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África se merece algo
mejor
El mes de junio del pasado año fue inaugurada la
casa de África. La preocupación de las personas
que de una u otra manera, mantenemos vínculos de
cooperación con ese continente, manifestamos el
temor que ya en su momento también hicimos público;
así como manifestó esa misma preocupación
la asociación de estudios de la globalización,
por la “orientación mercantilista”
que puede atribuirse a la Casa de África.
Quiero destacar que, el presidente de Mali, Oumar Konare
(figura relevante y respetada de la escena política
africana) a su paso por España, y en una conferencia
en la universidad de Alcalá de Henares, basó
su alocución en la grave situación por la
que atraviesa hoy el continente africano y las posibles
salidas del pozo de la miseria en la que han caído
sus poblaciones.
Oumar Konare reconoció, sin excusas ni paños
calientes, la responsabilidad de los dirigentes africanos
por los males que sufre el continente y que, en gran medida
son consecuencia de su “mal gobierno”, déficit
democrático y mala gestión.
Siendo cierto este problema, no es menos cierto que en
África se está dando cada vez más,
una participación de la sociedad civil, de la mujer
y de la unidad al desarrollo conjunto de los africanos,
que se muestran más decididos que nunca a recuperar
el tiempo perdido y trabajar juntos por el bien común.
Otra África es posible y, su futuro, no tiene por
qué ser un reflejo empeorado del dramático
presente, que viven sus pueblos en estos momentos.
El continente africano se merece un poco de justicia y
solidaridad por parte de las naciones ricas (no una “limosna)”,
para liberarse de las lamentables condiciones de vida
que soporta la mayoría de sus habitantes.
Es obvio que si, al continente africano se les pagaran
las materias primas que alimentan las economías
occidentales, África contaría con recursos
suficientes para poner en marcha los programas de desarrollo
que necesita para escapar de la pobreza.
En este momento crítico de su historia, el continente
africano necesita y merece un esfuerzo de solidaridad
por parte de la comunidad internacional, para impulsar
el despegue económico y social. De lo contrario,
las actuales avalanchas de cayucos y pateras a nuestras
costas, tanto canarias como europeas, no cesarán
de aumentar por muchas medidas diplomáticas y policiales
que se tomen.
Si la situación de África sigue degradándose,
ningún continente estará a salvo; menos
aún, las islas y el resto del continente europeo.
Ningún visado, ni muro, podrá detener a
1.500 millones de pobres, que no tienen un dólar
al día para comer.
Sabemos que el mercado interior empieza a agotarse; en
consecuencia, esta futura casa de África, corre
el riesgo de convertirse en un mero centro de negocios
con África Occidental, cuyas operaciones pueden
ser subvencionadas con recursos dedicados a la cooperación
internacional al desarrollo. África, se merece
respeto y un mejor futuro… Isabel Santana
(Canarias) |
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A quién pueda interesar
Al tener noticia de lo aparecido en Internet sobre
la “Domus Galileae”, instalada en el Monte
de las Bienaventuranzas en Israel y algunos escritos
aparecidos de protesta, un doble sentimiento ha invadido
mi espíritu: uno, no preocuparme y dejar pasar,
y otro, levantarme en protesta y reproche.
A decir verdad ha podido en mí este último.
Pero he querido encontrar alguna justificación
a ese malestar que lleva días dominándome.
Y la he encontrado en las palabras de San Pablo en la
Segunda Carta a Timoteo, capítulo 4, versículos
1 y 2 que dice: “Te conjuro en presencia de Dios
y de Cristo Jesús que ha de venir a juzgar a
vivos y muertos, por su Manifestación y por su
Reino: proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo,
reprende, amenaza, exhorta con toda paciencia y doctrina.”
Estoy tan horrorizado y escandalizado que a Jesús
de Nazaret pido me dé luz para decir lo que creo
por mi parte es una obligación proclamar.
Es un verdadero escándalo y una profunda contradicción
edificar semejante “Domus”, que es una proclamación
de riqueza, poder y emporio en el sitio donde Jesús
predicó y proclamó las Bienaventuranzas,
y habló de los pobres, en los pobres, por los
pobres y para los pobres siendo él como uno más
de los habitantes marginados y despreciados de Nazaret.
Y aún más, se edifica o construye tal
“Casa” sin tener en cuenta la situación
de nuestros hermanos los palestinos. A propósito,
¿se ha invitado a éstos en la inauguración
de tal Edificio? Muchos cardenales y obispos (dicen
que aproximadamente 170 idos de Occidente) autoridades
civiles, embajadores, todos aquellos que tienen que
ver con el Imperio y muy poco con Jesús de Nazaret
y con los pobres.
Me produce todo esto tal malestar interior que no he
visto cosa igual en contra de lo que Jesús vivió,
hizo y predicó. Lo hecho está, a mi humilde
parecer, en contra del Evangelio. Y lo peor es que se
han dedicado a pagar y a hacer semejante construcción
los que también se llaman cristianos y hermanos
de mi misma fe. Y, por si fuera poco, han manipulado
y mal utilizado, injusta y antievangélicamente,
la persona y el espíritu del Hermano Carlos de
Foucauld. ¿Por qué en su nombre se quiere
hacer esto?
