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 Febrero 2008 nº 245 - OPINIÓN - CARTAS DE LOS LECTORES Y LAS LECTORAS

Desde Milán

Querido alandar:
Este año hemos tenido la suerte de poder celebrar la Navidad además con la buena noticia de la moratoria de la ONU sobre la pena de muerte. Me habría esperado por parte de nuestros obispos y del Movimiento a favor de la Vida una invitación explicita a celebrar y a alegrarnos juntos por esta conquista de la comunidad civil, a la que tantos creyentes han/hemos contribuido de modo silencioso. Pero en el fondo la cosa no me extraña. Me pregunto si alguno de ellos ha participado en la recogida de firmas en la campaña previa, a empujar este tema fundamental de la política "a favor de la vida". Luego me he acordado de que, por alguna razón que desconozco, estas personas hasta ahora se han interesado sólo de bebes neonatos, de fetos, de nonacidos, de abortos... Lo de la pena de muerte no les debe parecer un atentado a la vida, un espacio con el que ampliar una postura parcial e ideológica de quienes se declaran contrarios al aborto. ¡Qué pena! Habría ganado mucha credibilidad el movimiento y quienes defienden la vida de los embriones...

Hay otra cosa que os quería contar aunque hace mucho que ha ocurrido, pero como veo que nadie lo ha contado aún en la revista, y me duele lo que le está pasando desde hace tiempo a muchos grupos de iglesia que organizan cursos de formación, pues lo cuento.

El caso es que en verano del 2006, durante la XX edición de la Escuela de Verano del Instituto Superior de Ciencias Religiosas y Catequéticas "San Pío X" (La Salle) hubo una dimisión de dos personas del equipo directivo, que desde hace 20 años organiza con gran capacidad y profesionalidad los cursos de formación para educadores, profes, catequistas, religiosos.... en el Colegios Ntra. Sra. de las Maravillas (Madrid). Junto a estas dos personas, y en solidaridad con su decisión, algunos profesores decidieron no impartir el curso que habían propuesto: Marisa Fernández, Siro López, Enrique Martínez, Miguel Ángel del Barrio, Carmelo Bueno y Encarnación Pérez. ¿Por qué dimitieron? Porque el director del centro suprimió, en desacuerdo con el equipo, los cursos de cuatro profesores (José María Castillo, Juan Antonio Estrada, Xabier Pikaza y Jaime Vázquez). La interpretación de los hechos del equipo es que el director decidió prohibir estos cursos por miedo. Miedo al Sr. Cardenal de Madrid, porque si estos profesores dan el curso en la Escuela, el Sr. Cardenal hace todo lo posible para que el San Pío X deje de pertenecer a la Facultad de Teología de la Pontificia de Salamanca y entonces se tiene que cerrar el San Pío X. Así piensa el Director del Centro y el Provincial de La Salle en España. Tienen miedo al Sr. Cardenal. ¿Por qué le tienen miedo? Porque hace un par de años entraron en el chantaje que éste les propuso: Si queréis renovar los Estatutos del San Pío X, tenéis que entregarme cada año la lista de los profes de la Escuela de Verano. Así de claro. Y el "poder" de La Salle, aceptó. El precio era alto.

Ante los tejemanejes de las altas jerarquías, dos de las personas del equipo directivo decidieron no ser cómplices de ello y se marcharon de la Escuela de Verano.
Llevan la herida aún sin cicatrizar. Y es muy probable que, tarde o temprano, la
decisión tenga repercusiones para ellos. Y como siempre ocurre en esto, los
inocentes alumnos, como los pobres del mundo, pagan el pato de las jerigonzas de
los poderes. Pero ellos son la Iglesia..., seguramente no la mía.
Pues eso, que me entristece, pero que peor me parecía que muchos no lo supieran, y
quiero desde aquí sostener y alentar a quienes empujan una Iglesia abierta y sin
miedo, sin privilegios, sin trapicheos, sin chantajes...

Merche Mas Solé
Milán

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Abusos a menores

He escuchado con estupor lo que estos días han transmitido los diversos medios de comunicación sobre las palabras de Don Bernardo Álvarez. He acudido al periódico la Opinión de Tenerife y me encuentro que lo transmitido, responde a lo publicado por dicho medio en relación con las palabras del Obispo.
Se podría escribir mucho sobre el tema de los abusos: consentimiento (nuestro ordenamiento penal no tiene en cuenta el consentimiento de los menores para establecer el abuso sino otros parámetros), consecuencias para los menores y sus familias (el abuso, aún cuando sea "consentido" acarrea consecuencias graves para los menores), etc.

