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 Octubre 2006. nº 231 - TEMA DE PORTADA

Los beneficios de los que no se habla
José Luis Corretjé


A finales de 2005 residían en nuestro país tres millones y medio de extranjeros (aquí se contabiliza también a los nacionales de la UE y de Estados Unidos que, como todo el mundo sabe, ‘no pertenecen a la categoría de inmigrantes’), un 8,5% del total de la población española. Estas cifras, que no representan ni mucho menos el porcentaje más alto de la UE (en Francia tienen 4.5 millones y muchos más que son franceses de segunda y tercera generación, nacidos allí, pero que tienen padres y abuelos de otros lugares del mundo y a los que se les criminaliza igual que a los recién llegados).

Sí es verdad que, desde 1995, España ha experimentado el mayor crecimiento de población de la UE. Pero, no es menos cierto que gracias a este aumento vegetativo, también se han cosechado grandes avances de los que se habla muy poco.

Desmontando tópicos

A quienes les encanta emplear el tema de la inmigración como arma electoral (pongamos por caso que nos referimos a los dirigentes del PP) se les llena la boca en sus declaraciones denunciando que un millón y medio de extranjeros sin papeles circulan por nuestra calles y plazas sin oficio ni beneficio. Para estos ‘cafres de la política’, pero no sólo para ellos, no disponer de documentación en regla es sinónimo de delincuencia. Gran parte de estas falacias han terminado calando en amplias capas de la población española que han olvidado con demasiado facilidad cómo sus padres y abuelos vagaban por Bélgica, Suiza y Alemania, hace no muchos años, sufriendo las mismas injustas vejaciones. A continuación, adjuntamos una breve lista de tópicos falsos que se manejan como moneda de cambio cada vez que se habla de inmigración:

Llegan por medios ilegales
Los medios de comunicación publican casi a diario fotos de inmigrantes que llegan en pateras o cayucos. Estas fotos son, en parte, una imagen deformada de la realidad. No porque no sean reales, sino porque dan a entender que la vía marítima sea la forma habitual de entrada de los inmigrantes. Las pateras y los cayucos son el método de entrada en España más llamativo, pero es sin duda el minoritario: no más de un 5%. La gran mayoría de los inmigrantes entran en España a través de los aeropuertos o por las fronteras terrestres con visados turísticos. Éste es el caso de quienes proceden de América Latina y de los países del Este de Europa, que en conjunto representan más de las tres cuartas partes de los inmigrantes.

Se benefician indebidamente de las leyes sociales favorables
Sami Naïr lo deja meridianamente claro en su interesante artículo, publicado en 2001, ‘Cinco ideas falsas sobre la inmigración en España’: “No hay nada más falso. Los inmigrantes que trabajan legalmente en España cotizan a los sistemas de Seguridad Social y de pensiones. El hecho de que perciban los derechos vinculados a estas cotizaciones es simplemente de justicia, ¡al menos si se acepta la idea de que España es un Estado de derecho que rechaza la esclavitud! Por otro lado, resulta evidente que su contribución al sistema de pensiones favorece ante todo a los españoles y supone una ayuda decisiva para el mantenimiento de las mismas. Aquí, la aportación de los inmigrantes es un beneficio absoluto para España. En efecto, la contribución de las nuevas generaciones a la jubilación de las anteriores se ve compensada por el hecho de que estas últimas han cotizado para la formación, la educación y el nivel de vida de las jóvenes generaciones. Pero los inmigrantes vienen del extranjero, ya son adultos y el coste de su educación ha sido soportado enteramente por su país de origen, por muy pobre que sea”.

Traen consigo su pobreza
Como consecuencia de este último proceso de regularización, en el que 700.000 personas consiguieron papeles, la afiliación de trabajadores extranjeros a la Seguridad Social alcanzó en julio de 2005 la cifra de 1.590.187 personas, subiendo en 94.711 cotizantes respecto al mes anterior con un incremento del 6,33%. En cuanto a las cifras globales referentes al número de afiliados a la Seguridad Social en la citada fecha, 295.090 eran ciudadanos de la UE y 1.295.097 procedían de otros países no comunitarios, lo cual supone incrementos interanuales del 15,34% y del 59,99%, respectivamente.

Bajan el nivel educativo
Según datos extraídos del Informe ‘España 2006: Una interpretación de su realidad social’, elaborado por la Fundación Encuentro, la población inmigrante muestra unos niveles educativos muy similares al de los españoles, aunque "las altas características formativas no están, ni mucho menos, de acuerdo con la calidad de los puestos de trabajo que estas personas ocupan", ya que la mayor parte de ellos declara desempeñar trabajos no cualificados. Los casos de muchas de las personas que proceden de Colombia, Cuba o Argentina, por poner tres ejemplos muy conocidos, demuestran la cantidad de profesionales muy preparados, con titulación universitaria o no, que se ven obligados a aceptar ofertas de empleos precarios debido a la necesidad de sobrevivir en esta España que les acoge con desgana. En el caso de los niños y niñas latinoamericanos, su notable manejo del español les ha convertido en un acicate magnífico para que sus compañeras y compañeros españoles enriquezcan su léxico.


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