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 Febrero 2008 nº 245 - REPORTAJE

Mitos que vienen y se quedan
Mª Jesús López
Con frecuencia los políticos demagogos incluyen las restricciones a la inmigración en sus discursos electorales. Con frecuencia aprovechan y amplifican los muchos y efectivos mitos que existen al respecto. Lo cierto es que muchos de ellos se basan en percepciones erróneas y que buscarse la vida fuera de tu país –o de tu entorno- ha sido el camino más eficaz para el desarrollo de millones de personas sólo durante el siglo pasado. Las políticas defensivas que aplican los países desarrollados contra la inmigración, basadas en el control de fronteras, son, además de muy poco realistas, muy injustas, ya que tienen unos costes muy
elevados, potencian la inmigración ilegal, violan derechos humanos esenciales y provocan grandes bolsas de pobreza, exclusión y desesperación.

Es evidente que los emigrantes no vienen a “quitar”, como se dice tantas veces. Es evidente que las brutales desigualdades de nuestro mundo son las que generan los grandes movimientos de personas. Por poner un ejemplo, la diferencia salarial entre Ecuador y España es de 5 a 1; la del Reino Unido y Kenia es de 7 a 1. Hace 120 años, las grandes migraciones de Irlanda a Estados Unidos se originaron en una diferencia salarial de tan sólo 2,3 a 1.

Los cinco países industrializados más protegidos invierten 17.000 millones de dólares en prevenir la inmigración. En cambio, en países como el nuestro, a pesar de que la población inmigrante es de un 10 por ciento aproximadamente, no se hace un esfuerzo de financiación suficiente para dotar los servicios públicos, lo que genera una competencia que no facilita la integración ni el reconocimiento social de los valores que aporta la inmigración.

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