Colombia sangra fuerte, pero no sólo por los
rehenes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia
(FARC), sino por las heridas que provoca la impunidad
de los individuos que hacen del país un estado
de desderecho, y que amenazan y persiguen a quienes
luchan de manera noviolenta por sembrar la paz, la justicia
y el bienestar. Tenemos reciente un ejemplo, en un artículo
que el periodista y escritor colombiano, y antiguo embajador
en Francia y Portugal, Plinio Apuleyo, publicaba hace
un par de meses en El Espectador (junto a El Tiempo,
diario de mayor impotancia del país americano),
en el que arremetía contra los defensores de
los Derechos Humanos y las organizaciones civiles noviolentas,
a quienes, además, acusaba de connivencia con
las guerrillas. Es lo de siempre. Los políticos
apuntan y los militares o paramilitares ponen la bala.
Estas son las lindezas que Apuleyo dedicaba a organismos
como Justicia y Paz. ”Las FARC han sabido manipular
a su favor los recursos judiciales, gracias a una bien
articulada y sigilosa estrategia que se apoya en un
abanico de variados recursos (...) Las ONG de izquierda,
especializadas en la guerra jurídica contra los
militares, como Justicia y Paz, el Colectivo de Abogados
José Alvear Restrepo, la Red Europea de Hermandad
con Colombia, el Comité de Solidaridad con los
Presos Políticos, Minga, Peace Brigadas Internacional
y muchas otras dentro del país y fuera de él.
Por su parte, los defensores y defensoras de los derechos
humanos, quienes tienen la noviolencia por bandera,
no han hecho sino uso de una de las pocas armas de que
disponen para enfrentarse al gigante represor, las palabras.
Helas aquí.
Con mucha preocupación registramos la publicación
en El Espectador del artículo de Plinio Apuleyo
Mendoza, sábado 15 de diciembr), en el que señala
a las organizaciones de derechos humanos, nacionales
e internacionales, Justicia y Paz, el Colectivo de Abogados
José Alvear Restrepo, la Red Europea de Hermandad
con Colombia, el Comité de Solidaridad con los
Presos Políticos, Minga, Peace Brigadas International
de ser instrumentos de la guerra de las Farc. Dicho
falso señalamiento pone en peligro el ejercicio
de la actividad legítima de defensa de los derechos
humanos, en un clima en el que quienes se dedican a
esta labor son objeto de repetidos ataques por todos
los actores armados.
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