Os habréis fijado que las últimas escaleras
no las he escrito yo. Muchas gracias a Henar por el
esfuerzo y la sustitución. El pasado día
1 de noviembre una mala caída doméstica
me llevó a urgencias con el brazo derecho roto
en varios trozos. A lo que me pasó le llaman
la “Triada Terrible, del Diablo o del Infeliz”
y os puedo asegurar que el nombre lo merece: operación
muy larga y complicada, morfina para el dolor, un mes
en cabestrillo, dolorosa recuperación de lo que
llaman “tono muscular” con una fisioterapeuta
cuya misión declarada es hacerte ver las estrellas-
y a la que la estoy agradecidísimo de que así
lo haga- y suma y sigue. Sin embargo tres meses después
ya puedo retomar mi escalera al cielo –paradójicamente
lo mío pasó al caerme de una escalera-y,
a sugerencia de la directora de Alandar, compartir con
vosotros y vosotras lo que ha sido esta experiencia.
Ojo, esto supone una vez más faltar a mi palabra
dada de dedicarme a escribir sobre los movimientos sociales
en esta columna, pero ya se sabe, donde manda patrón…
Para una persona como yo, activa en mil frentes, con
la agenda comprometida en muchos meses, con un sinnúmero
de actividades en las que tomar parte, este parón
ha sido en primer lugar un fastidio. Tanta gente, tantos
colectivos, tantas personas a las que he tenido que
llamar y disculparme por no poder, por no hacer, por
no estar….Así que lo primero es disculparme
públicamente con todos ellos y comprometerme
a retomar todos esos compromisos en breve.
En segundo lugar, estos meses han servido para ejercitar
el músculo de la paciencia. Paciencia en el hospital,
donde las horas tienen otro ritmo, donde todo es lento,
donde la mañana se gasta entre esperar la pastilla
de las 8, el desayuno, la visita del medico, la comida,
la pastilla de las 3, alguna visitilla, la cena, la
pastilla de las 11... Donde lo que pasa ahí (aquí)
fuera se ve de manera lejana, como si no fuera contigo.
Ejercitar la paciencia de esperar una prueba una radiografía
que no terminan de hacerte. Paciencia de esperar días
y días a poder mover un simple dedo de la mano
(¡que triunfo!); ser paciente y repetir una y
otra vez ejercicios cotidianos como abrir un simple
tetrabrick de leche, que no sale, que no puedes y que
te desesperan (¿por qué lo llamarán
abrefacil?)
En tercer lugar soportar el dolor. El dolor que no se
combate fácilmente con química. Soportar
el dolor y tratar de no darle importancia, sonreír,
seguir sonriendo en las dificultades y tratar de tomárselo
con el mejor humor posible lo que a uno le ha pasado.
Esa es otra de las enseñanzas de estos días.
Y no ha sido ni está siendo nada fácil.
Y no siempre lo he conseguido. Y a veces el mal humor,
la desesperación, las malas caras se han impuesto.
¡Que difícil es controlarse a veces! ¡Cuanto
cuesta tener la sonrisa siempre dispuesta! Unido a todo
ello, el afán de superación. El trabajar
porque tu brazo vuelva a ser el que era. Un grado más
de flexión, una rotación más completa,
un poco más de fuerza en la mano. Día
a día, paso a paso, lento pero continúo.
A veces retrocediendo un poco y vuelta a empezar.
Yo nunca había estado de baja. Todo lo más
una mañana de cama con gripe. Y ahora esto. Estar
en casa sabiendo que alguien está trabajando
por ti, sustituyéndote en tus quehaceres, comiéndose
marrones por ti. Y tú sin poder hacer nada para
solucionarlo. A veces sin ganas incluso de hablar por
teléfono. Otras, queriéndote comer el
mundo y volver ya a la actividad frenética del
día a día sin darte cuenta que todavía
no estas para muchos trotes. Eso sí, he leído
(poco por que no tenia capacidad de concentración),
he paseado, he vivido la vida de mi pueblo, he disfrutado
del pequeño Martín y de Marta… Tres
meses de convivencia ininterrumpida prácticamente
las 24 horas con una Marta que está empezando
el último trimestre de su (nuestro) segundo embarazo,
cansada pero siempre a mi lado, animándome, apoyándome,
alentándome cuando los ejercicios no salen, acompañándome
a médicos, preocupada sin decirlo y sin que se
la notara han reforzado de forma impresionante nuestra
unión, nuestro cariño y nuestro compromiso.
Por eso, creo que el agradecimiento y el confirmar mi
amor por ella es otra (la mejor) de las cosas que este
accidente me ha traído.
Os espero en marzo salvo complicaciones. En marzo espero
haber vuelto a la rutina laboral, a la vida asociativa,
al ocio, al (escaso) deporte que antes de caerme hacía,
en marzo volveré a escribir en esta escalera…..pero
una vez más fallaré al hablar de movimientos
sociales porque en marzo ¡¡Habrá
nacido Miguel!!
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