La montaña rusa
Cristina
Ruiz Fernández
| Cuando era pequeña, en el colegio, en la
televisión, en la familia, todo parecía
indicar que la vida era más o menos lineal.
Terminar los estudios encontrar un trabajo, enamorarse,
casarse, tener uno o dos hijos… y ya. Con
diez o doce años, allá por la década
de los ochenta, fácilmente podía imaginar
cómo la mayoría de mis amigos y amigas,
iban a ir encontrando pareja, iban a ir viviendo
sus historias de amor e iban a formar sus propias
familias felices. Los divorcios, los desamores,
las infidelidades, las drogas, las depresiones…
eran cosas ajenas que a nosotros no nos iban a pasar
en nuestras vidas lineales de clase media-alta. |
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Sin embargo, como todo el mundo, ya voy viendo que “la
vida es más compleja de lo que parece”, como
dice Jorge Drexler en una de las canciones de su nuevo
disco ‘Doce segundos de oscuridad’. La vida
no es lineal, sino que está llena de recovecos
y curvas, de callejones sin salida, de subidas, de bajadas,
de redes, ciclos y espirales. Más bien parece una
montaña rusa con dos o tres tirabuzones de esos
en los que te pones bocabajo. Relaciones que empiezan
y se acaban y vuelven y se complican. Historias que resurgen
por donde uno menos lo espera. Frustraciones. Intentos
que salen mal y otros que salen bien de momento, pero
luego ya veremos. “La vida es más compleja
de lo que parece”. Menudo descubrimiento, dirán
algunos. Pues sí.
Las pasiones, los impulsos, las emociones son mucho más
fuertes de lo que yo imaginaba a los diez años.
En mis amigos y amigas estoy viendo situaciones complejas,
que generan impotencia y dolor; porque uno no puede hacer
nada o casi nada por ayudar, porque más vale desterrar
los juicios, las valoraciones y, en muchos casos, incluso
los consejos; porque a veces lo único que puede
hacerse es estar ahí con silencio y serenidad.
Camas que se llenan y se vacían, corazones que
se rompen y se arreglan mucho antes de lo que parecía…
o que no se arreglan nunca. “La vida no para, no
espera, no avisa”, como canta Jorge Drexler.
Y así asisto a las vidas no lineales de mis amigos
y amigas y a la mía propia. Por supuesto que a
algunos les va bien y empiezan a ser treintañeros
felizmente casados. Espero que a muchos de ellos les dure
para siempre, aunque estadísticamente sé
que no será así (¿a cuántos
de ellos?, ¿a quiénes?, ¿cómo
saberlo?). A otros también les va bien porque están
felizmente solteros, felizmente "arrejuntados"
o felizmente promiscuos o simplemente van viviendo con
los altibajos de su montaña rusa.
Las nuevas generaciones por lo menos pueden estar más
prevenidas que yo en mi infantil inocencia. Cuentan con
la ventaja de que ahora se ve por la tele y en el propio
entorno una mayor diversidad de familias, de historias
sentimentales, de afectos, de sexualidades… Los
acérrimos defensores de la familia tradicional
católica dirían que eso no es una ventaja
sino una aberración, pero eso es otra historia.
Por mi parte, como dice otra de las canciones de este
disco, “ya he dejado que se empañe la ilusión
de que vivir es indoloro”, pero aún así
sigo pensando que se puede disfrutar de la vida. Ser feliz
en los altibajos, los ciclos y los giros de cada historia.
Al fin y al cabo en ningún parque de atracciones
se les ocurriría instalar una montaña rusa
que fuera recta. Nadie se montaría, menudo aburrimiento.
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