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Casiano Floristán:
honesto con la realidad y sincero para con Dios
Juan José Tamayo
Cuando se cumple un año de la muerte de Casiano
Floristán, amigo y suscriptor de alandar,
reproducimos un extracto de lo que J. J. Tamayo dijo de
él en el último Congreso de Teología
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| Al amanecer del 1 de enero de 2006 falleció
en Pamplona mi entrañable amigo Casiano Floristán,
nacido en Arguedas (Navarra) el 4 de noviembre de
1926, una de las personalidades más relevantes
del panorama teológico español de
la segunda mitad del siglo XX. Cuando recibí
la triste noticia, esa fría mañana,
me vino a la mente el verso de García Lorca
por la muerte de su amigo Ramón Sijé:
Se me ha muerto mi maestro y amigo Casiano, “con
quien tanto quería”. |
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Tras 33 años, primero de discipulado y luego de
colaboración, de sintonía, complicidad,
comunicación fluida, de trabajo conjunto, conversaciones
a diario y amistad, me gustaría resumir en pocas
líneas mis impresiones, muy personales, sobre Casiano
Floristán.
Cinco son los rasgos de su personalidad que me gustaría
destacar: la honestidad con la realidad, el sentido crítico,
el compromiso con los pobres, el sentido universalista
y la sinceridad para con Dios.
1. Fue poco amigo de flotar sobre las nubes o de emprender
huidas hacia delante. Casiano tuvo siempre la realidad
como su lugar natural, su residencia permanente, pero
no la realidad tozuda que se pliega a los hechos brutos,
sino entendida dialécticamente, con su cara y su
cruz. No la realidad plana y cerrada sobre sí misma
sino siempre abierta, en tensión hacia el ideal
y generadora de esperanza; no la realidad en la que instalarse
cómodamente, sino la que hay que transformar desde
criterios ético-evangélicos. Esa honestidad
le llevó, en su paso de la adolescencia a la juventud,
a cursar estudios de Ciencias Químicas, de 1945
a 1950, en la universidad de Zaragoza. El estudio de las
ciencias generó en él una especial sensibilidad
por la inducción y los datos empíricos,
que ya nunca le abandonaron. La misma honestidad influyó
más tarde en su decisión de estudiar teología
en Innsbruck (Austria) de 1956 a 1958 y en Tubinga (Alemania)
de 1956 a 1958.
La honestidad con la realidad jugó un papel fundamental
en el tema de su tesis doctoral: La vertiente pastoral
de la sociología religiosa. La sociología
religiosa fue para él herramienta para el análisis,
el conocimiento y la transformación del catolicismo,
y una de las principales mediaciones de su actividad pastoral.
La realidad socio-religiosa fue el acto primero de su
ser cristiano y el análisis sociológico
de dicha realidad se tornó “palabra primera”
de su discurso.
Accedió a la cátedra de Teología
Pastoral de la Universidad Pontificia de la Salamanca
en 1960, actividad que desarrolló ininterrumpidamente
durante 36 años. Su llegada a Salamanca supuso
una esperanza de renovación, pero también
una fuente de tensiones con los sectores conservadores
de la universidad salmantina, remisos a los aires renovadores.
En 1963 se hizo cargo de la dirección del Instituto
Superior de Pastoral, que él convirtió en
un lugar de diálogo con la secularización,
de renovación eclesial y encuentro intercultural.
Por ello fue objeto de críticas de los sectores
conservadores del catolicismo español y de control
del episcopado español. Pero el principal aval
del Instituto y de Casiano Floristán fue el Concilio
Vaticano II.
Su formación teológica en Alemania desembocó
derechamente en el cultivo de la teología pastoral
o práctica, de la que fue pionero en España.
Fue él quien dio estatuto académico riguroso
a una disciplina devaluada en el concierto de los saberes
teológicos y quien la situó en plano de
igualdad con el resto de las materiales teológica
y en el horizonte de la razón práctica.
La principal característica de la disciplina recreada
por Floristán fue la interdisciplinariedad.
2. El sentido crítico ante la realidad fue una
de las actitudes básicas de Casiano, que bebió
de dos fuentes: la cultura ilustrada y el Evangelio. Su
pertenencia a la Iglesia y su reflexión teológica
estuvieron guiadas siempre por una adultez crítica.
Impulsó la creación de colectivos teológicos
críticos como la Asociación de Teólogos
y Teólogas Juan XXIII, de la que fue presidente
desde su fundación en 1980 hasta 1988, y la Asociación
Europea de Teólogos Católicos, y participó
activamente en la puesta en marcha y animación
de diferentes movimientos cristianos de base. Su crítica
fue serena y constructiva, nunca ácida e iconoclasta.
3. Casiano Floristán fue un teólogo en perspectiva
universal. Durante más de treinta años hizo
frecuentes viajes a América Latina y a Estados
Unidos. Estuvo en los orígenes de la teología
de la liberación junto con Gustavo Gutiérrez,
Segundo Galilea, Juan Luis Segundo y José Comblin.
4. En el barrio madrileño de Vallecas tuvo lugar
su encuentro con el mundo de la marginación, que
se convirtió desde entonces en lugar social de
su magisterio teológico, de su actividad pastoral
y de su compromiso con los excluidos. Fue allí
donde descubrió la dimensión política
de la fe, la realidad de los pobres de carne y hueso con
sus rostros famélicos y su voz silenciada, sin
derechos ni libertades, y donde valoró la importancia
de la organización y de la movilización
de los sectores marginados en su lucha por la liberación.
5. La sinceridad para con Dios fue otro rasgo importante
de la personalidad, inseparable de la honestidad con la
realidad. En la universidad de Zaragoza vivió una
experiencia religiosa profunda que desembocó en
la vocación sacerdotal primero, y en el estudio
de la liturgia y la práctica pastoral después.
En sus estudios sobre la liturgia y en sus celebraciones
siempre huyó de la racionalización del misterio,
buscó la aproximación simbólica a
Dios. Para él la liturgia no era una forma ritual
al uso, sino una actitud existencial en el horizonte de
la crítica profética del culto y de su vinculación
con la justicia; no era ritualidad mágica sino
acción simbólica. Liberó a los sacramentos
de la cautividad mágica en que estaban inmersos,
los pensó simbólicamente y los celebró
en el seno de la Comunidad de la Resurrección,
que él puso en marcha el emblemático año
68 y animó hasta los últimos días
de su vida.
Junto con el dolor nos queda el recuerdo de una vida en
libertad, justicia y solidaridad y su obra de más
de 20 títulos -algunos de los cuales ideamos, dirigimos
y escribimos juntos en una colaboración fecunda
que comenzó allá por el 75, siendo yo doctorando
suyo, con un trabajo bibliográfico sobre el concilio
Vaticano II, 10 años después de su celebración-,
que constituyen, junto con su sinceridad y honestidad,
el mejor legado que pudo dejarnos. A ellos remito a quienes
quieran saber más sobre Casiano Floristán.
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