Dentro de unos meses cumpliré 30 años.
La mayor parte de ese tiempo la he pasado en Madrid.
Cierto es que he podido viajar bastante –siempre
menos de lo que querría– pero en Madrid
tengo mi casa, mi vida, mi gente, mis amigos y mis
amores. Madrileña “de toda la vida”,
como al parecer hay ya poca gente, porque la capital
de este peculiar Estado es cada día más
cosmopolita, más plural y más apasionante.
También es madrileño – de toda
la vida, como yo– el cantautor Ismael
Serrano. En su último disco “El
viaje de Rosetta”, un recopilatorio
de rarezas y canciones míticas, ha incluido
un tema en el que declara esta peculiar nacionalidad
y hace un retrato sencillo, pero conciso, de esta
ciudad extraña. “Vuelvo a Madrid”
es una canción que Ismael no |
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había grabado hasta ahora, pero que suele cantar
en cada uno de los conciertos que da en la capital, para
deleite de madrileños nativos y adoptivos. En Madrid
no ha habido ni habrá ningún nacionalismo,
pero sí hay muchas personas, como yo, que tenemos
un fuerte sentimiento de arraigo, de pertenencia, de amor-odio…
En suma, de pasión.
Maravillosa ciudad de contrastes y colores, de grises,
de risas y sufrimiento profundo. “Maldita ciudad,
no es tu mejor momento y aún estás hermosa”.
Aunque estalles de nuevo sin que nadie lo espere y resurja
el dolor. Aunque haya lugares que ya no reconozco y otros
que todavía tienen sabor a barrio. “Una
mujer reza y llora desde un locutorio”, en un Madrid
que se ha vuelto más diverso, que acoge al que
viene de fuera aunque algunos se resistan a aceptarlo.
Los colores de la ciudad han cambiado y, con ellos, las
costumbres, las culturas, las comidas, los restaurantes
y los supermercados que ahora son latinos, o chinos, o
de diseño ultramoderno, o de productos ecológicos…
o de los Ultramarinos de siempre.
Urbe enloquecida y revestida de un halo de modernidad
gracias a las obras, a los túneles, a un metro
excesivo y ostentoso, a las recientes peatonalizaciones
–pero, eso sí, casi sin carril bici–.
“Ciudad de mis noches, del viento del pueblo, de
la resistencia, del ‘no pasarán’”.
Madrid, divertida y en movimiento constante. Donde todo
es posible casi a cualquier hora, pero también
donde sigue habiendo personas que viven debajo de los
puentes y las murallas, seres humanos que mueren deambulando
como fantasmas aún en vida en Pitis o en Barranquillas.
Mientras tanto, “amores canallas estarán
cerrando, puntuales, los últimos bares”.
Madrid. Me encanta moverme por sus calles y plazas, que
son como las habitaciones de mi casa, como las palabras
de un lenguaje conocido que tengo dentro de mí.
Las calles de la capital conforman mi identidad. Porque
hay esquinas que me recuerdan a momentos plenos, locos
y alegres. Y hay otros rincones que me recuerdan a despedidas
y nostalgias.
En un mítico capítulo de Sexo
en Nueva York, la protagonista Carrie Bradshaw
y sus amigas afirman rotundamente que, en la vida, sólo
hay dos grandes amores. Tras pasar todo el capítulo
pensando sobre ello, Carrie llega a la conclusión
de que, para ella, uno de esos grandes amores, si acaso
el único, es Nueva York, su ciudad. Con menos frivolidad
y mucho menos glamour, se me remueve el corazón
escuchando a Ismael Serrano cantarle a mi Madrid. La que
será siempre, sin duda, uno de los grandes amores
de mi vida. |