| Nos encontramos en
una sociedad cada vez más globalizada donde
las decisiones de una empresa en un país
lejano tienen repercusiones en lugares del mundo
insospechados, donde los gobiernos de un país
a menudo tienen menos poder que muchas de las multinacionales
que operan en dicho país.
Ante este panorama empieza a crecer un porcentaje
de población que busca tener más
control en sus decisiones diarias, que el mayor
número de sus acciones diarias sean coherentes
con sus principios. Cuando esos principios son
la sostenibilidad del planeta desde un punto de
vista ecológico, la justicia social y unas
relaciones humanas basadas en la igualdad de las
personas, muchos son los que se dan cuenta que
la sociedad actual no funciona acorde con estos
principios y siente la necesidad de hacer algo.
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Consecuencia de esta cadena de razonamientos, vemos
que crecen las personas implicadas en conseguir un mundo
más equilibrado que no esquilme los recursos
naturales sobre y con los que vivimos y en conseguir
reparar las injusticias que se producen con otros seres
humanos que son excluidos de la sociedad, tanto cerca
de su ámbito como lejos. Crece la agricultura
ecológica, crece el comercio justo, crecen las
ONG de Desarrollo, crecen las asociaciones de apoyo
a colectivos,.... crece la coherencia.
En definitiva se busca que cada acción que realizamos
a diario sirva para alimentarse más sano, para
consumir con responsabilidad, para relacionarse en el
trabajo y en casa en un plano de igualdad, con democracia
y tolerancia, para mejorar las condiciones de vida de
las personas que por cualquier razón no consiguen
encontrar su sitio en este mundo.
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