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 Marzo 2008 nº 246 - TEMA DE PORTADA

Se nos acabó el amor
Irene de las Heras

Me piden que cuente mi historia, mi vivencia familiar desde mi situación de separada y voy a intentarlo. Hace cuatro años y medio tomé la decisión de separarme de mi marido. Se nos acabó el amor y, aunque intentamos reavivar la llama que un día existió, no nos dio resultados. Recuerdo aquella época con bastante dolor. Yo necesitaba emprender una nueva vida, darme una oportunidad para ser feliz y algo en mi interior me pedía a gritos que lo intentara. Sin embargo, me pesaba mucho la responsabilidad de madre, y mucho más aún el deseo de estar con mis hijos, mis dos maravillosos hijos
.
Yo hablaba del asunto con mis amigas, con mi familia, con mi psicóloga, necesitaba aclarar mis ideas... había muchas cosas que me preocupaban e influían, tenía miedo. Para colmo, una amiga que trabaja en un colegio, me dijo que veía muchos hijos de separados que estaban muy mal, que sufrían mucho...

Pero yo me rebelaba contra esa idea, pensaba que no necesariamente los niños han de sufrir, que se pueden hacer las cosas bien, que vivir la vida con autenticidad no está reñido con la responsabilidad de ser madre…

Dejé a un lado el miedo y la comodidad y decidí intentarlo. Se nos acabó el amor pero no el cariño, y mucho menos el respeto. Así que desde ese cariño hacia la persona con la que tuve dos niños, tomé decisiones de las que nunca me he arrepentido. Pensé que era yo la que tenía que marcharme, decidí dejarle a él la casa y la convivencia con los niños con la única condición de que no me pusiera ningún impedimento para poder ver a mis hijos a diario.

Y así sucedió. Lo hablamos con ellos, les explicamos que ya no nos queríamos como una pareja, y que nos íbamos a separar. Entonces tenían 9 y 7 años. No les gustó, lógicamente, pero tampoco fue un drama. No fue fácil para ninguno. Les expliqué que siempre iban a contar conmigo, que seguiría de cerca sus asuntos, que les vería todos los días y que si en algún momento querían hablar conmigo y yo no estaba ahí, no tenían más que descolgar el teléfono.


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