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Adiós a un obispo que
ríe
Sucedió hace un mes. Salíamos de la parroquia,
se habían confirmado cuatro jóvenes y había
presidido la celebración Don José. Se me
acercó una mujer amiga, de cerca de cuarenta años,
inteligente, inquieta, crítica, buscadora de Dios
y espontánea en sus afirmaciones y gestos, me dijo:
¡Qué bien me he sentido! ¿Te has fijado
que el obispo reía en muchos momentos de la celebración
siguiendo el relato de los chicos? Y además, no
era una sonrisa paternalista, reía con naturalidad.
Ya estoy cansada de ver a los obispos con cara de enfadados.
Esto no es un artificio literario, sucedió así
como lo cuento.
Cuando me he enterado del traslado a Huelva de don José,
la primero que me vino a la mente fue el comentario de
la inteligente y buena mujer de mi parroquia. Se nos marcha
un obispo que ríe; un obispo con lagunas, algunos
hemos querido que fuese más decidido, que escogiese
caminos más arriesgados, que potenciase más
algunas líneas de pastoral...; pero son fallos
que quedan compensados, porque es un obispo que se ríe.
Una persona que se ríe es una persona con humanidad,
no encorsetada, esperanzada, alguien que sabe apreciar
la grandeza de las pequeñas cosas de la vida y
las vive como regalo de Dios, que va a lo profundo de
la realidad y ve todas las criaturas con buenos ojos,
alguien que se identifica con la narración del
Génesis: <<Y vio Dios que todo era bueno>>
Don José es una persona con esperanza; a veces
me ha corregido diciendo: no hay que ser optimistas, hay
que ser esperanzados. El optimismo tiene el peligro de
negar y desfigurar la realidad, la esperanza es más
radical, a pesar de las capas negras, sabe ir más
al fondo, ama, confía y espera.
Se nos va don José con el que, más que por
la amistad, me siento unido por el respeto, la admiración
y el cariño. Diferencias coyunturales o de práctica
pastoral unas cuantas, respeto, admiración y unidad
radical mucho más.
La risa no interesada, sincera, quizá no puntúe
mucho para <<hacer carrera>>; pero siga haciendo
la carrera del Buen Pastor, siga sonriendo en Huelva.
Después de una despedida, viene un deseo. Un deseo
para la Diócesis de Santander y Mena. Queremos
un obispo esperanzado, un obispo que ría con naturalidad;
lo demás se dará por añadidura. No
hace falta que quiera saber tanta Teología como
Hans Küng o Joseph Ratzinger, ni tanto Derecho Canónico
como los jefes de los Dicasterios Romanos. Un obispo que
ría y considere que el mayor tesoro es el cultivo
de la Fe, la Esperanza y la Caridad. Avelino
Seco Muñoz
Sacerdote diocesano.
Santander (Cantabria).
(1) (Texto tomado de la sección de cartas al director
del periódico "El diario montañés”
de Santander, el 23-7- 2006 y enviado a alandar
por Matías Aurelio Güemes Peña. maureliogp@ono.com)
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Llueve En Etiopia…
Son las 2.35 de la tarde y esta lloviendo. Una lluvia
lo suficiente fuerte como para despertarme de mi sueño,
pero no lo larga y constante como para despertar por fin
los campos. Se oyen los truenos rugir como si se estuvieran
quejando y gritando que se les escuche. Puede que se hayan
cansado ya de hablar, de susurrar, de pedir, de esperar
y sientan que ahora necesitan ser escuchados, o simplemente,
puede que lo hagan para hacerse sentir, para que notemos
su presencia. ¿Por qué a veces
somos tan egoístas que no queremos mirar? ¿Por
qué no nos paramos a observar a las personas que
tenemos al lado? Acaso sabemos cómo se sienten,
sus miedos, dificultades, sueños, ilusiones….
o ¿somos tan miedosos que creemos que con nuestro
dolor es suficiente y que no somos capaces de tolerar
más sufrimiento?.
Otras veces, en cambio, no permitimos que la persona descubra
su propia fortaleza y salimos rápidamente a aliviar
lo que creemos que es su carga, quizá, porque su
debilidad nos hace a nosotros creernos más fuertes.
Los truenos vuelven a retumbar esta vez incluso con más
fuerza que la anterior. El viento sopla y los árboles
se mueven con un suave compás. Confían que
la lluvia fortalecerá sus raíces, embellecerá
sus copas y que el viento mecerá sus hojas cantando
al tiempo una suave canción de cuna. ¿Qué
es la felicidad?.... Un segundo, un pequeño instante,
un desvío en nuestro camino….
Sigue lloviendo y el sol lucha por salir a través
de unas nubes cargadas de lluvia. Empieza a brillar con
fuerza regalándonos bonitas luces que al reflejarse
en las gotas de lluvia parece un juego de pequeños
espejos.
Otro trueno, otro, otro… y vuelve a llover con fuerza.
¿Qué son las palabras? ¿Están
perdiendo su verdadero sentido? Quizá deberíamos
rescatar del olvido el verdadero significado de estas
y devolverlas su valor: amor, justicia, paz, solidaridad…
Son palabras con fuerza que tendrían que animarnos
e invitarnos a cambiar el mundo.
El sol se oculta tras una nube y de repente vuelve la
oscuridad. Una oscuridad en calma, tranquila, cálida.
Una oscuridad reconfortante y en paz.
