Extender la revolución
cubana
Benjamín Forcano
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Desde que la salud de Fidel es un secreto de Estado,
son muchas las opiniones que se limitan a describir
las miserias de la revolución cubana y más
los deseos de que acabe quien la ha sojuzgado por
casi cincuenta años. No encuentro análisis
de la historia de la revolución con sus sueños,
sus gentes, sus vaivenes internacionales, sus logros
y fracasos.
Las opiniones de hoy son casi todas contra Fidel
y atizan la idea interesada de la democratización
de Cuba. Nadie narra lo realizado por la revolución,
bueno o malo. Es un presupuesto indiscutible que
la revolución cubana es toda ella una dictadura
cruel, encarnada en Castro. Y contra esa dictadura
vale todo, no hay concesiones, sino anatemas contundentes.
Yo me alejo de las cantinelas de una y otra parte.
No me interesan las sentencias totalitarias al estilo
de Vargas Llosa. No hacen justicia a la realidad.
El itinerario histórico de la revolución
cubana es otro. |
¿Qué han investigado ideólogos a
lo Vargas Llosa sobre los bloqueos, chantajes, mentiras
y sobre las luchas, sufrimientos y heroísmos de
la popular revolución cubana? Porque la revolución
cubana no es sólo Fidel, ni se ventila con acabar
con él. Hay todo un pueblo detrás y, para
acabarla, hay que acabar con todo un pueblo.
Me comportaría neciamente si me conformarse con
oír que el régimen de Fidel Castro es una
dictadura o una democracia al estilo occidental. Fidel
Castro ha podido creer indispensable su perpetuación
en el poder. Y tiene, seguramente, razones para ello.
Porque nadie como él ha conocido la voluntad de
acabar con la revolución cubana desde la política
norteamericana y nadie como él ha decidido luchar
contra esa voluntad. Antonio Gades dijo: “A Cuba
no se le perdona el que haya hecho una revolución
popular y haberse mantenido firme, sin claudicar, frente
al país más poderoso de la tierra”.
Haga lo que haga, esta revolución recibió
sentencia de muerte desde el principio bajo el pretexto
de ser aliada del comunismo internacional, de la URSS
y de constituir una amenaza para la seguridad nacional,
la democracia, los derechos y las libertades humanas.
En contra de todas las resoluciones de la ONU, Estados
Unidos mantiene años tras año su bloqueo
contra Cuba.
Históricamente aparece claro el destino que Estados
Unidos reserva a Cuba: “Cuba sólo puede gravitar
políticamente hacia la Unión Norteamericana”
(Adams).
La realidad es que Europa no ha mirado a Cuba con respeto
y equidad antes de dictar medidas punitivas contra ella.
En tiempo del gobierno de Aznar, “Estados Unidos
vio cómo la Unión Europea se plegaba a las
condiciones impuestas sobre la ley Helms-Burton”
(El País, 13 de Noviembre de 1996). Las
cifras hablan
El progreso y bienestar de un pueblo se miden a base de
índices objetivos. Pueden verse los de Cuba en
relación con otros países de América
Latina: analfabetismo: 0,2 contra 11,7 %; escolarización
en la Enseñanza Primaria: 100 por 100 contra 92
%; alumnos que alcanza quinto grado: 100 por 100 contra
un 76 por %; mortalidad infantil por cada mil nacidos
vivos: 6,2 % contra un 32 %; incidencia anual de SIDA
por un millón de habitantes: 15,6 % contra 65,25;
calidad de educación sobre una evaluación
de 12 países en lenguaje y matemática: 25
% contra 60,80 %; industria farmacéutica: “Cuba
posee una industria farmacéutica de las más
avanzadas de América Latina y marcha a la vanguardia
en cuanto a la producción de productos farmacéuticos
y vacunas que se venden en el mundo” (John Bolton,
subsecretario de Estado, poco antes del 11 de septiembre).
En el campo de la investigación, Cuba dispone ya
de 500 patentes, depositadas en el exterior, algunas de
ellas galardonadas con la Medalla de la Organización
Mundial de la Propiedad intelectual. Y está sacando
al mercado más de 50 nuevos productos entre biofármacos,
vacunas y diagnósticos.
En los 47 años
de revolución más de 34. 307 médicos
y trabajadores de la salud han prestado servicios
gratuitos en gran número de países.
Actualmente, son más 2.700 los que cumplen
su misión en lugares apartados e inhóspitos
de América Latina, El Caribe y África.
Procedentes de 120 países del Tercer Mundo,
39.800 jóvenes se han graduado en Cuba en
33 especialidades universitarias y técnicas.
Y hoy, a pesar del bloqueo, más de 8.000
jóvenes de América Latina, El Caribe
y África cursan estudios de Medicina en Cuba
– carrera que en EE.UU. cuesta más
de 200.000 dólares- sin pagar un centavo.
