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Hacia una economía de
justicia
El sur, basurero del mundo
Verónica Ramírez
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Entre 20 y 50 millones
de desechos tóxicos procedentes de ordenadores,
móviles y otros aparatos se producen anualmente
en el mundo. Y cada año el número
de desechos crece, debido al auge de la electrónica
y la informática, y a que la vida útil
de estos productos cada vez es menor. Mientras que
en 1997 un ordenador duraba de media seis años,
en 2005 se tiraba a la basura cada dos; los móviles,
ni siquiera llegan a durar dos años. Los
países más consumidores abaratan sus
costes de reciclaje de la ‘basura electrónica’
exportándola a países empobrecidos,
preferentemente a China e India. |
En 2005 un estudio de Greenpeace se ocupó de analizar
los efectos de las sustancias tóxicas de los aparatos
eléctricos y electrónicos enviados a estos
dos países, concretamente en la provincia de Guangdong
y en los suburbios de Nueva Delhi. La organización
ecologista analizó el entorno medioambiental y
los lugares de trabajo donde se reciclan los aparatos,
confirmando que las aguas, el suelo y los habitantes de
la zona mostraban elevados índices de sustancias
químicas tóxicas y de metales pesados, superiores
a los considerados óptimos para la salud y la conservación
del medio ambiente. En el reciclaje también trabajan
niños y mujeres embarazadas, que desmantelan ordenadores
e impresoras sin protección física y al
aire libre como única manera de sobrevivir.
El Convenio de Basilea de la ONU prohíbe exportar
desechos eléctricos y electrónicos de manera
descontrolada a países empobrecidos. Entró
en vigor en 1992 y está ratificado por 134 países,
entre los que no está Estados Unidos, el mayor
exportador de basura electrónica. Pero los ratificantes
siguen exportando basura electrónica de forma ilegal.
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