Me gusta el sonido de la lluvia. Sentir como esta golpea
en el techo de uralita de mi habitación, sentir
como alimenta un suelo tan necesitado y a la vez tan agradecido
(unas gotas harán que el campo esté verde,
fortalecerán los troncos, sanarán las cosechas…)
Quizá tenemos que ser simplemente eso; gotas de
agua.
Vuelve a tronar, puede que ahora lo haga con menos fuerza,
puede que se sienta mas cansado, pero ahí sigue,
haciéndose sentir.
Dos niñas se me acercan con timidez, me miran,
las miro y me devuelven una sonrisa que hace volver a
brillar el sol. ¿Es esto es la felicidad?
Miradas a través de las cuales podemos descubrir
un universo infinito de riquezas, de sabiduría,
de miedos, de sueños…. Son estas miradas,
ojos que te miran directamente, oscuros pero claros a
la vez, transparentes, que te descubren un nuevo mundo.
Gente diferente, todos distintos pero iguales. Todos en
una búsqueda incesante, caminando por diferentes
e iguales caminos que se entrecruzan para luego volverse
de nuevo a separar y así en un caminar constante.
Miedos. Miedo a la indiferencia, a la injusticia, a la
discriminación. Miedo a no poder ser nosotros mismos.
Miedo a equivocarnos, a hacer daño a los demás,
a no ser capaces de mirarnos a los ojos. Miedo a no sentir
al otro, a no compartir con el otro. Miedo a dejar de
soñar, a no seguir buscando, a olvidarnos del mundo.
Miedo a dejar de disfrutar con las pequeñas cosas,
a dejar de sentir. Miedo a no tener miedo. María
Etiopia 2006
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Se retira haciendo camino
Hace poco tiempo, parece como si fuera ayer, llegó
a Cartagena una mujer cercana y viva, de mirada profunda
y de palabra honda, miraba sin complejos y convencía
con los hechos. No hace falta decir su nombre, hablo de
una monjita sencilla, rubia, con gafas y de familia bien.
Se apeó en esta ciudad militarizada, de tendencia
acomodada, servil y estructurada en guetos, los de Bazán,
los de Refinería, los oficiales, los suboficiales,…Ella,
con su quehacer diario, ha ido influyendo, día
a día, paso a paso, en la sensibilidad de la gente
a favor de los inmigrantes, marginados,… con ella
surgió “Murcia Acoge” en Cartagena,
dependiente de Torre Pacheco..
Nunca buscó protagonismo, ha ido pidiendo ayuda
y colaboración a todos y delegando, a la vez, tareas
en dicha institución.
Montse ya forma parte del paisaje cartagenero con su cartera
llena de documentos para regularizar a los sin papeles.
La definiría como la sabiduría andante en
forma de mujer.
Sabemos que te llevan, no te vas. Cartagena no va a ser
igual sin ti, tu labor seguirá viéndose
por doquier, tus semillas seguirán floreciendo,
otros intentarán llevar a buen puerto tu proyecto
compartido, los inmigrantes, los sin papeles, los marginados.
Montse, Samaritana nacido en Barcelona, te llevan, te
vas, mas no nos dejas, estaremos contigo y estarás
con nosotros. Te echaremos de menos y nos echarás
de menos. Que el Dios de Jesús, que nos unió
en muchas nobles tareas, te acompañe siempre. Ha
sido un lujo tenerte entre nosotros. Los
que te quieren.
Jose Luis y Encarnita, Pedro Angel y Consuelo, Fica y
Antonio con sus hijas, Paco Martínez, Yoyes y Pedro,
Mª Angeles y Jose Miguel, Lola y Antonio, Pepe Nicolás,
Consuelo(monja), Ana y su hermana, Ildefonso y Mª
Luisa, Luis de Miguel y Lola con sus hijos, Enrique de
Cari, Telesforo y Pepa, Paco y Dori, Juanjosé y
Mª Tere, Ana, Juani, Pedro Méndez y…
un largo etc.
Enviado por:
Antonio illán Vicente antonioyfica@ono.com
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¿Qué hacer?
No me hablen del Holocausto ni de las víctimas
del nazismo. Que no se merecen que las utilicemos. Que
la mejor forma de honrar su memoria no es acumulando niños
y mujeres presos en cárceles inhumanas ni matando
civiles. Dejemos tranquilos a los muertos de antes y hagamos
algo con los muertos de ahora. O mejor, para que ahora
no haya más muertos. Y no me exijan que aclare
que, por supuesto, además del terrorismo de Estado
del gobierno de Israel estoy en contra de todo tipo de
terrorismo, y que, por si alguno es tan corto que aún
no se ha enterado, criticar la actuación del gobierno
y del ejército israelíes no es estar contra
el pueblo judío (como estar en contra de la política
del cantamañanas de Bush no significa que queme
en la hoguera las obras de mis queridos Hemingway, Dos
Passos y H. Miller, o las películas de Clint Eastwood
y W. Allen, por poner un ejemplo), ni ser antisemita,
entre otras cosas porque siempre me han atraído
mucho las culturas de los hijos de Sem (árabes
y judíos).
Porque es el colmo que para criticar las actuaciones del
gobierno de un país (concretamente del país
al que nos estamos refiriendo) tengamos primero que hacer
no sé cuantas aclaraciones no sea que nos llamen
tal o cual cosa, como contaba hace unos días Vargas
Llosa en un artículo de un diario nacional. Que
aquí en cuanto hablas, ya se sabe, o eres un rojo
y masón, o eres amigo de los terroristas. Y ya
está bien, hombre, ya está bien.
Beatriz Tostado |
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