Luis Fermín
Moreno
¿Se imagina alguien a los futuros imanes
de la comunidad musulmana española estudiando
en la Facultad de Teología de San Dámaso,
dependiente del arzobispado de Madrid? ¿Qué
no harían en tal caso los que pusieron el
grito en el cielo cuando la editorial SM publicó
un manual de formación religiosa para niños
musulmanes? Pues eso es lo que está ocurriendo,
aunque no en España, naturalmente, sino en
Francia.
Desde finales del pasado enero, el Instituto Católico
de París, cuyo gran canciller es el cardenal
André Vingt-Trois, imparte un curso titulado
“Religiones, Laicidad, Interculturalidad”
a 25 alumnos procedentes en su mayoría del
Instituto Teológico Al Ghazali, de la Gran
Mezquita de París, donde estudian para imanes.
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Se trata de completar la formación teológica
de los futuros dirigentes islámicos con clases
sobre historia de la modernidad, valores republicanos,
instituciones y vida política, derechos del hombre
y de las religiones, economía y gestión
del culto, laicidad –que no laicismo, que no conviene
molestar a los obispos españoles-, secularización,
apertura a otras religiones, interculturalidad, políticas
de integración, mediación cultural... Y,
desde luego, nada de teología o cosa que se le
parezca.
El objetivo, en palabras de Dalil Boubakeur, rector de
la Gran Mezquita y presidente del Consejo francés
del culto musulmán, es doble: por un lado, “favorecer
la integración republicana de los imanes, que tienen
que cumplir un papel social y civil que sobrepasa el estricto
marco religioso y cultual”; por otro, romper con
la tendencia de “importación” de imanes.
Boubakeur se refiere al desolador panorama actual de los
líderes islámicos en Francia: el 80 por
ciento de los 2.200 imanes con que cuenta el país
procede del extranjero, formados en Siria, Egipto, Marruecos,
Túnez o Turquía. Un tercio de ellos ni siquiera
habla francés y apenas conoce la sociedad en la
que vive. Y, según fuentes del ministerio de Interior,
al menos la décima parte está a sueldo de
sus países de origen.
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