Cuando recibas este alandar habrás votado una vez
más o estarás a punto de hacerlo. Los partidos
políticos habrán estado durante 15 días
(oficialmente es lo que dura la campaña) convenciéndote
de que ellos lo hacen mejor que el otro. Lideres, cantantes,
pintores, famosos…..¡Incluso Obispos! Han
estado dándote la murga para que vayas a votar.
Siempre que llega este acontecimiento (ver otras escaleras
que he escrito sobre este tema anteriormente) me planteo
que sentido tiene ir a introducir mi papel en una urna
¿Qué va a cambiar? ¿Qué va
a mejorar? ¿Por qué es uno mejor que el
otro? ¿Votar a uno de los grandes porque si no
viene el “otro” (lo llaman voto del miedo)
Cuando escribo esta columna (11 de febrero) todavía
no tengo claro si iré a votar y en caso de hacerlo
a quien votaré (si se a quien no, nunca jamás)
y quería compartir con vosotros y vosotras algunas
ideas al respecto. (De Miguel, que ya ha nacido os hablaré
en abril)
Los ciudadanos vivimos en democracia (al menos los de
esa parte del mundo de arriba y hacia el Oeste) porque
cada cuatro años depositamos un papelito en una
urna que delega nuestra responsabilidad en unos señores
y señoras que son los que saben lo que le conviene
a nuestro territorio (sea país, ciudad, barrio
o continente).
La fatiga política que nos invade es fiel reflejo
de ello. Nos han quitado la posibilidad de decidir y conocer,
basándose en que la participación es compleja
y es cosa que deben hacer nuestros representantes. Y además,
hay que tener en cuenta que después de los sucesos
del 11 de septiembre, del 11 de marzo (e incluso antes
pero ¡en fin!) parece que “seguridad”
va antes que ”libertad” en el diccionario
de algunos y que el respeto a los derechos humanos puede
y debe ser matizado por esta sacrosanta seguridad.
Parece como si una vez pasado el 9-m los ciudadanos volveremos
a nuestra cotidianidad y serán los otros, los elegidos
los que decidirán las cosas importantes, supuestamente
en nuestro nombre. Nos gustaran mas o menos, nos enfadaran,
pero nos quedaremos sentaditos en casa (tranquilo majete
en tu sillón que cantaban los Celtas Cortos hace
unos añitos).
Y sin embargo creo muy necesario retomar el concepto de
miembro de la polis, de ciudadano participativo y enfrentar
el mundo de la democracia real desde la participación
cotidiana. Los presupuestos participativos, la militancia
en asociaciones de vecinos, ecológicas y ecologistas,
grupos de consumo, grupos de ahorro de proximidad, sindicatos,
ONGs… la lucha por los derechos humanos desde las
relaciones en el trabajo y el respeto a las minorías;
salir a la calle a protestar, celebrar o denunciar y un
largo etcétera son espacios a conquistar y a mantener
para hacer de la democracia un verdadero lugar de participación,
intercambio y respeto. El Foro social, que este año
ha sido celebrado de manera descentralizada es un reflejo
de la cantidad y calidad de propuestas participativas
donde construir un mundo diferente del que nos prometen
desde los atriles de los mítines. Hay numerosas
oportunidades de hacer política desde abajo, desde
el barrio, desde la comunidad….y estas maneras de
hacer política, de comprometerse en la construcción
de una ciudadanía participada y participativa son,
a mi entender mucho mucho mas efectivas y transformadoras
que un papel en una urna diluido en un maremagno de papeles
iguales.
El 9-M no se si saldré de casa para ir al colegio
electoral. No se si sirve de algo. Pero estoy seguro que
el 8 celebraré vestido de morado, como todos los
años, el día de la mujer trabajadora. Y
el 10 tendré una reunión del GAP, y el 11
una actividad de la asociación cultural y vecinal
del pueblo en el que vivo. |