Lo que más alarma me ha producido es lo siguiente: "Puede haber menores que sí lo consientan y, de hecho, los hay. Hay adolescentes de 13 años que son menores y están perfectamente de acuerdo y, además, deseándolo. Incluso si te descuidas te provocan. Esto de la sexualidad es algo más complejo de lo que parece." (Tomado del periódico La opinión)

Si estas palabras responden a lo expresado por el Obispo:
1º Atribuir el deseo y el acuerdo del menor en el abuso es, se matice lo que se matice, JUSTIFICAR los abusos sexuales de menores.
2º Si un adulto se siente "provocado" por un/una menor de 13 años, lo mejor que puede hacer es "hacérselo mirar", y ponerse en manos de un especialista.

Las palabras del obispo, podrían ser firmadas por cualquier pederasta, sólo hace falta repasar la literatura y se encontrarán que ése es, precisamente, el argumento de muchos pedófilos cuando han sido descubiertos en su execrable delito.

Por las víctimas de abusos sexuales, les pediría que este tipo de manifestaciones tengan una respuesta contundente por parte del superior jerárquico y que quien las pronuncie sea objeto de las medidas disciplinarias más duras. Así como un pronunciamiento por parte de todas las instituciones eclesiales reprobando las mismas.

Javier Merino

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Familia Cristiana

Os paso, por si fuera de vuestro interés la carta que Santiago Alvarez (un cristiano "de a pie") ha escrito a la Conferencia Episcopal respecto a la "Concentración" en apoyo a la "familia cristiana". Otros cristianos "de a pie", que nos hemos sentido dolidos por las formas y las manifestaciones vertidas la hemos enviado también.
Un saludo y Feliz "Año de la Tolerancia" (ya que la manifestación fue el año pasado aún estamos a tiempo ¿por que no?).

Federico Pulido

Estimados hermanos de la Conferencia Episcopal Española:
Como miembro de la Iglesia, me siento en la responsabilidad de compartir estas líneas con ustedes, aún cuando ni el motivo, ni el hecho de escribirlas me satisface.

Debo comunicarles que no comparto el gesto que ha supuesto la reciente jornada de Defensa de la Familia Cristiana celebrada en Madrid y presidido por la Conferencia Episcopal Española.

Que no me siento identificado ni con las formas, ni con el fondo, aún cuando pueda compartir las verdades fundamentales relativas a la familia.

Veo en él la afectación de una convocatoria festiva que se convierte de hecho y fundamentalmente en una demostración de fuerza (véase ABC, literalmente: “La Iglesia demuestra su fuerza”).

Con facilidad estas demostraciones hacen suponer a muchos una añoranza (sea cierta o no) de la Conferencia Episcopal Española, por reunir poder político y religioso. Creo que la Iglesia, especialmente sus pastores, deberían en este sentido mostrarse y actuar de forma cuidadosa, con la humildad de los que no tienen pretensión de poder político, pues es desde ahí desde donde pueden hacerse creíbles en nuestra sociedad.

Se han hecho afirmaciones que, desde mi punto de vista, son catastrofistas, exageradas e imprudentes, como nacidas del miedo, de la desconfianza y de la falta de respeto a muchos miembros de la Iglesia. Estas afirmaciones son semillas de discordia, de división eclesial y social, y de desánimo. Constituyen por este motivo, desde mi punto de vista, falsas profecías que no ayudarán en absoluto a transmitir la Buena Nueva que supone el nacimiento de Cristo.

Es clamorosa, por otro lado (y especialmente a los ojos de los jóvenes), la lamentable falta de compromiso político de la Conferencia Episcopal Española con otras opciones que sí requieren movilizaciones urgentes por su gravedad de hecho (no por su presunta amenaza) y que no generarían fracturas dentro de la propia Iglesia ni en la sociedad, como la lucha contra la pobreza, que ya destruye cada día miles de familias cristianas y no cristianas.

Finalmente, he enviado copia de esta carta a otros cristianos que quizá compartan este punto de vista. Ellos le enviarán una copia a la dirección de correo electrónico de su página en Internet: conferenciaepiscopal@planalfa.es No se trata de una demostración de fuerza más (no se trata de movilizar a nadie contra nadie), sino de hacer que les pueda llegar a ustedes mejor el mensaje que hay en ella.


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