El Hermano Carlos, apóstol de nuestro tiempo,
pensó y actuó en y por Jesús de
Nazaret, y en y por los pobres. Si tuviéramos
oportunidad de preguntarle al Hermano Carlos nos diría
tantas cosas que horrorizaría a los que ha manipulado
su persona y su espíritu; tanto que, permítaseme
un dislate, lo matarían como a Jesús,
díscolo y pro pobres, lo mataron.
No sé si aún cabrá algún
cambio en la intención de estos que habiendo
conocido en su juventud al Hermano Carlos hoy están
a años luz de su ejemplo y de su espíritu.
Yo para adorar a Jesús en la Eucaristía
no necesito de riquezas, ni de grandes mausoleos ni
de grandes templos, hoy mal e indebidamente llamada
“Domus Galileae”.
¡Oh Jesús!, ábreles la inteligencia
para que comprendan y entiendan la acción de
tu espíritu a los nuevos intérpretes del
carisma del Hermano Carlos que tan bien les va con el
dinero y tan mal con los pobres.
Hermano Carlos, al igual que Jesús de Nazaret,
perdónales porque no saben lo que hacen. Y si
lo saben, caiga sobre ellos el perdón del Padre.
Perdónenme los que esto leyeren mi extensión
en esta carta.
Yo me quedo y creo que también mucha gente que
participa o puedan participar de mi preocupación,
con:
- Jesús de Nazaret.
- Carlos de Foucauld,
- Los pobres.
- Y una fraternidad humilde, sencilla y que pasa desapercibida.
Así. Como los pobres.
Las riquezas y los mausoleos como casa de oración
y de albergue para la Eucaristía no van ni con
Jesús ni con su Evangelio.
Un abrazo a todos
Pepe Escalona Idáñez, de la Fraternidad
Secular Carlos de Foucauld de Málaga
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Jesus, profeta laico
Los cristianos no somos seguidores de un líder
religioso, sino que seguimos a un Profeta laico. Jesús
fue un laico. Ni fue sacerdote, ni funcionario de la religión,
ni nada parecido. Es más, Jesús vivió
y habló de tal manera que pronto entró en
conflicto con los dirigentes de la religión de
su tiempo, los sacerdotes y los funcionarios del Templo,
los representantes oficiales de “lo religioso”
y “lo sagrado”. La gran revolución
religiosa llevada a cabo por Jesús consiste en
haber abierto a los seres humanos otra vía de acceso
de Dios distinta a la de lo sagrado. Es decir, la vía
profana de la relación con el prójimo que
no pasa por la Ley. Y la relación ética
vivida como servicio al prójimo y llevada hasta
el sacrificio de uno mismo. Jesús abrió
otra vía de acceso a Dios a través de su
propia persona, aceptando pagar con su vida al combatir
esa creencia de que el culto religioso de los sacerdotes
tenía el monopolio de la salvación. La salvación
venía de otra parte. Jesús denunció
los abusos del poder religioso y del poder político.
“Jesús dejó sentado que el camino
hacia Dios no pasa por el Poder, ni por el Templo, ni
por el Sacerdocio, ni por la Ley. Pasa por los excluidos
de la historia.” (González Faus.).
Una de las equivocaciones más peligrosas en
que ha incurrido la Iglesia ha sido identificar la fe
con la religión y con lo sagrado. De forma que,
para obispos, clérigos y fieles incondicionales,
tener fe es lo mismo que ser religioso, con una religiosidad
que tiene su centro en lo sagrado, es decir, en lo separado
de lo profano y lo laico. Además, “lo religioso”
y “lo sagrado”, cuando se ve como lo único
verdadero, es “lo privilegiado”. Es decir,
lo que merece y debe tener derechos y privilegios que
no están al alcance de los que practican otras
religiones, los agnósticos y los ateos. Es lo
que dicen ellos. Nosotros creemos que la comunidad de
creyentes debe acabar con los privilegios de la Iglesia.
Y esto, es importante por motivos jurídicos,
sociales y políticos, pero lo es, además,
por razones estrictamente teológicas. La Iglesia
tiene su origen en Jesús. Y su primera preocupación
ha de ser intentar vivir y hablar como vivió
y habló Jesús.
Resulta significativo y extraño que siempre
que los evangelios mencionan a los Sumos Sacerdotes
es para presentarlos como agentes de sufrimiento y de
muerte. Y en la parábola del buen samaritano,
a Jesús no se le ocurrió otra cosa que
presentar como modelo de humanidad solidaria a un hereje
y un infiel (el samaritano), mientras que fueron precisamente
los representantes oficiales de la religión los
que pasan de largo ante el sufrimiento humano. El samaritano
andaba mal de religión, pero tenía humanidad.
Y eso es lo que destaca Jesús. En eso se centraba
su gran preocupación. Para Jesús era más
importante “lo humano” que “lo religioso”
y “lo sagrado”. Lo humano es “lo laico”,
lo común a todos. “Laico” viene del
término griego “laos”, el “pueblo”.
