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 Abril 2008 nº 247 - OPINIÓN - EDITORIAL

Elecciones

En el mes que acaba de finalizar hemos tenido dos elecciones importantes: una para gobernar el país en los próximos cuatro años y otra para gobernar la iglesia en el mismo periodo.

Han sido dos procesos muy distintos. En uno, todos los que vamos a “sufrir” a quienes salieran elegidos teníamos el derecho de emitir nuestro voto en las urnas. Podemos estar más o menos de acuerdo, pero quienes han salido están refrendados por millones de ciudadanas y ciudadanos españoles. A los otros millones que no les han votado y que creen en la democracia, no hablamos de los fascismos, tendrán que trabajar y convencer de que tienen algo que ofrecer, si es que quieren ser elegidos en los próximos comicios.

En el proceso eclesiástico sólo es el Espíritu Santo el que decide (al menos eso dijo alguno de los portavoces) Sólo que resulta que ahora hay que “encaminar” al Espíritu y hacer votaciones previas para ver cuantos son los que se descarrilan y así poder modificar el voto y no perder la oportunidad de “iluminar” al Santo Espíritu. Lo malo de estas elecciones es que los resultados son más difíciles de aceptar porque no están refrendados por la mayoría de quienes los vamos a padecer.

Y para acabar. Desgraciadamente en los dos procesos ha habido dos víctimas. De muy distinto calibre, pero dos víctimas. A la primera, y por supuesto la más importarte, le ha costado su propia vida. Cuando lean esto hará aproximadamente un mes del vil asesinato de Isaias Carrasco. Vaya nuestra oración, nuestros sentimientos de dolor y cariño a su familia, que sí cree en la democracia y en la fuerza de las urnas, no como los verdugos de la víctima mayor de este proceso electoral.

La víctima eclesiástica, simbólicamente hablando, ha sido Monseñor Blázquez, que aunque no podemos decir que sea una persona progresista si al menos intenta ser dialogante… pero no le dejan y él ha sido la víctima de estas segundas elecciones, aunque nos hubiera gustado verlo con la fuerza suficiente para renunciar a la vicepresidencia que como premio de consolación le han dado.


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