Nace esta columna con el dolor y la tristeza (y el orgullo
y la satisfacción) de haber conocido recientemente
el fallecimiento de dos personas, que sucedió
hace ya algún tiempo, pero de los que me enterado
hace bien poco.
El primero es necesario compartirlo y traerlo aquí
porque fue quien inspiro de alguna manera esta columna,
o al menos su título. Hace ya años, en
enero de 2002, comenzaba mi andadura en alandar
con este párrafo:
Dice Galeano, en otro cuentecillo de los suyos que
para los navegantes con ganas de viento, la memoria
es el puerto de partida. Y desde este puerto de la memoria
empieza esta columna que quiere ser una escalera al
Cielo, una escalera hacia la Utopía, hacia el
Reino. Memoria de un profesor de literatura allá
por cuando yo hacia el BUP que un buen día nos
propuso enfrentarnos a un folio en blanco y escribir
lo que la música nos sugería…..Y
nos plantó en el cassette el Starway to Heaven,
de Led Zeppelín, la escalera al cielo de una
mujer que soñaba que era oro todo lo que relucía.
Desde esos días, 15 ó 20 años atrás,
no he dejado de utilizar el bolígrafo y el papel
para transmitir lo que pienso, lo que siento y lo que
por supuesto quiero compartir. Desde ahí, desde
esa memoria, quiero titular mi columna como recuerdo
y homenaje a este profesor que me hizo amar la literatura
y el bolígrafo, dedicada a todas las personas
que construís escaleras al cielo y dedicada a
todos los que las subís, las bajáis, las
descansáis y, en definitiva a todas las personas
que tratáis de cambiar el mundo y de construir
uno mejor.
Pues bien, este profesor ha muerto. Pedro se marchó
hace año y medio, con su barba y su cigarro ducados.
Sirvan estas líneas para agradecerle que me hiciera
amar los libros y las letras. Y para animarle a que
siga subiendo esta escalera al cielo. Pedro iba más
allá de las aulas. Los viernes, junto a otro
profesor también ya fallecido, Jose Luis el de
Latín, nos llevaba a unos cuantos al cine, al
teatro… tenia un gran compromiso con sus alumnos
y les animaba a ser inquietos, a soñar, a crear…
La otra persona se me presentó hace ya bastantes
años como “Hola. Soy el primer concejal
ciego de cooperación de la ciudad de Córdoba”.
Y es verdad. David, David Luque fue el primer concejal
ciego y el primer concejal de cooperación y solidaridad
entre 1999 y 2003 de esa bonita ciudad sureña.
Y también se ha marchado. En noviembre, aunque
yo me he enterado hace apenas veinte días. David
supo construir todo un mundo de militancia, de voluntad
y de sonrisas a su alrededor: el 0’7 %, la abolición
de la deuda externa, la sostenibilidad medioambiental
y la ecología, la participación ciudadana,
la ciudadanía de pleno derecho, el consumo responsable
y el gasto ético, el compromiso social y político
en la lucha contra las causas que generan la pobreza….David
animaba a usar el solemne salón de plenos para
las reuniones más variopintas de los colectivos
más dispares aduciendo que la ciudadanía
debía ocupar el espacio público, hacerlo
suyo. Y también tocaba la guitarra y cantaba,
Siempre que un amigo cercano, un familiar, alguien especial
muere, suelo releer un cuentecillo de Galeano. Quiero
compartirlo en este mes de junio con vosotros, como
recuerdo, como oración, como homenaje a Pedro
y a David.
Entonces el alfarero reunió toda la tristeza.
Y con esos materiales, sus manos pudieron renacer al
muerto. El papagayo que brotó de la pena tuvo
plumas rojas del fuego y plumas azules del cielo y plumas
verdes de las hojas del árbol y un pico duro
de piedra y dorado de naranja y tuvo palabras humanas
para decir y agua de lagrimas para beber y refrescarse
y tuvo una ventana abierta para escaparse y voló
en la ráfaga del viento.
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