San Egidio, diálogo contra las balas
| También
se les conoce como la ONU del Trastevere.
Un viejo convento del conocido barrio romano
da nombre a la Comunidad de San Egidio,
que se ha convertido para muchos en sinónimo
de diálogo, diplomacia y, a veces,
de intentos de alcanzar una paz imposible.
Ante un mundo que vive dos fenómenos
como la globalización y la exclusión,
los 50.000 voluntarios de San Egidio que
se mueven en 70 países –más
de un centenar en España- tienen
trabajo a destajo. |
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En las grandes ciudades de la opulencia, en los
barrios de las capitales del Tercer Mundo, la
red de San Egidio ayuda a autóctonos e
inmigrantes a conseguir cosas tan elementales
como alimento, cobijo y trabajo. Pero su especialidad
es la mesa de negociación entre bandos
enfrentados. En 1992 su intervención fue
decisiva en el acuerdo de paz para Mozambique,
un país que arrastraba 17 años de
enfrentamiento civil, con un millón de
muertos y dos millones de refugiados.
En Guatemala, país con un conflicto
de 35 años a sus espaldas y 150.000 muertos,
la comunidad logró restablecer la negociación
oficial de paz tras otra ruptura de confianza
entre las partes. En 1996 consiguieron el primer
acuerdo oficial entre la comunidad albanesa
y la serbia para normalizar la educación
de los niños, acuerdo interrumpido por
la guerra. Cuando estalló este conflicto,
lograron la liberación del líder
kosovar Ibrahim Rugova, en arresto domiciliario
por orden serbia. Este colectivo aprovecha la
antiquísima red de relaciones internacionales
tejida desde Roma -20 siglos ya- para, con mucho
trabajo y paciencia, convencer a las partes
de la necesidad de dialogar y poner fin al enfrentamiento.
Es la fórmula de San Egidio. Mario Giro,
responsable de África, afirma que “nadie
en el mundo necesita más la paz que los
pobres”, y es ese convencimiento, por
encima de cualquier otro, la clave de su éxito.
“Somos independientes, no representamos
a ningún gobierno y no tenemos interés
económico en la región enfrentada.
Esto es lo que nos hace dignos de confianza”,
dice Marazziti.
El truco reside en una mezcla de la diplomacia
institucional y la informal de las ONG, que
flexibiliza la actitud de la primera pero tiene
el manto de oficialidad necesaria para la segunda.
La oración, la transmisión del
Evangelio, la solidaridad con los pobres, el
ecumenismo y el diálogo son los cinco
pilares que sustentan esta asociación
laica que nació en 1968 a la luz del
Concilio Vaticano II. Riccardi, su impulsor
y máximo responsable, es autor de una
veintena de libros en torno a la relación
entre cristianismo y modernidad, y su trabajo
al frente de San Egidio le ha valido diversos
premios.
La Comunidad de San Egidio ha sido también
candidata al Premio Nobel de la Paz. En 1998
se dijo que la Comunidad de San Egidio había
actuado como mediadora entre ETA y el Gobierno.
En la actualidad, la asociación impulsa
la moratoria mundial de la pena de muerte. En
lo que respecta al favorecimiento del diálogo
entre distintas religiones, Riccardi impulsa
encuentros anuales interconfesionales a escala
internacional. Estas reuniones, iniciadas en
1986, incluyen el intercambio entre creyentes
y no creyentes. Riccardi ha estudiado a fondo
las relaciones entre cristianos y musulmanes
en los siglos XIX y XX, y en 1991, al final
de la primera guerra del Golfo, impulsó
en Roma el primer coloquio entre hebreos, cristianos
y musulmanes.
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