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 Octubre 2006. nº 231 - TEMA DE PORTADA

Hablemos de inmigración

En este país sufrimos de desmemoria. Un correo electrónico con un impresionante recorte de periódico recorría miles de ordenadores durante el mes de septiembre: “Apresados en Venezuela 160 inmigrantes ilegales canarios”. La noticia databa del año 1949 y nos devolvía a un pasado no tan lejano que parecemos haber olvidado por completo. Ahora que presumimos de ser una de las diez naciones más ricas del mundo, la ‘sana’ aspiración de miles de seres humanos que sufren la pobreza en el Sur del planeta de participar en la fiesta del consumo, se ve como una afrenta, como un peligro, como un problema.

Manuel Rivas, el maravilloso escritor gallego, escribía hace unas semanas un artículo en el que, entre otras verdades como puños, afirmaba: “Se ha establecido la peor asociación posible en nuestro campo verbal: inmigración = a problema (...) Hay problemas, claro, en torno a la inmigración. Fundamentalmente los que sufren los propios inmigrantes. Los que se juegan la vida por llegar, los explotados de forma esclavista”.

En la declaración final del II Foro Social Mundial de las Migraciones, continuación del de Porto Alegre, que se celebró el pasado mes de junio en Rivas Vaciamadrid, se recordaba para los más olvidadizos que: “La migración es un proceso que tiene lugar, en este momento, en el marco de la globalización y no puede ser analizado fuera de ésta. No se debe por tanto abordar como un tema exclusivamente de fronteras o de puertas para adentro, sino que es un proceso económico, político, cultural y social relacionado directamente con los efectos que el modelo capitalista neoliberal impuesto genera mundialmente”.

Se ha empezado este curso político colocando en la picota a las personas inmigrantes. Se las culpa de casi todos los males que sufrimos y, de milagro, no se les hace cómplices de la muerte de Manolete. Eso sí, cuando conviene, ahí están nuestros políticos sacando réditos. Amparados por la ‘bruma informativa’ del verano, miembros del Gobierno dejaron caer la posibilidad de que una modificación de la ley electoral permita votar a los ciudadanos regularizados de cinco naciones latinoamericanas. La carrera en la lucha por el voto inmigrante ya ha empezado aunque amenaza con ahondar la diferencia entre los inmigrantes de primera clase, aquellos que tienen DNI, y los parias, el resto que sueña con conseguir los ansiados ‘papeles’.

Desde alandar queremos contribuir a un debate sereno, documentado y, sobre todo, plagado de fundamentos evangélicos, que permita abordar el tema de la inmigración. Por ello iniciamos una serie de reportajes y artículos que, esperamos, ayuden a valorar en su justa medida la riqueza que supone acoger, compartir y conocer aquellas personas que llegan a España buscando un futuro mejor.

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