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| Desde Milán |
Querido alandar:
Este año hemos tenido la suerte de poder celebrar
la Navidad además con la buena noticia de la moratoria
de la ONU sobre la pena de muerte. Me habría esperado
por parte de nuestros obispos y del Movimiento a favor
de la Vida una invitación explicita a celebrar
y a alegrarnos juntos por esta conquista de la comunidad
civil, a la que tantos creyentes han/hemos contribuido
de modo silencioso. Pero en el fondo la cosa no me extraña.
Me pregunto si alguno de ellos ha participado en la recogida
de firmas en la campaña previa, a empujar este
tema fundamental de la política "a favor de
la vida". Luego me he acordado de que, por alguna
razón que desconozco, estas personas hasta ahora
se han interesado sólo de bebes neonatos, de fetos,
de nonacidos, de abortos... Lo de la pena de muerte no
les debe parecer un atentado a la vida, un espacio con
el que ampliar una postura parcial e ideológica
de quienes se declaran contrarios al aborto. ¡Qué
pena! Habría ganado mucha credibilidad el movimiento
y quienes defienden la vida de los embriones...
Hay otra cosa que os quería contar aunque hace
mucho que ha ocurrido, pero como veo que nadie lo ha contado
aún en la revista, y me duele lo que le está
pasando desde hace tiempo a muchos grupos de iglesia que
organizan cursos de formación, pues lo cuento.
El caso es que en verano del 2006, durante la XX edición
de la Escuela de Verano del Instituto Superior de Ciencias
Religiosas y Catequéticas "San Pío
X" (La Salle) hubo una dimisión de dos personas
del equipo directivo, que desde hace 20 años organiza
con gran capacidad y profesionalidad los cursos de formación
para educadores, profes, catequistas, religiosos.... en
el Colegios Ntra. Sra. de las Maravillas (Madrid). Junto
a estas dos personas, y en solidaridad con su decisión,
algunos profesores decidieron no impartir el curso que
habían propuesto: Marisa Fernández, Siro
López, Enrique Martínez, Miguel Ángel
del Barrio, Carmelo Bueno y Encarnación Pérez.
¿Por qué dimitieron? Porque el director
del centro suprimió, en desacuerdo con el equipo,
los cursos de cuatro profesores (José María
Castillo, Juan Antonio Estrada, Xabier Pikaza y Jaime
Vázquez). La interpretación de los hechos
del equipo es que el director decidió prohibir
estos cursos por miedo. Miedo al Sr. Cardenal de Madrid,
porque si estos profesores dan el curso en la Escuela,
el Sr. Cardenal hace todo lo posible para que el San Pío
X deje de pertenecer a la Facultad de Teología
de la Pontificia de Salamanca y entonces se tiene que
cerrar el San Pío X. Así piensa el Director
del Centro y el Provincial de La Salle en España.
Tienen miedo al Sr. Cardenal. ¿Por qué le
tienen miedo? Porque hace un par de años entraron
en el chantaje que éste les propuso: Si queréis
renovar los Estatutos del San Pío X, tenéis
que entregarme cada año la lista de los profes
de la Escuela de Verano. Así de claro. Y el "poder"
de La Salle, aceptó. El precio era alto.
Ante los tejemanejes de las altas jerarquías, dos
de las personas del equipo directivo decidieron no ser
cómplices de ello y se marcharon de la Escuela
de Verano.
Llevan la herida aún sin cicatrizar. Y es muy probable
que, tarde o temprano, la
decisión tenga repercusiones para ellos. Y como
siempre ocurre en esto, los
inocentes alumnos, como los pobres del mundo, pagan el
pato de las jerigonzas de
los poderes. Pero ellos son la Iglesia..., seguramente
no la mía.
Pues eso, que me entristece, pero que peor me parecía
que muchos no lo supieran, y
quiero desde aquí sostener y alentar a quienes
empujan una Iglesia abierta y sin
miedo, sin privilegios, sin trapicheos, sin chantajes...
Merche
Mas Solé
Milán |
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Abusos a menores
He escuchado con estupor lo que estos días han
transmitido los diversos medios de comunicación
sobre las palabras de Don Bernardo Álvarez. He
acudido al periódico la Opinión de Tenerife
y me encuentro que lo transmitido, responde a lo publicado
por dicho medio en relación con las palabras
del Obispo.
Se podría escribir mucho sobre el tema de los
abusos: consentimiento (nuestro ordenamiento penal no
tiene en cuenta el consentimiento de los menores para
establecer el abuso sino otros parámetros), consecuencias
para los menores y sus familias (el abuso, aún
cuando sea "consentido" acarrea consecuencias
graves para los menores), etc.
