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| Cambio climático |
| Estas Navidades que acabamos de celebrar, como siempre
me han resultado muy entrañables. Son días
de crear hogar, muy amigables, en los que se regala
a manos llenas y a corazón abierto cariño,
calor y amistad. Algunas nubes contaminantes han sombreado
el cielo que se deja ver desde mi casa, bueno desde
el barrio, puede ser que también desde la ciudad
y también desde el mundo entero.
Me explico, todo este estallido mundial del “cambio
climático”, que una ya no sabe bien a quien
creer, y aunque yo vaya poniendo mi granito de arena
para cuidar la casa común, nuestro querido Planeta
y también me haya exprimido las neuronas para
realizar pequeños signos de compromiso... Pues,
cómo decirles... Me siento ¡indignada!.
Se me revuelven las tripas de tanto engaño de
voces que se alzan. Alguna voz hasta recoge premios
como el Príncipe de Asturias en Oviedo, el Nóbel
de la Paz en Oslo y se luce como protagonista en la
Conferencia para el Cambio Climático celebrado
en Bali.
¡Vaya! ¡Vaya! ¿Saben ya de quien
hablo?. Pues sí, del Señor Gore.
En algún diario he leído o en alguna tertulia
de la radio he escuchado que el antiguo vicepresidente
de Estados Unidos “se ha reconvertido en adalid
del medio ambiente”, y ¡pásmense!
se ha embolsado más de setenta millones con sus
libros, discursos y hábiles inversiones en tecnología...
gana unos 120.000 euros por discurso. Bueno, ¡para
qué seguir! Se ha lanzado al mundo de los negocios.
¡Investiguen! ¡Investiguen! y descubrirán
de qué manera ha prosperado este hombre.
Si ustedes padecen necesidades o conocen a gentes que
saben de qué va eso, pues anímenles, es
muy fácil sacar dinerito. Desde ahora, salvar
el Planeta es negocio seguro. Que no lo digo yo, que
a alguien se lo he escuchado o lo he leído. De
veras me he quedado “colgada”.
Quiero agradecer al equipo de Alandar y a tantos Colectivos,
concienciados, coherentes, y solidarios que levantan
su voz y nos espolean a tiempo y a destiempo para que
estemos al loro, pongamos voz a los “disparates”
y arrimemos el hombro. ¿En dónde? ¿Pues
en dónde va a ser?: en la calle, en casa, en
el trabajo, en el metro, en cualquier lugar. Y eso sí
con cariño, con calor, haciendo “hogar”.
Quizá hagamos que nuestro querido Planeta sea
espacio de acogida para todos y todas por generaciones
y generaciones.
Marlén Martínez Otero
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Día luminoso
Querido Alandar:
Tenía sobre la mesa el último número
y esta mañana he comenzado a leerlo por el
final. He visto con detenimiento el artículo
de Merche sobre el móvil, y ya no me he
resistido.
Mira, yo tampoco tengo móvil. Y dudo que lo tenga
en el futuro, aunque vete a saber.
Voy resistiendo, amiga, y no es sencillo. Ni tan siquiera
con los de segunda mano.
No quiero tenerlo. El ritmo de la vida quiero seguir
marcándolo yo. Estoy de acuerdo en todo contigo.
Y hasta te entiendo con lo de tu hija y su móvil
de segunda mano. A mi alrededor todos lo tienen. Al
principio sólo lo tienen guardado, parece que
no lo tienen, hasta que les suena en público
la primera vez. Les suena como al rompimiento del voto
de castidad o algo parecido. Luego, roto el silencio
del tabú, lo muestran como prueba de estar al
día y ser alguien.
Sigo sin móvil y seguiré por tiempo. Sólo
quería decíroslo.
Un ecobeso,
Carmelo Bueno (Madrid)
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Cayucos por galeras
“... Y se encontraban en medio de las aguas,
con el cielo por techo y el mar por lecho”
Con estas palabras, el poeta resumía el proceso
de angustia y agonía que miles de moriscos padecieron
en el mar Mediterráneo, cuando los desterraron
de España. Según los historiadores, entre
270.000 y 375.000 fueron obligados a salir de su tierra,
tras firmar el rey Felipe III el decreto de expulsión.
Era el 9 de abril de 1609. Todos eran católicos
practicantes y monárquicos, desde hacía
varias generaciones, si bien no eran cristianos “viejos”
y no disfrutaban de los privilegios de la “limpieza
de sangre”.
Fueron, de un plumazo, despojados de sus bienes (incluso
fueron obligados a pagar su propio pasaje), discriminados
en sus derechos y exiliados del país, sin apelación
posible. El pretexto fue incriminarles de no ser buenos
cristianos, y de mantener ocultas y peligrosas alianzas
con los enemigos de la monarquía y la religión.
Cuando las galeras de antaño (sin duda, más
cómodas que las parteras y cayucos de ahora),
repletas de personas maltratadas llegaban a las costas
del Norte de África, en ciertos puertos, los
gobernantes musulmanes no permitían el desembarque,
con la excusa de que se trataba de gente cristiana.
Entonces se encontraban en medio del mar, que a nadie
discrimina y a todos acoge, sin posibilidad de desembarco
ni regreso.
¿Para cuántos el mar se ofreció
como lecho, en aquella ocasión? Nunca lo sabremos.
