Ruth Anastacio (Perú)
Después del 7 de marzo muchos recordarán
a Leonel Fernández, presidente de República
Dominicana, como un gran conciliador. Fue él
quien propició que Álvaro Uribe, presidente
de Colombia, y Rafael Correa, presidente de Ecuador,
estrecharan sus manos y que ambos países
vuelvan a respirar en paz.
Uribe cruzó a pasos agigantados el salón
para reencontrarse con su homólogo ecuatoriano.
Después hizo lo mismo con los presidentes
Hugo Chávez, de Venezuela, y Daniel Ortega,
de Nicaragua, quienes tuvieron reacciones más
amigables que las del presidente ecuatoriano. |
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Los abrazos entre los antes enfrentados provocó
la ovación de los otros presidentes miembros
del Grupo de Río. La crisis entre Colombia, Venezuela
y Ecuador podía significar el final del grupo
e incluso de la Organización de Estados Americanos
(OEA); además del hecho de que los mandatarios
implicados comenzaran a hablar de una situación
prebélica.
La espera del grito de guerra había trasnochado
a los pueblos que incrementaban su incertidumbre con
la movilización de tropas a las fronteras, rompimiento
de relaciones diplomáticas, acusaciones internacionales,
nacionalización de empresas y cierre del comercio.
Nadie imaginó que aquella tarde, luego de una
reunión de siete horas, se daría fin a
la crisis.
Los involucrados
Luego de la gira que hiciera el presidente Rafael Correa
recorriendo varios países de Latinoamérica
en busca de apoyo a una condena contra Colombia, por
violar su territorio para dar muerte a Raúl Reyes,
uno de los jefes de la guerrilla colombiana de las FARC,
el mandatario nicaragüense rompió relaciones
diplomáticas con Colombia, en solidaridad con
Ecuador.
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