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 Febrero 2008 nº 245 - OPINIÓN - EDITORIAL

Todos somos Iglesia

Siempre se ha dicho que en la vida nada hay nuevo, y añadiríamos que en la Iglesia tampoco. Hasta Benedicto XVI celebra ya la Eucaristía de espaldas a la comunidad –la de los sencillos-, como antes del Concilio Vaticano II. Tampoco es nuevo el enfrentamiento entre la jerarquía española y un Gobierno socialista. Sólo que ahora es más a las claras, con actos como el de la familia del pasado 30 de diciembre, en la madrileña Plaza de Colón, en el que el cardenal Rouco habló de que “nuestro ordenamiento jurídico ha dado marcha atrás en los derechos humanos”; el cardenal Cañizares de que “la sociedad española vive una gran amenaza social con legislaciones inicuas e injustas”, y el cardenal García Gasco de que “nos dirigimos a la disolución de la democracia”. Y son eso, tres opiniones, respetables, pero sólo opiniones que no son compartidas por millones de católicos españoles, que también somos Iglesia, la de Cristo, la misma que la de los miles de personas que se acercaron a Colón. Otra cosa es el modo de entender y vivir el mensaje de Jesús de Nazaret, el que hablaba a los sencillos de amor, de justicia, de perdón, de acogida…, no de normas, estereotipos, prebendas, poder…

No vamos a negar que existe un debilitamiento de la identidad cristiana, pero parece que la culpa siempre la tienen los mismos, nunca los pastores que conducen el rebaño. Que nos perdonen éstos, pero nos queda la sensación de que falta talla evangélica, intelectual, social y política en muchos de quienes deberían ser luz en la oscuridad, asunto difícil de resolver porque el puesto es vitalicio, salvo causa de fuerza mayor.

No confundamos a los sencillos, que todos somos Iglesia.



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