En la actualidad, gracias a los que tienen la suerte
de ser rescatados (y a los teléfonos móviles),
conocemos que cientos de africanos tienen el mar por
lecho, tras varios días de agonía, bajo
un cielo que les sirve de techo. Es el mismo mar que
abraza las costas de Canarias, África y el litoral
sur de España, Italia y Grecia. Hace unas semanas,
los cadáveres de 51 emigrantes fueron depositados
en la gran fosa-cementerio de esta área del Atlántico.
En el diario “El País” de 11 de diciembre
se publicaba la noticia de que 90 subsaharianos han
desaparecido en el Atlántico, camino de Canarias.
Otros 51 inmigrantes perecieron frente a las costas
de Turquía. Sólo en las costas de Atlántico,
durante el año 2007, el número de emigrantes
muertos o desaparecidos ronda ya los 800.
¡Qué solos se quedan los muertos! Recitaba
nuestro poeta Bécquer, pensando en los que reposaban
en los cementerios de los pueblos. ¿Qué
diría de la soledad de los arrojados al mar?
Una soledad abismal, inmensa, oceánica, es como
una frágil mortaja; sin flores, sin recuerdos,
sin oraciones. Expulsados de su patria (de su orilla),
porque son pobres y carecen de los bienes más
elementales, y rechazados al llegar a la otra orilla,
porque ponen en peligro el consumismo y el bienestar
de los países ricos.
¿A qué se reduce el progreso de la humanidad
durante cuatrocientos años, si las palabras del
poeta morisco reproducen todavía una realidad
tan actual y cruel? ¿No somos capaces de encontrar
una solución a este inaplazable problema, que
se convierte en infamia para los europeos del s. XXI?
Pienso que la toma de conciencia de la mayor cantidad
posible de ciudadanos españoles y europeos es
una de las claves para encontrar una solución.
Es urgente presionar sobre los gobiernos, organismos
e instituciones para acertar con una salida.
Para empezar ¿no sería conveniente conocer
un poco mejor la historia nacional de la infamia? No
estaría de más que, con ocasión
del cuatrocientos aniversario de aquel injustificable
decreto de expulsión, se fundara un museo, o
se erigiera un monumento, en homenaje-recuerdo de los
moriscos, con la finalidad de sensibilizarnos, y comprometernos,
ante la expulsión de cualquier persona. Si estudiamos
un poco los pogromos, vejaciones y expulsiones que han
sufrido judíos, heterodoxos, gitanos, librepensadores,
emigrados y desterrados –exiliados de todas las
guerras- que en España ha habido, nos ayudaría
a reparar un poco, y no repetir nunca, las infamias
cometidas.
Manuel Suárez González. Tres Cantos
(Madrid)
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La firma de los ausentes
El día 13 de Diciembre de 2007 los 27 Jefes de
Estado y de Gobierno de Europa firmaron el Tratado de
Reforma de la Unión Europea. En Lisboa a espaldas
de los pueblos. Los ausentes serán esos 500 millones
de ciudadanos y ciudadanas que componemos la población
de este continente y a los que va destinado ese Tratado.
La UE no es nada sin estos 500 millones de personas, pero
no se nos tiene en cuenta a la hora de elaborar un proyecto
de gobierno. Una casi inexistente información de
todo este proceso de reforma del anterior Tratado Constitucional
Europeo (TCE). Es una modificación disfrazada y
sin grandes cambios del TCE. Las herramientas son las
mismas, el Neoliberalismo es el mismo, sólo se
ha cambiado su orden en la caja de herramientas.
No tenemos nada que decir, todo se lo dicen y se lo cuentan
entre ellos. Somos unos intrusos y unos indeseables en
la construcción europea. Europa y la participación
popular nunca fueron de la mano. No desean que intervengamos
en nada. Todo se nos da hecho. Antes le llamaban Constitución
europea, ahora le llaman Tratado de Funcionamiento de
la Unión Europea. Pero, ¿es que puede funcionar
la UE al margen de sus 500 millones de ciudadanos y ciudadanas?
Tienen miedo al referéndum popular, a que digan
otra vez NO y se les derrumbe ese castillo de naipes.
Siempre dicen lo mismo, es un esfuerzo enorme para acercar
este Tratado a la población. ¿Por qué
no dicen al revés, “un esfuerzo para tratar
de acercar la población, el pensar y el sentir
de la gente, a los Tratados”? Pretenden hacernos
creer que por haber elaborado y aprobado este Acuerdo
ya está en el buen camino para avanzar en la construcción
europea. Si la construcción europea solo puede
“avanzar” a espaldas de los pueblos, cuando
no en contra de ellos, son sus fundamentos democráticos,
tan constantemente invocados en todos los escritos, los
que resultan cuestionados. Y no es una cuestión
menor. Es una de esas cuestiones en las cuales la forma
no solo prima sobre el fondo, sino que constituye en sí
misma el fondo de la cuestión: la primacía
de la soberanía popular. No sólo hay “vacío
democrático”, sino que tenemos ante nuestros
ojos un profundo socavón democrático. Es
mucho lo que los ciudadanos y ciudadanas nos jugamos con
este Tratado. Es un deber cívico conocerlo y denunciarlo.
José Maria García-Mauriño
Cristianos por el Socialismo
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