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 Marzo 2008 nº 246 - TEMA DE PORTADA

Familias
Redacción de alandar
El tratamiento en plural, en el caso de la familia como en el de la mayoría de las relaciones complejas que acompañan la vida del ser humano, siempre resulta más rico que en singular. Frente al negro y al gris, colores corporativos de los uniformes de una Iglesia institución que se parece cada vez más, en lo triste y cuartelera, al ejército, la realidad social del siglo XXI propone los colores de la diversidad. Hoy en día hay familias cristianas y no cristianas, gracias a Dios, formadas por dos mujeres (o dos hombres) que se aman. También existen unidades ‘monoparentales’, o ex parejas que han rehecho su vida después de la separación o el divorcio, que gozan con la felicidad
que produce haberse reencontrado con otras personas en la intensidad del amor. Y no por ello son menos padres, o menos madres. Siguen educando y queriendo a sus retoños, desde una mayor salud mental y emocional sin tener que seguir mantenido una farsa durante años, lejos del dolor que supone mantener a toda costa las convenciones sociales o de la religión mal entendida que prohíben romper el matrimonio.

Algunos que hablan en nuestro nombre sin el derecho que les concedería ser portavoces honrados, pretenden hacernos creer que los que nos llamamos seguidores y seguidoras del Cristo condenamos en bloque toda aquella familia que se salga del canon que imperaba hace dos mil años. Tal y como les ocurre en otras importantes cuestiones que vinculan fe y vida, esta gente tan inflexible y malhumorada se ha quedado antigua. Han perdido el contacto con el mundo real. Esa constatación arroja, en principio, un sentimiento de tristeza. Y después viene la rabia, porque en sus manifestaciones públicas, los defensores de la familia única, de la ‘verdadera’, aprovechan cualquier oportunidad para pontificar condenando.

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