Lo que más alarma me ha producido es lo siguiente:
"Puede haber menores que sí lo consientan
y, de hecho, los hay. Hay adolescentes de 13 años
que son menores y están perfectamente de acuerdo
y, además, deseándolo. Incluso si te descuidas
te provocan. Esto de la sexualidad es algo más
complejo de lo que parece." (Tomado del periódico
La
opinión)
Si estas palabras responden a lo expresado por el Obispo:
1º Atribuir el deseo y el acuerdo del menor en
el abuso es, se matice lo que se matice, JUSTIFICAR
los abusos sexuales de menores.
2º Si un adulto se siente "provocado"
por un/una menor de 13 años, lo mejor que puede
hacer es "hacérselo mirar", y ponerse
en manos de un especialista.
Las palabras del obispo, podrían ser firmadas
por cualquier pederasta, sólo hace falta repasar
la literatura y se encontrarán que ése
es, precisamente, el argumento de muchos pedófilos
cuando han sido descubiertos en su execrable delito.
Por las víctimas de abusos sexuales, les pediría
que este tipo de manifestaciones tengan una respuesta
contundente por parte del superior jerárquico
y que quien las pronuncie sea objeto de las medidas
disciplinarias más duras. Así como un
pronunciamiento por parte de todas las instituciones
eclesiales reprobando las mismas.
Javier Merino
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Familia Cristiana
Os paso, por si fuera de vuestro interés la carta
que Santiago Alvarez (un cristiano "de a pie")
ha escrito a la Conferencia Episcopal respecto a la
"Concentración" en apoyo a la "familia
cristiana". Otros cristianos "de a pie",
que nos hemos sentido dolidos por las formas y las manifestaciones
vertidas la hemos enviado también.
Un saludo y Feliz "Año de la Tolerancia"
(ya que la manifestación fue el año pasado
aún estamos a tiempo ¿por que no?).
Federico Pulido
Estimados hermanos de la Conferencia Episcopal Española:
Como miembro de la Iglesia, me siento en la responsabilidad
de compartir estas líneas con ustedes, aún
cuando ni el motivo, ni el hecho de escribirlas me satisface.
Debo comunicarles que no comparto el gesto que ha supuesto
la reciente jornada de Defensa de la Familia Cristiana
celebrada en Madrid y presidido por la Conferencia Episcopal
Española.
Que no me siento identificado ni con las formas, ni
con el fondo, aún cuando pueda compartir las
verdades fundamentales relativas a la familia.
Veo en él la afectación de una convocatoria
festiva que se convierte de hecho y fundamentalmente
en una demostración de fuerza (véase ABC,
literalmente: “La
Iglesia demuestra su fuerza”).
Con facilidad estas demostraciones hacen suponer a muchos
una añoranza (sea cierta o no) de la Conferencia
Episcopal Española, por reunir poder político
y religioso. Creo que la Iglesia, especialmente sus
pastores, deberían en este sentido mostrarse
y actuar de forma cuidadosa, con la humildad de los
que no tienen pretensión de poder político,
pues es desde ahí desde donde pueden hacerse
creíbles en nuestra sociedad.
Se han hecho afirmaciones que, desde mi punto de vista,
son catastrofistas, exageradas e imprudentes, como nacidas
del miedo, de la desconfianza y de la falta de respeto
a muchos miembros de la Iglesia. Estas afirmaciones
son semillas de discordia, de división eclesial
y social, y de desánimo. Constituyen por este
motivo, desde mi punto de vista, falsas profecías
que no ayudarán en absoluto a transmitir la Buena
Nueva que supone el nacimiento de Cristo.
Es clamorosa, por otro lado (y especialmente a los ojos
de los jóvenes), la lamentable falta de compromiso
político de la Conferencia Episcopal Española
con otras opciones que sí requieren movilizaciones
urgentes por su gravedad de hecho (no por su presunta
amenaza) y que no generarían fracturas dentro
de la propia Iglesia ni en la sociedad, como la lucha
contra la pobreza, que ya destruye cada día miles
de familias cristianas y no cristianas.
Finalmente, he enviado copia de esta carta a otros cristianos
que quizá compartan este punto de vista. Ellos
le enviarán una copia a la dirección de
correo electrónico de su página en Internet:
conferenciaepiscopal@planalfa.es
No se trata de una demostración de fuerza más
(no se trata de movilizar a nadie contra nadie), sino
de hacer que les pueda llegar a ustedes mejor el mensaje
que hay en ella.
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