| Con frecuencia los políticos demagogos
incluyen las restricciones a la inmigración
en sus discursos electorales. Con frecuencia aprovechan
y amplifican los muchos y efectivos mitos que existen
al respecto. Lo cierto es que muchos de ellos se
basan en percepciones erróneas y que buscarse
la vida fuera de tu país –o de tu entorno-
ha sido el camino más eficaz para el desarrollo
de millones de personas sólo durante el siglo
pasado. Las políticas defensivas que aplican
los países desarrollados contra la inmigración,
basadas en el control de fronteras, son, además
de muy poco realistas, muy injustas, ya que tienen
unos costes muy |
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elevados, potencian la inmigración ilegal, violan
derechos humanos esenciales y provocan grandes bolsas
de pobreza, exclusión y desesperación.
Es evidente que los emigrantes no vienen a “quitar”,
como se dice tantas veces. Es evidente que las brutales
desigualdades de nuestro mundo son las que generan los
grandes movimientos de personas. Por poner un ejemplo,
la diferencia salarial entre Ecuador y España es
de 5 a 1; la del Reino Unido y Kenia es de 7 a 1. Hace
120 años, las grandes migraciones de Irlanda a
Estados Unidos se originaron en una diferencia salarial
de tan sólo 2,3 a 1.
Los cinco países industrializados más protegidos
invierten 17.000 millones de dólares en prevenir
la inmigración. En cambio, en países como
el nuestro, a pesar de que la población inmigrante
es de un 10 por ciento aproximadamente, no se hace un
esfuerzo de financiación suficiente para dotar
los servicios públicos, lo que genera una competencia
que no facilita la integración ni el reconocimiento
social de los valores que aporta la inmigración.
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