José Guillermo
García Olivas
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Hablar de reforma agraria en nuestros días
es un anacronismo. Algo similar pasa con la lucha
de clases. Pero lo cierto es que ambos conceptos
no dejan de tener vigencia por mucho que se empeñen
los’ medios de incomunicación’.
La propiedad de la tierra sigue estando, y cada
vez con mayor impunidad, en manos de unos pocos
que, además, suelen vivir en zonas residenciales
de grandes urbes, a miles de kilómetros del
campo. Los grandes terratenientes del siglo XXI
son las multinacionales agroalimentarias y, muy
pronto (gracias a la efervescencia del fenómeno
de los biocombustibles) las corporaciones energéticas. |
Ocurrió, un día cualquiera del pasado
otoño, cuando desayunaba en una cafetería
y hojeaba la prensa del día. El titular me llenó
de gozo. “El Vaticano admite oficialmente, la
aparición de la Virgen, a tres jóvenes
de Ruanda, el pasado año 2.001”.
El motivo que había llevado a esta conclusión
al Vaticano, fue, según los jóvenes afortunados,
que la Señora predijo trece años antes,
el genocidio que asolaría al país africano.
Y así, los jóvenes contaron que habían
visto, con sus propios ojos, un río de sangre,
personas que se mataban las unas a las otras, cadáveres
abandonados sin que nadie los enterrara, un árbol
en llamas, un abismo abierto y cabezas decapitadas.
Y por último, vieron a la Señora, animándoles
a la oración, al ayuno y a la penitencia.
Junto a esta noticia, el periodista, recapitulaba las
apariciones marianas aceptadas por la Iglesia. Guadalupe
(México) en el año 1.531. Lourdes (Francia)
1.858. Fátima (Portugal) 1.917. Zeinum (Egipto)
1.968. Bosnia 1.981 y algunas otras, que han sido descartadas.
Además de un número indeterminado que
estaban en estudio por la comisión correspondiente.
Días más tarde, asistí a una residencia
de personas de las llamadas “tercera edad”,
para visitar a un familiar, que acababa de ingresar.
La Directora del centro, me acompañó para
conocer algunas dependencias del mismo, encontrándonos
por los largos y soleados pasillos, algunos residentes
que nos saludaban con verdadero cariño.
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