Hablemos de inmigración
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En este país sufrimos de desmemoria. Un
correo electrónico con un impresionante recorte
de periódico recorría miles de ordenadores
durante el mes de septiembre: “Apresados en
Venezuela 160 inmigrantes ilegales canarios”.
La noticia databa del año 1949 y nos devolvía
a un pasado no tan lejano que parecemos haber olvidado
por completo. Ahora que presumimos de ser una de
las diez naciones más ricas del mundo, la
‘sana’ aspiración de miles de
seres humanos que sufren la pobreza en el Sur del
planeta de participar en la fiesta del consumo,
se ve como una afrenta, como un peligro, como un
problema. |
Manuel Rivas, el maravilloso escritor gallego, escribía
hace unas semanas un artículo en el que, entre
otras verdades como puños, afirmaba: “Se
ha establecido la peor asociación posible en nuestro
campo verbal: inmigración = a problema (...) Hay
problemas, claro, en torno a la inmigración. Fundamentalmente
los que sufren los propios inmigrantes. Los que se juegan
la vida por llegar, los explotados de forma esclavista”.
En la declaración final del II Foro Social Mundial
de las Migraciones, continuación del de Porto Alegre,
que se celebró el pasado mes de junio en Rivas
Vaciamadrid, se recordaba para los más olvidadizos
que: “La migración es un proceso que tiene
lugar, en este momento, en el marco de la globalización
y no puede ser analizado fuera de ésta. No se debe
por tanto abordar como un tema exclusivamente de fronteras
o de puertas para adentro, sino que es un proceso económico,
político, cultural y social relacionado directamente
con los efectos que el modelo capitalista neoliberal impuesto
genera mundialmente”.
Se ha empezado este curso político colocando en
la picota a las personas inmigrantes. Se las culpa de
casi todos los males que sufrimos y, de milagro, no se
les hace cómplices de la muerte de Manolete. Eso
sí, cuando conviene, ahí están nuestros
políticos sacando réditos. Amparados por
la ‘bruma informativa’ del verano, miembros
del Gobierno dejaron caer la posibilidad de que una modificación
de la ley electoral permita votar a los ciudadanos regularizados
de cinco naciones latinoamericanas. La carrera en la lucha
por el voto inmigrante ya ha empezado aunque amenaza con
ahondar la diferencia entre los inmigrantes de primera
clase, aquellos que tienen DNI, y los parias, el resto
que sueña con conseguir los ansiados ‘papeles’.
Desde alandar queremos contribuir a un
debate sereno, documentado y, sobre todo, plagado de fundamentos
evangélicos, que permita abordar el tema de la
inmigración. Por ello iniciamos una serie de reportajes
y artículos que, esperamos, ayuden a valorar en
su justa medida la riqueza que supone acoger, compartir
y conocer aquellas personas que llegan a España
buscando un futuro mejor.
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