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 Febrero 2008 nº 245 - TEMA DE PORTADA

El uso evangélico de los bienes
Fernando Torres Pérez
En el consejo de redacción de alandar se sienta gente muy variopinta, de diversos orígenes y mundos, de diversos lenguajes y estilos. Salen a borbotones los temas de los que se podría hablar en la revista y generalmente estamos de acuerdo. Pero el tema de este artículo nos hizo discutir y dialogar durante un buen rato. Al primer toque, el tema del “uso evangélico de los bienes” nos sonaba a meditación espiritual para frailes o monjas un poco noños (y que me perdonen los frailes y monjas que leen alandar que seguro que no tienen nada de eso). Por eso, nos hizo falta darle más vueltas.

La Iglesia y los bienes. Primeras ideas

En el diálogo emergieron muchas ideas. Si íbamos a hablar del “uso evangélico de los bienes”, habría que hablar, claro está, de los bienes de la Iglesia. Y allí nos salió de todo: desde las riquezas del Vaticano hasta los palacios episcopales en que todavía viven –o malviven, para ser realistas– algunos obispos.
Desde la crucecita que ahora se nos pide que pongamos en la declaración del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas desde carteles, periódicos y cualquier medio de publicidad de los muchos que hay, hasta el dinero que reciben muchos colegios de religiosos y religiosas en eso que se ha dado en llamar la enseñanza concertada. No nos olvidamos de Gescartera y aquel famoso cura-ecónomo de la diócesis de Valladolid, que muy perspicazmente sacó a tiempo los dineros de la diócesis de aquella inversión tan dudosa. Y salieron algunas congregaciones religiosas femeninas que en aquel pozo sin fondo de ilusiones inversoras que fue Gescartera se dejaron los fondos con que contaban para atender a las necesidades de su misión. Alguno se encargó de dejar claro que el dinero que todavía hoy la Conferencia Episcopal recibe del Estado no revierte en modo alguno en los religiosos y religiosas, que no reciben en cuanto tales un duro, porque aquel dinero se destina exclusivamente a la atención de los curas, seminarios y curias diocesanas. Otro entró en el tema de la existencia de parroquias ricas y parroquias pobres. Porque no es lo mismo una parroquia en el centro de una de las grandes ciudades españolas que una parroquia de barriada. Y no vamos a hablar de las parroquias rurales que yacen en el olvido de la misma manera que el mundo rural español. Algunas tienen fondos para poner aire acondicionado en verano y en otras los curas todavía celebran misa con ornamentos preconciliares por la sencilla razón de que no hay fondos para hacer ni las reparaciones más elementales en el edificio de la iglesia.

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