Y está claro que Jesús antepuso lo laico
a lo religioso. Cuando Jesús, en la boda de Caná,
convirtió el agua en vino, no utilizó
un agua cualquiera, sino precisamente aquella que tenían
en la casa “para las purificaciones rituales”.
Es decir, Jesús convirtió el enorme y
pesado ritual religioso (6 tinajas de piedra de unos
100 litros cada una) en el mejor vino, para que la fiesta,
la alegría y el disfrute de la vida no se pudiera
acabar. Esto es lo propio del Reino de Dios, la felicidad
y la alegría para todos y todas. Jesús
antepuso siempre lo humano y lo laico a lo religioso
y lo sagrado.
Llama la atención el carácter tan poco
“religioso”, en términos de aquella
época, que Jesús atribuye al Reino-Reinado
de Dios. No gira en torno al templo, ni se prescriben
sacrificios o actos de culto. Tampoco existen funciones
sacerdotales ni personas que actúen como intermediarias.
Sin duda que Dios está muy en el centro de este
mensaje que lleva su nombre. Pero es un Dios desplazado
de los lugares sagrados. Ahora se encuentra en plena
vorágine de la vida, sobre todo de personas y
colectivos marginados: los chiquillos, los enfermos,
los recaudadores, las prostitutas, los pobres, lisiados,
ciegos y cojos.... Y se identifica con las tareas corrientes
que hace la gente en su vida diaria: el sembrador, el
pastor, la pesca, la mujer que amasa la harina o que
limpia su casa... Esa identificación con el ser
humano, con su felicidad, con su sufrimiento y con su
marginación, permite al Reinado de Dios superar
los límites culturales y religiosos en que vivió
el propio Jesús. Por eso, mantiene una universalidad,
una modernidad y una “laicidad” actual.
José María García-Mauriño
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El Amor y en qué Dios
creemos
Quizás la cuestión no sea tanto la creencia
o no en Dios, sino en qué Dios creemos. Eso fue
sobre lo que se habló, lo que se debatió
en el VIII Foro Religioso celebrado en Vitoria hace algo
más de un mes. En qué Dios creemos, decía;
¿un Dios madre-padre?, ¿un Dios amante-amor-amado
que ama y libera, y que nos ayuda a madurar y a hacer
de la religión una liberación?, ¿o
un Dios temible que oprime y aliena, con quien tenemos
una relación de niños-esclavos y cuya religión
es un opio que encadena y empequeñece?, ¿o
acaso el Dios de la alegría falsa, de la risa fácil,
de las sensaciones virtuales similares a tomarse dos güisquis
o fumarse tres petas, y qué sonrientes y qué
estupendos somos?
Y todos los ponentes nos dieron pistas sobre su Dios,
sobre su Dios de Jesús, sobre su Cristo. Nos gustó
ver hombres y mujeres libres, y nos alegra creer que son,
somos, algo así como los nuevos discípulos
del de Galilea; discípulos a veces temerosos como
cuando estaban reunidos y escondidos muertitos de miedo,
a veces incrédulos como Tomás, a veces silbando
y mirando para otro lado como Pedro, y a veces, también,
aparentemente traidores como Judas; y muchas veces, leales
y fieles como la Magdalena, y tan amorosos e incondicionales
como ésta (la gran amiga) y María, la madre.
Y a menudo sin juzgar, sin entrar en el morbo que entran
algunos y que puede provocar que dejemos de lado lo que
seguramente es lo esencial (el amor/la resurrección/y
el trabajo por la constucción del Reino aquí
y ahora). Ya saben, a algunos les da por dedicarse a indagar
sobre el sexo de los ángeles y otros se empeñan
en que nuestra fe dependa de virginidad o no (ejem) de
María o en si la de Magdala era o no mujer de la
calle o si su amistad con Jesús fue un pelín
más especial que la que éste tuvo con el
resto de sus discípulas. ¡Como si eso fuera
lo que más importa! Como diría uno de los
cantantes de moda, te lo agradezco pero no, no vayas por
ahí que esa no es la cuestión.
Volvamos al amor incondicional, que algunos consideramos
como una de las grandes cuestiones. Te quiero sin condiciones
y como te quiero deseo que seas feliz. Te amo y ese querer
no es posesión ni propiedad (Libre te quiero cantó
Amancio Prada versionando a Agustín García
Calvo). Libres nos quiere Dios; y a quienes nosotros queramos
lo mejor será que los queramos libres, y felices.
Con o sin nosotros pero felices, ya saben, aquello de
que como te amo lo que deseo es tu felicidad (qué
bonito y qué difícil tantas veces), aunque
tu felicidad la encuentres con otros o en otros sitios,
aunque no entienda bien lo que haces o por qué
lo haces; yo siempre te acompañaré y estaré
contigo en ese camino, y tendré cuidado de ti.
Y me alegraré con tus alegrías y con tus
logros, y te abrazaré cuando te lluevan penas.
Así nos quiere Dios-Diosa. ¿Y si nosotros
también quisiéramos así?
Beatriz Tostado
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