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En un libro que recoge las reflexiones más
interesantes que sobre la cárcel se han hecho
en este último tiempo, Xavier Pikaza resalta
lo siguiente: “Los encarcelados (y aquellos
que viven en su entorno) constituyen una de las
minorías más significativas de la
sociedad moderna que les expulsa de su seno para
vivir más tranquila. Muchos sociólogos
afirman que estamos empezando a vivir en una sociedad
carcelaria. Si individuos y gobiernos siguen insistiendo
en la política actual de seguridad a través
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violencia legal (en un nivel ideológico, policial
y económico), la vida humana puede volverse irrespirable,
de manera que los hombres y a no se dividirán en
señores y siervos, como antes, sino en encarceladores
y encarcelados como está pasando en algunos países
del llamado mundo libre”.
En pocas palabras es difícil expresar mejor aquello
que la cárcel es y representa en la actual sociedad,
a mi manera de entender, está así perfectamente
definida.
Las personas presas avanzan
Cerca de 70.000 son las personas presas que ocupan las
celdas y patios, entre los seguros muros de las cárceles
de todo el Estado. De este número, desde todo punto
de vista, escandaloso para una sociedad que se jacta de
haber avanzado tanto; en torno al 40% son personas extranjeras
( en algunas cárceles como Dueñas en Palencia
y Topas en Salamanca el 80 y el 67% respectivamente).
Y un segundo dato importante, el 80% del total de personas
presas están relacionadas de alguna manera con
el mundo de la droga.
La dolorosa realidad es que antes de disminuir (que sería
lo más lógico en una sociedad como la nuestra),
el número de personas avanza cada año en
cerca de 4.000 personas.
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