Incluso jóvenes norteamericanos, sin recursos
para estudiar Medicina, han recibido cientos de
becas en la Escuela Latinoamericana de Ciencias
Médicas. Últimamente, en Venezuela
y Nicaragua, son decenas de miles los ciudadanos
que mediante la “operación milagro”
están recuperando en Cuba la vista. |
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¿A cuánto no se rebajaría la
dictadura económica de la Unión Europea
y de EE.UU. si, a ejemplo de Cuba, sus democracias practicasen
la solidaridad con los países más explotados?
¿Demuestran con su realpolitik ser más demócratas
que Cuba?
A la revolución cubana se la juzga sólo
por la falta de libertad y de pluralismo político.
Implantar la libertad es deber y tarea incesante de toda
política, pero instalarla a base de entronizar
privilegios y monopolios de poderosas minorías,
equivale a sacrificar bienes y derechos fundamentales
de la población, lo que es una enorme injusticia.
Los datos aportados pertenecen a la revolución
cubana –no sé cosa igual de ninguna dictadura-
y brotan del espíritu de Fidel, del Che, de Camilo
y de otros miles de revolucionarios que sienten la dignidad
de ser libres y de colaborar a la emancipación
y justicia de los países pobres, en medio de un
pertinaz acoso y aislamiento internacional. La
ética y el derecho
La revolución de Cuba, con Fidel y a pesar de él,
sigue en pie y es emblema para los que todavía
sueñan con una sociedad donde la economía
no prime sobre la ética y el derecho. En Cuba,
se necesita una regeneración colectiva, donde las
conciencias, sin abdicar del inmenso potencial solidario
inculcado por la revolución, reivindiquen el protagonismo
de su dignidad, el derecho a obrar como personas libres
o, en todo caso, a ser activos y responsables militantes
en el Partido como espacio para impulsar los derechos
de la persona y los intereses de las mayorías.
¿Sólo en Cuba hay falta de libertades?
¿Cuántos desmanes y cadáveres hemos
visto a lo largo y ancho del Tercer Mundo y en países
denominados democráticos en América latina?
Siempre he pensado que ninguno de los dos dilemas es deseable:
ni la libertad sin justicia, ni la justicia sin libertad.
No es bueno socializar la justicia a base de hipotecar
los sueños de libertad; ni es bueno socializar
la libertad a base de hipotecar los sueños de justicia.
El neoliberalismo está por la socialización
de la libertad, porque sabe que siempre acaba siendo libertad
de los más fuertes. Y el socialismo está
por la socialización de la justicia, con propensión
al secuestro de la libertad. Pero, en nuestra América
latina la bandera de la libertad esgrimida por los poderosos
ha servido casi siempre para aplastar la justicia y acabar
con la liberación.
Me parece entrever, cuando paseo por las calles de La
Habana, el esplendor apagado de una revolución,
la tragedia de una población que vibró por
un ideal de justicia y hermandad, y que luego los amos
extranjeros del capital le obligaron a mermar y desdeñar,
no fuera que se hiciera verdad y los pueblos despertaran
del sueño de unas democracias aparentes, celebradas
como gobierno del pueblo. La revolución era demasiado
bonita, demasiado solidaria, demasiado temible para mentes
obsesivamente individualistas. El culto del individualismo
no tolera en Occidente los aires frescos de un proyecto
social más igual y comunitario. Ese proyecto, añorado
en el fondo por todos, pasa a ser proscrito, porque se
ha impuesto feroz la lucha de unos contra otros. No la
justicia, el amor y la libertad de todos, sino la libertad
de unos pocos a costa de la servidumbre de muchos.
Eso es, por más que me lo nieguen, lo que crepita
en el rescoldo de la revolución cubana y es lo
que, a mí por lo menos, me hace defenderla críticamente
en contra de retóricos detractores, que no han
vislumbrado nunca las grandes causas, porque nunca han
sabido compartir la dignidad y altivez de quienes una
y otra vez fueron relegados al cubo de basura de la historia.
¿A qué dictaduras, de las de verdad, no
han entrenado, aupado y consolidado las políticas
colonizadoras e imperialistas? ¿Y a cuántas
de esas dictaduras han dedicado los demócratas
sus esfuerzos de crítica, de lucha y derribo, como
los demostrados contra Cuba? La traducción
de la utopía
La revolución cubana sigue resistiendo. Pero, la
resistencia no es norma que debe instalarse como algo
habitual en la convivencia de un pueblo. Las utopías
necesitan traducirse en hechos, como ya ha ocurrido en
parte en Cuba, pero necesitan también unas condiciones
socioeconómicas, culturales y políticas
normales, lejos de la forzada vigilancia de un Estado
acosado y agredido y lejos sobre todo de unos Estados
neoliberales que patrocinan la voracidad de las multinacionales
y el dominio de los grupos de poder. Cuba necesita que
le dejen ensayar un nuevo modelo, desde la experiencia
y larga defensa de su soberanía, por su sentido
altamente socio-comunitario y por su excelsa solidaridad
con los países más pobres.
