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 Febrero 2008 nº 245 - OPINIÓN - ESCALERA AL CIELO

Vuelta a casa...
Carlos Ballesteros


Os habréis fijado que las últimas escaleras no las he escrito yo. Muchas gracias a Henar por el esfuerzo y la sustitución. El pasado día 1 de noviembre una mala caída doméstica me llevó a urgencias con el brazo derecho roto en varios trozos. A lo que me pasó le llaman la “Triada Terrible, del Diablo o del Infeliz” y os puedo asegurar que el nombre lo merece: operación muy larga y complicada, morfina para el dolor, un mes en cabestrillo, dolorosa recuperación de lo que llaman “tono muscular” con una fisioterapeuta cuya misión declarada es hacerte ver las estrellas- y a la que la estoy agradecidísimo de que así lo haga- y suma y sigue. Sin embargo tres meses después ya puedo retomar mi escalera al cielo –paradójicamente lo mío pasó al caerme de una escalera-y, a sugerencia de la directora de Alandar, compartir con vosotros y vosotras lo que ha sido esta experiencia. Ojo, esto supone una vez más faltar a mi palabra dada de dedicarme a escribir sobre los movimientos sociales en esta columna, pero ya se sabe, donde manda patrón…

Para una persona como yo, activa en mil frentes, con la agenda comprometida en muchos meses, con un sinnúmero de actividades en las que tomar parte, este parón ha sido en primer lugar un fastidio. Tanta gente, tantos colectivos, tantas personas a las que he tenido que llamar y disculparme por no poder, por no hacer, por no estar….Así que lo primero es disculparme públicamente con todos ellos y comprometerme a retomar todos esos compromisos en breve.

En segundo lugar, estos meses han servido para ejercitar el músculo de la paciencia. Paciencia en el hospital, donde las horas tienen otro ritmo, donde todo es lento, donde la mañana se gasta entre esperar la pastilla de las 8, el desayuno, la visita del medico, la comida, la pastilla de las 3, alguna visitilla, la cena, la pastilla de las 11... Donde lo que pasa ahí (aquí) fuera se ve de manera lejana, como si no fuera contigo. Ejercitar la paciencia de esperar una prueba una radiografía que no terminan de hacerte. Paciencia de esperar días y días a poder mover un simple dedo de la mano (¡que triunfo!); ser paciente y repetir una y otra vez ejercicios cotidianos como abrir un simple tetrabrick de leche, que no sale, que no puedes y que te desesperan (¿por qué lo llamarán abrefacil?)

En tercer lugar soportar el dolor. El dolor que no se combate fácilmente con química. Soportar el dolor y tratar de no darle importancia, sonreír, seguir sonriendo en las dificultades y tratar de tomárselo con el mejor humor posible lo que a uno le ha pasado. Esa es otra de las enseñanzas de estos días. Y no ha sido ni está siendo nada fácil. Y no siempre lo he conseguido. Y a veces el mal humor, la desesperación, las malas caras se han impuesto. ¡Que difícil es controlarse a veces! ¡Cuanto cuesta tener la sonrisa siempre dispuesta! Unido a todo ello, el afán de superación. El trabajar porque tu brazo vuelva a ser el que era. Un grado más de flexión, una rotación más completa, un poco más de fuerza en la mano. Día a día, paso a paso, lento pero continúo. A veces retrocediendo un poco y vuelta a empezar.

Yo nunca había estado de baja. Todo lo más una mañana de cama con gripe. Y ahora esto. Estar en casa sabiendo que alguien está trabajando por ti, sustituyéndote en tus quehaceres, comiéndose marrones por ti. Y tú sin poder hacer nada para solucionarlo. A veces sin ganas incluso de hablar por teléfono. Otras, queriéndote comer el mundo y volver ya a la actividad frenética del día a día sin darte cuenta que todavía no estas para muchos trotes. Eso sí, he leído (poco por que no tenia capacidad de concentración), he paseado, he vivido la vida de mi pueblo, he disfrutado del pequeño Martín y de Marta… Tres meses de convivencia ininterrumpida prácticamente las 24 horas con una Marta que está empezando el último trimestre de su (nuestro) segundo embarazo, cansada pero siempre a mi lado, animándome, apoyándome, alentándome cuando los ejercicios no salen, acompañándome a médicos, preocupada sin decirlo y sin que se la notara han reforzado de forma impresionante nuestra unión, nuestro cariño y nuestro compromiso. Por eso, creo que el agradecimiento y el confirmar mi amor por ella es otra (la mejor) de las cosas que este accidente me ha traído.

Os espero en marzo salvo complicaciones. En marzo espero haber vuelto a la rutina laboral, a la vida asociativa, al ocio, al (escaso) deporte que antes de caerme hacía, en marzo volveré a escribir en esta escalera…..pero una vez más fallaré al hablar de movimientos sociales porque en marzo ¡¡Habrá nacido Miguel!!

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