Cristianismo y bioética
Asociación de Teólogos y Teólogas
Juan XXIII
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Otro Congreso de Teología,
y ya van 26, se ha celebrado entre lo días
7 y 10 de septiembre pasado. En el número
anterior de alandar publicamos un resumen de la
Conferencia que Juan Masía impartió.
Hoy publicamos el Mensaje de clausura y un pequeño
reportaje gráfico de lo que allí se
vivió Mensaje
de clausura
La teología puede sumarse al movimiento de
diálogo interdisciplinar de la bioética,
búsqueda común de valores, pero sin
arrogarse el derecho de intromisión para
dictar normas de moralidad de la sociedad civil.
La bioética puede sumarse al movimiento de
diálogo interreligioso, que se está
llevando a cabo en la teología, para ayudar
a transformar, a la vista de nuevos datos, algunos
de sus paradigmas y conclusiones; pero sin imponer
exclusivamente interpretaciones de sentido sobre
la vida y la muerte, el dolor, la salud o la enfermedad.
En el contexto de la sociedad plural y secular,
las personas creyentes pueden participar en la conversación
pública sobre bioética, conjugando
su propia fe con el talante de diálogo en
medio de situaciones interculturales e interreligiosas. |
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Decálogo
1. Nos sumamos al movimiento de diálogo interdisciplinar
de la bioética como conversación pública
para buscar en común respuestas a los retos que
plantea el cuidado de la vida en la era biotecnológica.
2. Para converger en una ética auténticamente
global nos ponemos a la escucha de perspectivas diferentes
mediante el diálogo intercultural.
3. Esperamos de la diversas religiones que se sumen a
esta búsqueda en común de valores de cara
al futuro de la vida y de la humanidad. Respetaremos la
pluralidad, sumándonos a la búsqueda común
de convergencias en valores para garantizar responsablemente
el futuro de la vida y la humanidad.
4. Las actitudes aprendidas en el evangelio de Jesús
nos motivan especialmente para apoyar una ética
de la gratitud responsable, preocupada por el cuidado
de toda vida. Proponemos, sin imponerlas, alternativas
para el cuidado de la vida desde la perspectiva del evangelio
de Jesús, con tal de hacerlo en el momento oportuno
y con tolerancia constructiva. Pero al contribuir a un
diálogo plural desde las perspectivas evangélicas,
no concentraremos la aportación de esta tradición
en citas de documentos eclesiásticos oficiales.
5. La acogida responsable del proceso humano de nacer
ha de realizarse en el marco del respeto a la dignidad
y derechos de la mujer en lo relativo a la reproducción.
Reconoceremos la necesidad de revisar a fondo la propia
tradición por lo que se refiere a los enfoques
sobre género, sexo y relaciones humanas, para superar
los límites de una teología demasiado condicionada
por pesimismos, maniqueísmos, estoicismos o puritanismos.
6. El acompañamiento responsable del proceso humano
de morir incluye el respeto de decidir como vivir la fase
final de este proceso digna y autónomamente. Haremos
por redescubrir y reapreciar elementos olvidados de la
propia tradición terapéutica corpóreo-espiritual;
por ejemplo, asumir la muerte y tomar autónomamente
las riendas del proceso de morir. Pero tendremos presentes
las deficiencias de la propia tradición por lo
que se refiere a las escisiones dualistas entre el ser
humano y la naturales o entre lo corporal y lo psíquico;
para poder recrear una teología de la creación
capaz de valorar y liberar la tierra, el cuerpo y la vida.
7. No se debe un ídolo del dolor, hay que fomentar
su alivio y asegurar el acceso por igual a los cuidados
paliativos.
8. Es responsabilidad ética apoyar la investigación
científica para curar, mejorar y proteger la calidad
del vivir. Reconoceremos la necesidad de soltar lastre
de la propia tradición, para que no naufrague una
teología que durante demasiado tiempo ha minusvalorado
la tecnociencia.
9. Admirando y agradeciendo los avances científicos,
fomentaremos las aplicaciones de la investigación
al servicio de lo terapéutico. Pero el cuidado
de la vida ha de extenderse al conjunto de los vivientes
y ecosistemas.
10. El cuidado de la vida ha de incluir también
la responsabilidad hacia las generaciones futuras. Por
eso tendremos siempre las preguntas motrices del movimiento
bioético: “¿Es responsable y merece
la pena hacerse cuanto puede técnicamente hacerse?
¿Para beneficio de quiénes serán
los logros?” Así, enfocaremos cualquier problema
bioético, captando su aspecto de problema social.
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