Pedro Casaldáliga
Estaba pensando la circular de 2008, cuando me
invade, como un río bíblico de leche
y miel, una auténtica inundación de
mensajes de solidaridad y cariño por ocasión
de mis 80 años. No pudiendo responder a cada
uno y a cada una en particular, incluso porque el
her-mano Parkinson tiene sus caprichos, les pido
que reciban esta circular como un abrazo per-sonal,
entrañable, de gratitud y de comunión
renovadas.
Estoy leyendo una biografía de Dietrich Bonhoeffer,
titulada, muy significativa-mente, Tendríamos
que haber gritado. |
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Bonhoeffer, teólogo y pastor luterano, profeta
y mártir, fue asesinado por el nazismo, el 9 de
abril de 1945, en el campo de concentración de
Flossen-bürg. Él denunciaba la «Gracia
barata» a la que reducimos muchas veces nuestra
fe cristia-na. Advertía también que «quien
no haya gritado contra el nazismo no tiene derecho a can-tar
gregoriano». Y llegaba finalmente, ya en vísperas
de su martirio, a esta conclusión mili-tante: «Hay
que parar la rueda bloqueando sus radios». No bastaba
entonces con socorrer puntualmente a las víctimas
trituradas por el sistema nazi, que para Bonhoeffer era
la rue-da; y no nos pueden bastar hoy el asistencialismo
y las reformas-parche frente a esa rueda que para nosotros
es el capitalismo neoliberal con sus radios del mercado
total, del lucro omnímodo, de la macro-dictadura
económica y cultural, de los terrorismos de estado,
del armamentismo de nuevo creciente, del fundamentalismo
religioso, de la devastación ecoci-da de la tierra,
del agua, de la floresta y del aire.
No podemos quedarnos estupefactos delante de la iniquidad
estructurada, aceptando como fatalidad la desigualdad
injusta entre personas y pueblos, la existencia de un
Primer Mundo que lo tiene todo y un Tercer Mundo que muere
de inanición. Las estadísticas se multiplican
y vamos conociendo más números dramáticos,
más situaciones infrahumanas. Jean Ziegler, relator
de Naciones Unidas para la Alimentación, afirma,
cargado de experien-cia, que «el orden mundial es
asesino, puesto que hoy el hambre ya no es una fatalidad».
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