar a los sin papeles. La definiría como la sabiduría andante en forma de mujer.
Sabemos que te llevan, no te vas. Cartagena no va a ser igual sin ti, tu labor seguirá viéndose por doquier, tus semillas seguirán floreciendo, otros intentarán llevar a buen puerto tu proyecto compartido, los inmigrantes, los sin papeles, los marginados.
Montse, Samaritana nacido en Barcelona, te llevan, te vas, mas no nos dejas, estaremos contigo y estarás con nosotros. Te echaremos de menos y nos echarás de menos. Que el Dios de Jesús, que nos unió en muchas nobles tareas, te acompañe siempre. Ha sido un lujo tenerte entre nosotros.

Los que te quieren.
Jose Luis y Encarnita, Pedro Angel y Consuelo, Fica y Antonio con sus hijas, Paco Martínez, Yoyes y Pedro, Mª Angeles y Jose Miguel, Lola y Antonio, Pepe Nicolás, Consuelo(monja), Ana y su hermana, Ildefonso y Mª Luisa, Luis de Miguel y Lola con sus hijos, Enrique de Cari, Telesforo y Pepa, Paco y Dori, Juanjosé y Mª Tere, Ana, Juani, Pedro Méndez y… un largo etc.
Enviado por:
Antonio illán Vicente antonioyfica@ono.com


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¿Qué hacer?

No me hablen del Holocausto ni de las víctimas del nazismo. Que no se merecen que las utilicemos. Que la mejor forma de honrar su memoria no es acumulando niños y mujeres presos en cárceles inhumanas ni matando civiles. Dejemos tranquilos a los muertos de antes y hagamos algo con los muertos de ahora. O mejor, para que ahora no haya más muertos. Y no me exijan que aclare que, por supuesto, además del terrorismo de Estado del gobierno de Israel estoy en contra de todo tipo de terrorismo, y que, por si alguno es tan corto que aún no se ha enterado, criticar la actuación del gobierno y del ejército israelíes no es estar contra el pueblo judío (como estar en contra de la política del cantamañanas de Bush no significa que queme en la hoguera las obras de mis queridos Hemingway, Dos Passos y H. Miller, o las películas de Clint Eastwood y W. Allen, por poner un ejemplo), ni ser antisemita, entre otras cosas porque siempre me han atraído mucho las culturas de los hijos de Sem (árabes y judíos).
Porque es el colmo que para criticar las actuaciones del gobierno de un país (concretamente del país al que nos estamos refiriendo) tengamos primero que hacer no sé cuantas aclaraciones no sea que nos llamen tal o cual cosa, como contaba hace unos días Vargas Llosa en un artículo de un diario nacional. Que aquí en cuanto hablas, ya se sabe, o eres un rojo y masón, o eres amigo de los terroristas. Y ya está bien, hombre, ya está bien.

Beatriz Tostado

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