Leo esta oda a la pacificación y no se por qué
me viene tan rápidamente a la cabeza (malditas
conexiones neuronales tan impertinentes) la situación
mundial que estamos viviendo. Especialmente la vivida
en los últimos meses en Beirut, con pacificadores
apuntando a pacificar y pacifistas que se resisten. Leo
esta oda y me recuerda a esos cascos azules armados hasta
los dientes que han ido a Oriente Próximo a garantizar
con sus armas (¿quien se las fabricó? ¿Quién
se las vendió?) que hay paz entre los hermanos.
La ONU piensa que esa es la solución. La fuerza
multinacional de soldados entrenados para pacificar por
la fuerza a quien no se deje pacificar es el recurso que
unos países con intereses más que interesados
en la zona utilizan para justificar sus afanes pacificadores.
Como en Afganistán, en Irak, en el Sahara…Como
hicieron en Somalia en aquel primer desembarco mediático
retransmitido en directo.
Siempre que se vuelve a “poner de moda” el
conflicto árabe-israelí-palestino-judío
como ha pasado este reciente verano, me acuerdo de una
cena que Franky el brasileño nos organizó
en el 2002, en Portoalegre. Poneos en situación.
Brasil, buen clima, calorcito, de noche, un restaurante
pequeñito, con un patio, amigos de varios países,
Jairo toca la guitarra suavemente. Dos cocineros, uno
palestino, el otro judío israelí. Nos van
pasando platos con arroz, hojas de parra, garbanzos, cominos,
dátiles, carne picada especiada, piñones,
panes sin levadura, leche, pepino….Era una cena
de las culturas, era una cena de paz. Por el estomago
nos conquistaron. El primer plato árabe, el segundo
judío, el postre hecho a alimón entre los
dos. Luego hubo bailes y palmas, risas….. Por la
música nos volvieron a convencer. El mundo es un
mundo más habitable si comemos, bebemos y festejamos
juntos (¿pascua? ¿eucaristía?...en
el fondo una mesa/ sobremesa compartida entre amigos)
¿De verdad creemos que la solución
a este enfrentamiento (last but not least que
dirían los ingleses) entre Israel y el mundo árabe
es el envío de tropas pacificadoras a golpe de
fusil? No soy experto en política internacional,
pero estoy seguro que estos pacificadores de casco azul
ganarían mucho más si llevaran en sus manos
un libro de recetas de cocina, una guitarra, un pastelito
de pistachos y miel.
Recomiendo vivamente que, para profundizar un poco más
en esto y ver un testimonio real, cercano, cálido,
entrañable, busquéis y veáis el documental
Promises, dirigido por Justine Shapiro y B.Z. Goldberg.
Trata simplemente de lo complicado que es crecer en Jerusalén
cuando tienes 7, 10 años. Siete niños (el
aprendiz de rabino ortodoxo, el palestino guerrillero
hijo de la intifada, el obeso niño de los asentamientos,
los gemelos adolescentes consumistas de ropa y deportivos….)
Aunque los niños viven a sólo veinte minutos
de distancia entre sí, habitan en mundos radicalmente
diferentes, prácticamente incomunicados. No desvelo
el final si os digo que (fruto de nuestro tiempo eso sí)
lo que al final une a estos niños, con, miedo,
con recelos, con odio, con ganas de salir de esa situación
es compartir… ¡una pizza! |