Beatriz Tostado
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El empeño “por una sociedad más
fraterna” es una de las cosas que define al
grupo Al-Haraca, que nació en 1986 de mano
de “cuatro chicas muy jóvenes cuyo
sueño era que la vida, el Evangelio y la
música se encontrasen para generar comunicación
y comunión y así hacer llegar nuestra
experiencia cristiana a quien quisiese oírnos.
Nos pusimos a crear, grabar y difundir canciones
que facilitasen la expresión de la fe, la
oración, las celebraciones litúrgicas
y la animación de grupos de jóvenes”.
Lo explica Manuela Aguilera, directora de la revista
Crítica y cantante principal del grupo. |
“Nuestro primer trabajo se tituló La
vida puede más y quiso ser un homenaje
a San Pedro Poveda, fundador de la Institución
Teresiana. Hacia 1990 grabamos el segundo trabajo, Nínive.
En él nos empeñamos en componer unos temas
que fuesen una llamada a dialogar con el Dios encarnado
que actúa en la historia y nos llama a actuar
en ella. En 1999 salió a la venta Arcilla y arena,
editado por San Pablo Producciones Musicales, cuyas
canciones quisieron recoger la extraordinaria novedad
del Evangelio, convencidas de que sólo el amor
da valor a lo que hacemos y a lo que somos.
En 2007 salió nuestro más reciente trabajo,
Palabras de vida, con el
que hemos querido demostrar que la canción es
un hecho vivo con capacidad de humanizar las realidades
cotidianas, restaurar desarmonías, enseñar
a esperar sin urgencias, plantar en el caos asideros,
liberar la ternura y la compasión que nos dignifican
y suscitar la experiencia creyente”.
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