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Los bienes se han convertido, a menudo, en un
obstáculo para comunicarnos con nuestros
semejantes. El mundo que habitamos nos enseña
cómo edificar ‘castillos de consumo’
en los que recluirnos y así experimentar
el ansiado valor de la seguridad. Frente a esta
visión materialista de la vida existen alternativas
que no parecen gozar de gran actualidad. Pese a
que TV, publicidad, bancos, hipotecas y política
mantienen que éste es el único modo
de concebir la relación entre los habitantes
del planeta Tierra, siempre hay quien, aunque sea
hace dos mil años, se empeña en recordarnos
que hay otra manera de enfrentarse al uso de los
bienes materiales. |
¿Todo lo que tenemos es nuestro? ¿Tiene
algún significado el término propiedad
privada en el proyecto de Dios? Aquello que defendemos
con uñas y dientes porque “lo hemos ganado
con el sudor de nuestra frente”, ¿tenemos
derecho (en la visión cristiana) a disfrutarlo
en soledad o sólo en compañía de
los nuestros? Estas son algunas preguntas sobre las
que se reflexiona en este número de alandar.
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