Releyendo una pagina del
evangelio de San Juan, me descubro portadora de una Buena
Noticia y no me la puedo callar. Que mal que lo he pasado!,
Que mal lo hemos pasado en casa!. Hoy, puedo acercarme
a lo vivido con serenidad, con sosiego, descalza porque
es “tierra sagrada” y de puntillas, porque
me envuelve un profundo respeto, y esto me consuela hondamente.
Salva, esta mañana de domingo me apetece abrirte
el corazón y confiarte algo a ti, solo a ti, aunque
esto lo vayan a leer muchas personas amigas, ahora se
que no te importa.
- Cuando te conocí hace ya unos años, estabas
muy mal, la cárcel te destrozó y tu compañera
de fatigas, la droga, te fue robando la vida poco a poco,
¿recuerdas? , te dañó tu cerebro
y te hizo pedazos el corazón. Querías vivir,
lo gritabas con toda tu alma, suplicabas cariño
por las esquinas, una mirada cómplice te hacia
mucho bien, rebosabas vitalidad a pesar de tu fragilidad,
la fuerza era tu fuerte, grandote, de estatura considerable,
un hombretón con una sensibilidad exquisita, eras
Salva, un hombre muy especial, un niño grande. |
|
 |
Cumplías los años el 31 de diciembre.... esta
fecha nunca la olvide y veo aún tu sorpresa cuando
me veías aparecer de noche a tu casa para felicitarte
y desearte un “buen año”. Siempre te encontré
mal aquella noche, la basura te rodeaba, no tenias nada para
cenar, la tele funcionaba mal, ni un pedazo de turrón,
ni en mantecado... ¡nada! Yo solía coger algo
de casa para ir a tu encuentro, esta noche era para ti....
El año aquel que estabas en el centro curándote
te eche de menos, pero mi corazón estaba tan agradecido!,
¿seria verdad que te curarías?
Regresaste derrotado, no pudo ser... vuelta a la misma rutina:
metadona y más metadona, bebida y más bebida,
ir al comedor de la Hijas de la Caridad para meter algo caliente
en tu estomago, no tener nada que hacer.... la cosa es que
todo te salía mal, tu lo decías y era verdad.
Querías intentarlo y nos lanzamos, no olvidaré
aquel primer día de trabajo con Dolores y Noni. ¡Lo
habías esperado tanto! Dolores con el tacto propio
de una mujer muy mujer te enseño a coger la brocha,
ella tranquilamente pintaba a tu lado, y yo nerviosa viendo
correr el tiempo, el trabajo por hacer, la pintura derramada...
veros a los dos era como contemplar una pagina de evangelio
y esto me hacía sonreír en medio de toda la
confusión. Fue una semana de intenso trabajo, pero
fuiste muy feliz.
Y me creí que íbamos a poder: ibas al médico,
fuiste por las medicinas, tenias ya todo arreglado para ir
de nuevo a un centro, la asistenta social se había
movido y estaba tramitándolo todo, el dentista ya dispuesto
a ponerte la dentadura, tu casa arreglada y limpia de nuevo...
era como ver entrever un horizonte, venías a casa,
saboreabas las buenas comidas que las hermanitas preparaban
y tu lo agradecías, por unos días te sentiste
el centro, tenías un lugar no sólo en la mesa,
sino en nuestro corazón porque pudimos demostrártelo
y esto te llenaba de una gran satisfacción.
Vivimos tres semanas muy cerca, nos veíamos todos los
días porque íbamos a trabajar, soñabas
con lo que ibas a ganar, hacías planes, te sentías
otro, pero no estabas bien, en algún momento tuve miedo,
no controlabas tu agresividad, la medicación no la
tomabas y .... en una semana tuvimos que ir tres veces a ver
el psiquiatra, pero nada, insistíamos pero no te ingresaron,
seguimos trabajando pero no podías, lo deseabas, ¡que
duro! Había instantes que me parecían siglos,
no sabía como hacer... ¡que duro! Me querías,
nos querías y esto nos lo expresabas sin medida, esto
si que fue consolador en aquellos días tan penosos.
Tu hermano vino a casa una mañana, para darnos la noticia
que te había encontrado muerto. Puedes imaginarte la
película que paso por mi mente: escenas de lo vivido,
las idas y venidas al médico sin resultado, tu miedo,
tu ternura, tus lagrimas, tu rabia, tu mirada, tus manos peleonas,
tu caminar decidido, tu corazón ansioso de amor, tu
destreza para ir a vender al rastro, mis torpezas, mi mal
hacer, mis exigencias.... subí a tu casa destrozada,
no podía, no quería verte ahí sin poderte
decir ya nada más, sentí en lo más hondo
un grito subir de mis entrañas: ¡No llegué
a tiempo!
No podía hablar. No podía nada. No podía
ni llorar.
Lo pase muy mal ¿sabes?, y ahora que creo que lo sabes,
estoy mejor, pero he necesitado tiempo y sobretodo, me ha
salvado algo que les ocurrió a dos hermanas, y que
el evangelio de San Juan nos lo relata. Para mi fue una iluminación
tan clara que hoy te puedo decir que he recobrado las ganas
seguir luchando, de seguir caminando con todos tus amigos
que son los nuestros, de denunciar, de gritar que no hay derecho
que la enfermedad mental no la traten como debido en la salud
pública... hoy tengo fuerza Salva, y fíjate,
te cuento lo sabroso de lo que me ha ocurrido:
A estas dos hermanas se les murió su hermano, llamaron
a Jesús cuando se puso mal para que lo curara, pero
Jesús no llegó y su hermano murió. Cuando
llegó, una de las hermanas, que se llamaba Marta, le
pregunto por qué no había acudido. En el fondo
ella gritaba lo que a lo largo de los siglos han gritado tantas
personas protestando, clamando y hasta casi insultando a un
Dios, acusado de impuntual, de no estar cuando lo necesitamos.
Jesús le interrogo por su fe en aquel contexto de muerte,
de incomprensión por su tardanza, de su no estar en
su dolor.... “¡Si crees vivirá!”
¡Ellas creyeron! Y parece que recobro la VIDA.
Hoy, testigo de que Jesús es la resurrección
y la vida y de que quien cree en EL vivirá para siempre,
me siento invitada a la danza de la vida, y puedo decirte
convencida: “Dejad que sea Otro quien mida nuestros
tiempos, ritmos y compases, Recordemos que El siempre llega
a tiempo, pero a su tiempo, no al nuestro, y que tendremos
que ser pacientes y convertir nuestra prisa en espera y nuestra
impaciencia en vigilancia.” Quiero acostumbrarme a su
lenguaje: si decimos de alguien que “está muerto”
El nos dice que “está dormido”.
Cuando me creía estar haciendo todo por ti, cuando
todo iba siendo encauzado, cuando te llego el momento de poder
trabajar... cuando me creía haber llegado, ¡zás!
Me sorprendes como en tantas ocasiones y te vas, dejándome
con la brocha en la mano, te vas sin hacer ningún ruido...
tranquilamente, así he comprendido que nada ni nadie
depende de mi, que el único Señor de la VIDA
es Dios .He aprendido que es EL quien conduce la danza de
la vida, pasando por el abismo de la muerte.
Ahora creo más que nunca, que no es inútil permanecer
de pie ante los crucificados de la historia porque el Dios
de la vida arrancará sus vidas de las fosas y nos invita
a permanecer en la danza de la justicia que restaura la paz,
una paz donde los verdugos no triunfan sobre sus victimas
y donde las victimas no se vengarán de los verdugos.
|