En el consejo de redacción de alandar
se sienta gente muy variopinta, de diversos orígenes
y mundos, de diversos lenguajes y estilos. Salen
a borbotones los temas de los que se podría
hablar en la revista y generalmente estamos de acuerdo.
Pero el tema de este artículo nos hizo discutir
y dialogar durante un buen rato. Al primer toque,
el tema del “uso evangélico de los
bienes” nos sonaba a meditación espiritual
para frailes o monjas un poco noños (y que
me perdonen los frailes y monjas que leen alandar
que seguro que no tienen nada de eso). Por eso,
nos hizo falta darle más vueltas.
La Iglesia y los bienes. Primeras ideas
En el diálogo emergieron muchas ideas. Si
íbamos a hablar del “uso evangélico
de los bienes”, habría que hablar,
claro está, de los bienes de la Iglesia.
Y allí nos salió de todo: desde las
riquezas del Vaticano hasta los palacios episcopales
en que todavía viven –o malviven, para
ser realistas– algunos obispos. |
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Desde la crucecita que ahora se nos pide que pongamos
en la declaración del Impuesto sobre la Renta de
las Personas Físicas desde carteles, periódicos
y cualquier medio de publicidad de los muchos que hay,
hasta el dinero que reciben muchos colegios de religiosos
y religiosas en eso que se ha dado en llamar la enseñanza
concertada. No nos olvidamos de Gescartera y aquel famoso
cura-ecónomo de la diócesis de Valladolid,
que muy perspicazmente sacó a tiempo los dineros
de la diócesis de aquella inversión tan
dudosa. Y salieron algunas congregaciones religiosas femeninas
que en aquel pozo sin fondo de ilusiones inversoras que
fue Gescartera se dejaron los fondos con que contaban
para atender a las necesidades de su misión. Alguno
se encargó de dejar claro que el dinero que todavía
hoy la Conferencia Episcopal recibe del Estado no revierte
en modo alguno en los religiosos y religiosas, que no
reciben en cuanto tales un duro, porque aquel dinero se
destina exclusivamente a la atención de los curas,
seminarios y curias diocesanas. Otro entró en el
tema de la existencia de parroquias ricas y parroquias
pobres. Porque no es lo mismo una parroquia en el centro
de una de las grandes ciudades españolas que una
parroquia de barriada. Y no vamos a hablar de las parroquias
rurales que yacen en el olvido de la misma manera que
el mundo rural español. Algunas tienen fondos para
poner aire acondicionado en verano y en otras los curas
todavía celebran misa con ornamentos preconciliares
por la sencilla razón de que no hay fondos para
hacer ni las reparaciones más elementales en el
edificio de la iglesia.
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