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 Junio 2008 nº 249 - ESPECIAL VERANO

Cine de verano
José Luis Domínguez

“LEONES POR CORDEROS” (2007)

Estados Unidos. Duración: 96 minutos. Género: Drama. Director: Robert Redford. Guión: Matthew Michael Carnahan. Fotografía: Philippe Rousselot. Montaje: Joe Huttshing. Música: Mark Isham. Intérpretes: Robert Redford (Dr. Stephen Malley), Meryl Streep (Janine Roth), Tom Cruise (senador Jasper Irving), Michael Peña (Ernest), Andrew Garfield (Todd).

La trama de la película se desarrolla en tres escenarios diferentes y en el espacio de una hora. Por un lado, en una oficina del Congreso, el senador Irving, aspirante a la presidencia, explica a una periodista una nueva estrategia bélica que las fuerzas armadas norteamericanas van a poner en marcha; por otro, un profesor idealista intenta convencer a uno de sus más brillantes alumnos para que cambie su vida; y, finalmente, dos jóvenes soldados, antiguos alumnos de dicho profesor, luchan en Afganistán.

Robert Redford, director y protagonista de esta cinta, realiza una puesta en escena original, al combinar tres situaciones que están interrelacionadas y que tienen entidad por si mismas para ser analizadas. Los diálogos, tanto del senador con la periodista, como el del profesor con el alumno merecerían, por sí solos, un apartado mucho más extenso debido a la credibilidad que aportan cada uno de los personajes. Todos los que intervienen en las tres historias tienen un interés personal propio y hay muchos puntos de vista diferentes. Esto es importante de cara a que el espectador reflexione, y, esto es lo que pretende Redford. Si a esto unimos la yuxtaposición de espacios, es decir despachos donde la gente conversa y se siente segura, con las cimas desiertas, gélidas y oscuras de las montañas de Afganistán, donde están en peligro vidas reales, el resultado es impactante.

Los argumentos de la clase política norteamericana respecto a las guerras tras el 11-S, el papel de los medios de comunicación, la comodidad de la vida cotidiana ajena a los conflictos en otros lugares y la responsabilidad de los jóvenes de luchar por unos ideales (auténticamente democráticos) se dan cita en esta película. En definitiva, un film sólido, que no oculta su intención didáctica.

“TIERRA” (2007)

Alemania – Gran Bretaña. Duración: 100 minutos. Género: Documental. Dirección y guión: Alastair Fothergill y Mark Linfield. Música: George Fenton. Productores: Alix Tidmarsh y Sophokles Tasioulis. Narración: Patrick Stewart.


Esta película nos recuerda la delicada fragilidad de nuestro planeta. Es un increíble viaje a través de las distintas estaciones y de la lucha diaria por la supervivencia. Rodado con las más sofisticadas cámaras de alta definición, su director y el equipo de la Unidad de Historia Natural de la productora inglesa de televisión BBC han realizado un trabajo excelente. Esto unido a una banda sonora que cuenta con la participación de la Orquesta Filarmónica de Berlín hace que este documental se convierta en una llamada poética a conservar nuestro entorno.

La protagonista es la Vida. El viaje comienza cerca del Polo Norte donde una familia de osos polares van en busca de comida antes del deshielo. Continúa en otros ecosistemas: taiga, selvas tropicales, desiertos, sábanas… También el océano está presente. Una enorme variedad de lugares: Canadá, Borneo, cordillera del Himalaya, Desierto del Kalahari, Nepal, Nueva Guinea, Siberia, Estados Unidos. Animales como ballenas, tiburones, caribús, elefantes, guepardos, lobos…

Ante esta belleza que se nos muestra, quizás reflexionemos sobre que planeta dejaremos a nuestros hijos. Quizás todavía estamos a tiempo de cambiar nuestro estilo de vida. Todavía es posible ver a estos animales en libertad, pero ¿por cuánto tiempo? Un buen documental para verlo en familia.


“DIAMANTE DE SANGRE” (2006)

Estados Unidos. Duración: 143 minutos. Género: Drama. Director: Edward Zwick. Guión: Charles Leavitt. Fotografía: Eduardo Serra. Montaje: Steven Rosenblum. Música: James Newton Howard. Intérpretes: Leonardo DiCaprio (Danny Archer), Jennifer Connelly (May Bowen), Djimon Hounsou (Solomon Vandy), Michael Sheen (Simmons), Arnold Bolso (Coronel Coetzee).

Danny Archer es un ex mercenario y Solomon un pescador. Ambos hombres son africanos pero sus historias y circunstancias son completamente diferentes. Con el escenario de la guerra civil que tuvo lugar en Sierra Leona, en la década de los noventa, sus destinos se unen en la búsqueda de un diamante de gran tamaño que puede transformar sus vidas. Archer busca el beneficio económico, mientras que Solomon desea encontrar a su familia. Con la ayuda de una periodista norteamericana emprenden un viaje por territorio rebelde.

Es una película de acción y de denuncia. Como película de acción, el tratamiento es algo comercial, con el papel protagonista de un actor tan conocido como DiCaprio que ayudó a dar notoriedad al film. Sin embargo, predomina el carácter de denuncia política. El propio director, Edward Zwick, reconoció que quedó muy impresionado al conocer el genocidio de Sierra Leona y decidió dar a conocer la realidad de los niños soldados, del mercado negro de armas y de diamantes y toda la corrupción y violencia que rodean a una guerra civil. Por esta razón, algunas de las escenas que nos muestra son duras. Las más impactantes tienen que ver con los niños soldado. Este reclutamiento es una práctica habitual en muchos conflictos en todo el mundo. Son niños y niñas que han sido forzados a salir de su casa, del colegio o secuestrados en la calle. Otros niños se han unido de forma “voluntaria” ante la situación de pobreza extrema o por la desintegración de las familias.

Es interesante la evolución que muestra el personaje de Archer, que pasa de ser un individuo descreído e insensible en busca del lucro, a convertirse en una persona que tiene la oportunidad de hacer algo por los demás. Por su parte, Solomon, representa el espíritu de superación, de lucha, de supervivencia en un medio hostil donde todavía cabe la esperanza.

Varias películas, como El Jardinero fiel y Hotel Ruanda habían iniciado una aproximación a la violencia y a la corrupción en África, así como los intereses económicos y políticos de las grandes empresas y de los gobiernos occidentales. El negocio de los diamantes es sólo una parte de los recursos que son expoliados: petróleo, minerales (como por el ejemplo el coltán, que se utiliza en la industria electrónica para fabricar teléfonos móviles), etc., para beneficio de los países ricos.
A partir del año 2003 se instituyó el Proceso de Kimberley, en el que gran número de países se comprometieron a no adquirir diamantes “manchados de sangre”, es decir, certifican que un diamante no procede de una zona en guerra. Es un primer paso, pero todavía insuficiente, para salvar a un continente al que el primer mundo ignora en sus aspectos esenciales. “Diamante de sangre” es una historia real que no dejará indiferente a nadie con un mínimo de sensibilidad.






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