El domingo 20 de abril Fernando Lugo fue consagrado
presidente por elección popular. En 2007
asistió al “VI Encuentro Hemisférico
de lucha contra los TLC (Tratado de Libre Comercio)”,
invitado por el Centro Memorial Martin Luther King
(CMLK) de Cuba. Reproducimos la entrevista.
Tiene 55 años. Su tez es trigueña
como la de los indios guaraniés. Nació
en San Solano, un pueblito muy pequeño, perteneciente
al Departamento de Itapua del Distrito de San Pedro
del Paraná, en Paraguay. Apegado a la tierra
como sus padres, conoció desde pequeño
las estrecheces, el dolor, el sufrimiento y, también,
las esperanzas de su pueblo. Sin embargo, aún
no sospechaba que su verdadera vocación sería
servir a los demás, como Jesús de
Nazaret, compartir la Palabra, los dones y encarnar
en el Evangelio su testimonio de amor y sacrificio.
Despierto a la curiosidad intelectual y a las realidades
de su entorno, con dieciocho años, comenzó
a enseñar en una escuelita rural. Tal vez,
el contacto con sus semejantes le decidió,
definitivamente, por el sacerdocio. |
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El Palacio de Convenciones de La Habana -donde asiste,
junto con el obispo Mario Melanio Medina, al VI Encuentro
Hemisférico de lucha contra los TLC y por la integración
de los pueblos, invitación que le hiciera el Centro
Memorial Martin Luther King al Consejo de Iglesias de
Paraguay, que los hizo sus representantes ante este recién
concluido evento-, es un hervidero de gentes.
Le propongo una entrevista que termina siendo una amena,
inteligente y profunda plática. Mientras le escucho,
me cuenta que fue ordenado sacerdote misionero de la Congregación
del Verbo Divino en 1977. Estudió Ciencias Sociales
en Roma. De vuelta a Paraguay se dedicó a la docencia
universitaria. "Justo al comenzar el doctorado -confiesa,
con esa sencillez propia del hombre de cultura que ha
vivido con humildad múltiples experiencias humanas-,
me nombran provincial de la Congregación del Verbo
Divino; y desde 1994 hasta el 2005 fui Obispo de la Diócesis
de San Pedro del Ycuamandyyú, una de las más
pobres y olvidadas del país. Allí aprendí
a ser pastor".
Frente a mí Fernando Lugo Méndez, alguien
que bien pudiera convertirse -y ojalá que así
sea- en el futuro presidente de Paraguay. Actualmente
goza de la simpatía de varios grupos sociales y
políticos, quienes propugnan su candidatura a la
presidencia de la república para las elecciones
del 2008. En las encuestas de opinión ocupa el
primer lugar para esa candidatura.
Como su nombre lo indica, Paraguay es un vocablo guaraní
que significa "agua que viene del mar". Tal
vez como esas aguas que vienen del mar a encontrarse con
la tierra, está llegando Fernando Lugo al alma
del pueblo paraguayo. Aguas que son tambores de fe y nuevas
esperanzas. Vivir y ejercer el sacerdocio
en San Pedro, compartir con los pobres, sufrir su dolor,
estar al lado de sus luchas pero también celebrar
sus esperanzas, ¿le hizo ser mejor pastor, mejor
ser humano?
En San Pedro he vivido todas las experiencias humanas.
Las experiencias de dolor, de muerte, de persecución
a los campesinos, de calumnia, de amenazas; pero también
de triunfo, de logros, de esperanzas. Y todas ellas juntas
nos elevan a la experiencia de Cristo, aquel que nos llamó
a vivir con intensidad toda la gama de situaciones humanas,
el Cristo histórico, el Cristo de la fe, que vivió
en el contexto de Nazaret, Jerusalem y siempre ha sido
la fuente de inspiración para que el hombre y la
mujer sean más humanos. Un Cristo que nos eleva
a la categoría de un ser humano y divino al mismo
tiempo. Eso me ha llenado de esperanza e ilusión,
me ha dado la oportunidad de compartir con la gente, con
su dolor, sufrir junto a ellos la persecución,
saber qué se siente cuando se está sin tierra,
sin techo, sin salud, sin educación, sin futuro
como huérfanos de la sociedad. Sentir como propio
su sufrimiento y dolor, me ha hecho desarrollar una sensibilidad
especial por el otro que está delante nuestro,
que es la imagen de Dios. Eso me ha hecho más cristiano
pero también mucho más humano.
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Lo veo, perdóneme el atrevimiento,
como un "hereje" en el sentido en que
se ha enfrentado al dogma de la Iglesia Católica,
¿qué consecuencias le ha traído
esa herejía?
