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En el marco del XXVIII Congreso de Teología
de Madrid, organizado por la Asociación de Teólogos
y Teólogas Juan XXIII, celebrado los del 4 al 7
de Septiembre, se leyó el siguiente manifiesto
refrendado por todos los colectivos que componen Redes
Cristianas. |
Redes Cristianas desde su doble pertenencia a la comunidad
cristiano-católica y a la sociedad civil apuesta decididamente
por la independencia, respeto y colaboración entre
estos dos ámbitos y aboga por un Estado laico que supere
el actual confesionalismo encubierto y por una Iglesia inspirada
sólo por el Evangelio y no sometida a ningún
tutelaje del Estado.
Consciente de que las actuales relaciones entre Iglesia/Estado
en España, basadas en los Acuerdos del 1979, han sido
el principal obstáculo a la separación entre
ambos y que actualmente están generando un gran malestar
en amplios sectores sean católicos o no, Redes Cristianas
manifiesta claramente su postura e invita a sumarse a cuantas
instituciones o personas quieran hacerlo.
El desarrollo progresivo de la laicidad debe ser considerado
como un hecho positivo. Es la lenta maduración de la
humanidad hacia una cultura del pluralismo, del respeto a
la diferencia, es avanzar hacia la creación de aquellos
espacios de libertad que hacen posible el diálogo entre
todas las ideologias filosóficas o religiosas, creyentes
o no. Y puesto que el único garante de este espacio
público es el Estado, laicidad significa la autonomia
del Estado respecto de cualquier magisterio religioso o cosmovisión
filosófica que pretenda imponerse como la unica verdadera.
Desde esta postura:
1. Denunciamos los Acuerdos de 1979 del Estado español
con la Santa Sede -en vigor desde hace casi 30 años-
y no proponemos su renovación porque, nacidos en situación
de privilegio confesional católico, están afectando
hoy día a una sociedad religiosamente plural y ampliamente
secularizada y son causa de muchos de los conflictos que afectan
a la convivencia ciudadana. Y, en consecuencia, exigimos que
las entidades dependientes de la Iglesia y demás confesiones
religiosas se acojan al derecho civil que regula la vida asociativa
en el Estado.
2. Apostamos por una laicidad plena que reconozca la autonomía
de lo político y civil respecto a lo religioso y camine
hacia la separación definitiva de la Iglesia y el Estado,
reconociendo la igualdad de derechos y deberes, sin privilegios
ni ventajas eclesiásticas, y garantizando el ejercicio
de las libertades fundamentales para todos y todas. Sólo
la Iglesia será libre cuando esté clara y definitivamente
desligada del Estado y se ponga decididamente al servicio
de los pobres y excluidos de este mundo.
3. Abogamos por un “pacto por la laicidad” entre
confesiones religiosas y el Estado, que dé lugar a
un “estatuto de laicidad” que regule la presencia
y las actuaciones de los poderes políticos en las ceremonias
religiosas y de las jerarquías religiosas en los actos
políticos, suprimiendo los símbolos religiosos
en el espacio público civil.
4. Exigimos que el funcionamiento democrático interno,
la participación de las bases y la transparencia sean
criterios a tener en cuenta por parte del Estado a la hora
de establecer marcos de colaboración con las entidades
sociales. Consecuentemente, denunciamos el clericalismo y
la discriminación por razones de género y orientación
sexual, aún presentes en la Iglesia católica
y otras confesiones.
5. Defendemos una “laicidad escolar” que posibilite
la formación integral de la persona, el aprendizaje,
la socialización y la enculturación sin proselitismos
ni adoctrinamientos, y que responda a principios de igualdad,
libertad y formación crítica para todas las
personas. Reconocemos el pluralismo religioso y cultural existente,
y, en consecuencia, denunciamos la actual presencia de la
religión confesional católica en el sistema
educativo y en la escuela pública y concertada.
6. Apostamos por una sociedad secularizada y pluralista,
organizada democráticamente desde la aconfesionalidad
y sin permitir interferencias confesionales en el espacio
político, ni privilegios que, desde los principios
de justicia y equidad, causan agravios comparativos con el
resto de las instituciones. Desde aquí denunciamos
el actual sistema de financiación de la Iglesia católica
por el Estado español.
7. Abogamos por mantener la autonomía de la ética
en una sociedad laica en todos los ámbitos propios
de una sociedad secular (en el tejido social, político,
productivo, cultural, científico…), sin necesidad
de acudir a motivaciones religiosas para legitimarla. Y, en
consecuencia, denunciamos las presiones de la jerarquía
católica para imponer su moral sobre la ética
pública.
8. Defendemos la presencia de las confesiones religiosas
en los medios de comunicación. Pero denunciamos a la
Conferencia Episcopal Española por el intolerable abuso
del derecho de la Libertad de Expresión que está
haciendo la Cope. Exigimos a la CEE cambio radical en su línea
editorial y al Gobierno mayor firmeza en la garantía
del respeto a los derechos de los ciudadanos.
Urgimos, finalmente, al actual gobierno del Estado como
detentor y representante de la soberanía popular y
a las jerarquías de las confesiones religiosas, especialmente
a la de la Iglesia católica, que asuman responsablemente
el espíritu de la Constitución, la cual, en
el Art.16 párrafo 3, al afirmar que “ninguna
confesión tendrá carácter estatal”,
aboga por el establecimiento de aquél espacio laico
y de la Constitución, la cual, en el Art.16 párrafo
3, al afirmar que “ninguna confesión tendrá
carácter estatal”, aboga por el establecimiento
de aquél espacio laico y de diálogo al que hacemos
referencia.
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