El Estado, bajo cualquiera de sus acepciones, no puede
suplantar a la persona ni mutilar sus recónditos
anhelos de participación y protagonismo social.
Como decía el Che el hombre nuevo debe forjarse
a base de troquelar la conciencia con profundos estímulos
morales, los cuales le impiden convertirse en marioneta
de cualquier poder político. El poder político
no tiene sentido en sí ni para sí, sino
que emerge de la comunidad y es a ella a la que sirve
teniendo como base y límite de su actuación
la dignidad humana y sus derechos.
Quien ame a la revolución cubana reconocerá
que en la Cuba actual asoma un malestar interno, que delata
fuerte insatisfacción entre Régimen-Gobierno
y Sociedad. Los revolucionarios deben ser creativos en
la búsqueda de salidas a la situación actual.
Lo cual no se puede llevar a cabo sin terminar por completo
el vergonzoso bloqueo que impide una política serena
y razonable.
En este sentido, los cubanos no quieren ser liberados
a base de liquidar su soberanía, ni pueden depender
en su economía, como ahora está ocurriendo,
de las remesas exteriores familiares ni de las compras
sucesivas a los granjeros norteamericanos. El cubano debe
encontrar dentro de su país condiciones positivas
y estables para su realización y no sentirse tentado
de abandonar su patria. Tal cosa es imposible mientras
no se logre la autodeterminación económica
de los cubanos y los coloque fuera de la interacción
económica mundial. Y no es menos importante asegurar
también los derechos humanos dentro de una convivencia
plural, políticamente hablando. Pero, ¿cómo
enfrentar este desafío?
Se trata -y en esto me limito a detectar ideas y deseos
susurrados entre muchos cubanos- de desactivar todos los
conflictos, preparando el terreno para una transición
pacífica. Y esto supone un diálogo inclusivo,
que abra el hogar nacional a todos y, como condición
primera indispensable, la salvaguarda del valor de la
independencia y soberanía de Cuba y de los cubanos.
Independencia y democratización
El paso hacia una transición tranquila –
sigo escuchando esos crecientes susurros- debe satisfacer
una serie de requisitos, que actuarán como garantía
de una real propuesta. Los requisitos son: la gradualidad,
la confianza, la moderación, la inclusión
positiva y la seguridad colectiva. Gradualidad en cambios
escalonados que permitan establecer prioridades y ciertos
cambios básicos; confianza que considera el proceso
de cambio como necesario y positivo para todos; moderación
que apunta a metas posibles, mediante un diálogo
que evita la descalificación y toda confrontación
estéril; inclusión positiva, que trata de
ir a favor de todos; seguridad colectiva, que asienta
como intocable la soberanía de Cuba y su no aislamiento
en la comunidad internacional.
Los cubanos entienden que la revolución debe avanzar
hacia una mayor democratización, pero sin que eso
suponga entrar en la condición de una democracia
asistida. Independencia y democratización son dos
pilares inseparables.
Desde una apuesta por el futuro, se pueden diseñar
unas bases que garanticen la transición pacífica
de Cuba, a base de un gran acuerdo. Acuerdo de todos:
1. Que haga que la transición se haga sin la injerencia
de potencia extranjera alguna.
2. Que imposibilite cualquier ajuste de cuentas por agravios
pasados y permita resolver y sellar las fracturas políticas
y culturales.
3. Que asegure a los actuales inquilinos o usufructuarios
la propiedad de sus bienes.
4. Que excluya toda forma de terrorismo, preserve la integridad
de la persona y condene todo acto de violencia.
5. Que asegure un consenso para preservar las instituciones
de servicio actualmente existentes y ponga en práctica
políticas desde el Estado o Sociedad civil contra
las fracturas y exclusiones sociales presentes y futuras.
6. Que reconozca el diálogo como vía para
resolver las diferencias y conflictos.
Desde estas bases, Cuba y la comunidad internacional debieran
apoyar esta transición pacífica, que comenzaría
por aplicar las siguientes medidas: 1. Liberación
incondicional de todos los prisioneros políticos
y de conciencia. 2. Promover la creación de una
Comisión Nacional de Derechos Humanos. 3. Promover
la cooperativización extensiva de los servicios,
permitir la inversión de los capitales que poseen
los cubanos y ampliar las categorías del Trabajo
por Cuenta Propia. 4. Promover y apoyar el reconocimiento
público y social de un Diálogo y Consulta
Nacionales sobre Independencia, Soberanía y Democratización
en Cuba. 5.Promover una acción ciudadana de soberanía
preventiva. 6. Desplegar una diplomacia activa para recabar
apoyo a esta Propuesta Global. |