Tu pregunta me hace recordar un libro que he presentado
hace poco que se llama La herejía de
seguir a Jesús, donde se recoge la experiencia
de las Ligas Agrarias Cristianas de Paraguay, una
experiencia de vida en comunidad. Esos campesinos
fueron acusados de comunistas por el gobierno de
Alfredo Stroessner, fueron masacrados, muchos asesinados,
otros tuvieron que exiliarse, sufrieron prisión,
tortura; es decir, pagaron en carne propia el ser
"herejes", seguir a Jesús como
una |
herejía, seguir con radicalidad la experiencia
de Jesús de Nazaret. Desde el punto de vista doctrinal,
lo que muchas veces la Iglesia Católica acentúa,
la experiencia de seguimiento, el testimonio de compromiso,
se aleja de lo que es meramente doctrinal. Por eso creo
que la "herejía" de seguir a Jesús
en ese libro nos muestra con claridad que Jesús,
ante todo, es un camino a seguir, es una huella a construir
y es, sobre todo, una verdad a descubrir. Por eso he recibido
la incomprensión, la crítica, a veces amarga,
de gente cercana a la Iglesia que no sabe que la experiencia
cristiana pasa por encima de lo doctrinal, que pasa por
todas las experiencias humanas. ¿Considera
que ha muerto, está vencida o no tiene ya nada
que decir la Teología de la Liberación en
este continente frente a los nuevos desafíos de
la fe y la realidad, y frente a los nuevos sujetos que
han emergido?
La Teología de la Liberación sigue vigente.
Siempre recuerdo la carta que escribió Juan Pablo
II a los obispos brasileños donde les decía
que la Teología de la Liberación forma parte
del patrimonio, de la historia teológica de la
Iglesia Católica. Ha sido una fuente de inspiración
en Asia, África, Europa y, también, en América
Latina. Si bien con ese título no tenemos hoy grandes
ediciones teológicas, en todos estos años
se fueron formando grupos de teólogos que la han
ido renovando. Por otro lado, han idos apareciendo nuevas
teologías emergentes en el continente como la teología
de la mujer, el género, la teología negra,
la ecológica, la étnica, la medioambiental.
Es decir, esa teología liberadora se reencarnó
en ejes temáticos teológicos que han resurgido
con mucha fuerza, sobre todo, con el sentido de seguir
iluminando la experiencia cristiana en las Comunidades
Eclesiales de Base. Desde muy joven ha
estado vinculado a la docencia, en especial, al Colegio
Verbo Divino, ¿qué le ha aportado el ejercicio
del magisterio, el estar cerca, en contacto con tantas
y tantos jóvenes?
El Colegio Verbo Divino viene a rubricar todo un hacer
de experiencias en la docencia. Fíjate que con
sólo diecisiete años voy a dar clases a
una escuela en el campo. En mi episcopado en San Pedro
siempre encontré un tiempo para dedicarlo a la
universidad pues he seguido enseñando sociología,
sociología de la educación, introducción
a las ciencias políticas, antropología pedagógica
en cinco facultades dentro de la Diócesis de San
Pedro. Es decir que la docencia la llevo en la sangre,
como se suele decir. Imagínate, el Colegio Verbo
Divino, donde estudian 1500 jóvenes, mujeres y
hombres, porque es un colegio mixto, me ha dado la ilusión
de descubrir esa rebeldía juvenil, ese deseo de
cambio, esa fortaleza espiritual que tienen ellos y ellas
por construir un mundo diferente, un mundo mejor. Por
otro lado, constatar cómo hacen una fuerte crítica
a un sistema educativo que no tiene la eficacia, ni está
sustentado por el humanismo, sino que más bien
se centra en lo tecnológico, que no despierta la
sensibilidad social, la sensibilidad por la humanidad.
Por ellos y ellas he aprendido a aferrarme a lo humano
en toda su complejidad, en sus errores, sus problemas,
sus crisis de crecimiento, su relacionamiento con su familia,
con sus amigos. Ser maestro, en primer lugar, me ha demostrado
la validez de la educación como experiencia pedagógica
y humana y, al mismo tiempo, saber que he cumplido un
ciclo y ahora voy a dedicarme a otra cosa.
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¿Qué significa ser cristiano
y ecuménico hoy?
El ser cristiano lo tomo siempre con mucha simplicidad
porque para mi es poder emular, seguir las huellas
de Cristo en el contexto, el ambiente, la cultura
y la sociedad en que uno vive. Cualquier persona,
en cualquier parte del mundo que diga, haga y viva
como vivió Cristo, seguirá la misma
suerte, la suerte de ser calumniado, apresado, torturado
y muerto fuera de la ciudad, fuera de los límites
de la ciudad. Creo que eso es un signo |
de fidelidad. La persecución es un signo de fidelidad
como decía San Agustín; y, como decimos
en Paraguay, " sin querer mandarnos la parte",
de alguna manera he sentido esa incomprensión,
esas calumnias, esas amenazas. Sin embargo, todo eso a
quienes tenemos la fe puesta en Cristo, nos fortalece
y nos impulsa a sobreponernos a las dificultades de la
vida humana. Nadie tiene el monopolio de Jesús
de Nazaret, nadie tiene el monopolio del Espíritu
Santo, nadie tiene el monopolio de Dios. Por eso creo
que hoy día es mucho más necesario un sano
ecumenismo con todas las iglesias que siguen a Cristo
y con aquellas que no lo siguen también para poder
buscar, como decía Jesús, el Dios cósmico
que nos une y nos ampara a todos. Y bajo el nombre de
Dios poder construir una humanidad mucho más fraterna.
