| Eugenio Jover llegó jovencito, en el año
1970, al antiguo Alto Volta, que ahora se llama
Burkina Faso. Actualmente tiene 62 años y
se guarda joven de espíritu. Estuvo 25 años
con una etnia del norte del Burkina que se llama
SAN o “samó”. En tres parroquias
samós, pero cada una con su dialecto propio.
Son tan diferentes que no se entienden entre ellos.
Total que tuvo que aprender las tres variantes,
al ir cambiando de puesto de misión. |
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Después de pasar tres años en España
para estudiar y hablar de África por iglesias
y colegios, volvió a Burkina, pero con otra etnia
distinta, la de los moosis, que son numerosos en el
país y tienen la ventaja de tener una sola lengua,
el mooré. Está en la diócesis de
Kaya, al este del país, a más de 100 Km
de la capital Ouagadugú.
Eugenio ha estado en la parroquia de Bulsa unos años
y ha tenido la suerte de recibir el apoyo de Manos Unidas
para algunos proyectos importantes, como la construcción
de la presa del pueblo de Boala o el colegio de enseñanza
media de Bulsa, que lleva funcionando dos años.
Actualmente trabaja en la parroquia de Barsalgo, más
al norte que Bulsa, con menos agua y en una zona más
calurosa. Pero con desafíos nuevos como son el
anunciar el evangelio en un ambiente dominado por el
Islam y el animismo, y el luchar contra la pobreza y
la ignorancia en que la vive la gente con mucha dignidad.
El norte de la parroquia sobre todo es más seco
y desértico.
¿Cuáles son las necesidades principales
de Burkina Faso?
El agua, la falta de mijo cuando hay mala cosecha y
la falta de oportunidades de trabajo para los jóvenes.
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