Nacida
en Nador, floreció en Catalunya
Neus M. Baladas
Siempre me fascinó su constancia en los estudios
y su facilidad para atraer a los demás, haciéndoles
sentir importantes (es decir, su capacidad para
escuchar). Un día, en el comedor del instituto,
observé que no comía carne de cerdo.
Fue entonces cuando me di cuenta de que era musulmana.
Poco a poco, fuimos intimando y empecé a
entender por qué se implicaba tanto con los
alumnos, las asignaturas y los profesores. Para
ella, las clases no eran cuatro paredes y unas cuantas
sillas y pupitres mal puestos, donde un profesor
se esfuerza para que lo escuchen y no le lancen
tizas. Sino que las aulas fueron su medio para relacionarse,
hacer amigos y conocer mundo. Si había elecciones,
era elegida Delegada y llevaba su cargo con todas
las responsabilidades y deberes. Cuando se organizaba
una cena, avisaba a todo el mundo para que no faltara
nadie. En las fiestas de fin de curso, se mezclaba
entre los profesores, con los que compartía
divertidas charlas, y los animaba a bailar. Si alguien
tenía dificultades en alguna materia, se
ofrecía para explicársela. |
 |
 |
Cuando íbamos de excursión, intentaba disfrutar
de cada momento, impregnándose de nuevas vivencias.
Si mandaban algún trabajo, hacía más
de lo que marcaban las pautas del profesor. Y, ahora,
que ya es universitaria, sigue involucrada con la Asociación
de antiguos alumnos y, de vez en cuando, visita a los
profesores, conserjes y secretarias a la hora del recreo
(“¡como Pedro por su casa!”).
|