¿Considera que la Iglesia Católica
sigue en la "noche oscura" como ha dicho José
María Vigil, ¿por qué?
Todas y todos los que hacemos teología, los que
seguimos a Dios siempre tenemos una noche oscura, y cuanto
más oscura es la noche, más cerca está
el amanecer, dicen los indígenas en Paraguay. Ese
es un signo de búsqueda, ¿verdad? Hay una
expresión muy bonita en mi país, que es
muy común escucharla en el campo, que dice así:
"El fuego no se apaga nunca, es eterno, y en el amanecer
quedan las huellas de tizones encendidos de la noche anterior".
Lo que pasa es que a ese fuego hay a atizarlo. Yo lo veo
un poco así. Cada día hay que atizar el
fuego, ponerlo al viento y renovarlo. Creo que la noche
oscura nos llega a todos y a todas. Y también a
la Iglesia Católica porque nadie tiene el monopolio
de la luz. La luz la tiene Jesús, que para nuestro
mundo cristiano es Él a través de su espíritu.
Algunos tenemos noches luminosas, noches de claridad,
donde el horizonte se ve claro. Eso forma parte de un
proceso de búsqueda sincera, de búsqueda
de responsabilidad, de seguimiento y, sobre todo, de testimoniar
la vida de Jesús en nuestras vidas. A
finales de 2006 usted dijo "mi gran catedral a partir
de hoy será todo un país". ¿Serán
esa catedral y ese país con que sueña posibles
de alcanzar?
Quizás es un poco ambicioso, ¿verdad? Tratar
de convertir todo el país en una catedral. Lo que
quise decir, de manera metafórica, es: "A
partir de ahora me dedico al país. Hasta ahora
estuve en una catedral enseñando, compartiendo,
sufriendo, construyendo. Hoy me pongo a disposición
de la ciudadanía y de todos los ciudadanos de Paraguay
para construir desde la política esa nación
que nos merecemos todos los paraguayos, una nación
más justa, más fraterna". Al mismo
tiempo, un país con más equidad social,
como solemos decir, una nación reconciliada, donde
la justicia no sea sólo un objeto de lujo para
algunas personas pudientes, sino para todas y todos por
igual. Entonces la catedral tiene esa imagen de acoger
a todos. Ahí entran los pobres, los ricos, los
de izquierda, los de derecha. Y para construir esa catedral
hay que partir de considerar a todas y todos los paraguayos
por igual. La razón de ser de
una iglesia, de una comunidad de fe es celebrar la vida,
celebrar a Dios, y también alimentar la espiritualidad.
Usted ha sido "separado" de su cargo, y de su
comunidad por decisión de la jerarquía católica.
Si ya no se tiene una comunidad, como en su caso, ¿dónde
y cómo alimenta esa espiritualidad?
Bueno yo sí tengo una comunidad. Yo vivo con algunas
personas en una misma casa. Es una comunidad cercana.
Tengo unos amigos con los que cotidianamente comparto
ideales políticos, proyectos. Quizás ya
no rezo de la manera formal como en la vida religiosa,
pero así como la Teología de la Liberación
tiene una espiritualidad desde la realidad, hoy más
que nunca veo en ese pozo de la realidad las semillas
del verbo que están dispersas por la sociedad,
por las culturas. Y cada día, en cada amanecer,
en cada acontecimiento, en estos mismos encuentros cómo
no ver la mano de Dios, cómo no ver y nutrir nuestra
propia espiritualidad en el servicio generoso de construir
una patria más justa para los demás. Pío
XI decía que la política es la expresión
más sublime de la caridad. Creo que hoy tenemos
que rescatar el aspecto positivo de la política
e ir construyendo una política que también
nos ayude a la santidad. ¿Dónde
cree que está hoy la posibilidad de construir un
nuevo poder, acaso en el cielo, en lo global, en la comunidad,
o en qué otro lugar?
Muchas veces los políticos usurpan el poder o se
aferran a él. Creo sinceramente que el poder es
un proceso de construcción. Nosotros, como la Teología
de la Liberación, hemos optado por el método
de hacer ese poder, es decir, construirlo a partir de
esa realidad sangrante, desafiante, de pobreza, de miseria,
de exclusión que viven nuestros pueblos. Y ese
poder se construye desde abajo. El verdadero, el auténtico,
el genuino cambio viene desde abajo, viene desde dentro;
y no desde afuera y desde arriba. El poder se construye
desde la gente más sencilla que se unen por sus
reivindicaciones y también en sus grandes proyectos
e ideales políticos. |