Somos una familia de lesbianas, cristianas y felizmente
casadas por el rito del matrimonio católico.
Pero para llegar a esta situación ha sido
necesario recorrer un largo camino de reconocimiento
como lesbianas y como cristianas.
La decisión de casarse es un paso más
en nuestra trayectoria. Una decisión importante
y llena de responsabilidades, porque en nuestro
caso la sociedad lo sigue poniendo difícil.
Nosotras nos conocimos en un grupo de cristianos
homosexuales en Madrid, y nos gustaría decir
que el noviazgo fue como el de cualquier pareja
que se enamora, aunque con algunos detalles específicos:
mujeres, diferencia acusada de edad y problemas
familiares de aceptación de nuestro lesbianismo.
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Al principio no creíamos que lo nuestro tuviera
futuro, pero algo nos decía en el transcurso de
los días, que no era sólo decisión
nuestra avanzar en la relación. Alguien más
nos acompañaba y nos fortalecía, y nos levantaba
en los momentos de desánimo. Esa presencia, que
eran los Brazos-Amorosos-Protectores y los Brazos-Alegrías-Achuchones,
la sentíamos por medio de nuestros amigos, de las
compañeras de Mujeres y Teología, y en nuestros
momentos de oración.
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